Eileen Higgins rompe el techo político de Miami y devuelve la alcaldía al campo progresista tras décadas de hegemonía conservadora
- En una elección que muchos interpretan como un punto de inflexión local con resonancias nacionales, Eileen Higgins se convirtió en la primera candidata demócrata (y en la primera mujer) en ganar la alcaldía de Miami en casi 30 años. Su triunfo en la segunda vuelta -con cerca del 59% frente al 41% de su rival- cortó una racha de control municipal por parte de líderes conservadores y ha sido leído como un guiño a la capacidad del campo progresista para recuperar terreno en Florida.
- Tras años de polémicas y episodios de mala gestión en la arena local, Higgins ofreció un discurso de “hacer que el Ayuntamiento funcione”: agilizar permisos, mejorar el servicio público y reforzar la transparencia. Esa propuesta pragmática —más que retórica ideológica— atrajo a votantes moderados desencantados.

Durante años, en Miami, las noches electorales terminaban casi siempre igual: victoria conservadora, participación moderada y la sensación de que la ciudad caminaba en piloto automático. Este domingo fue distinto. Eileen Higgins ganó la alcaldía y, con ello, no solo conquistó un cargo institucional, sino que abrió una grieta en una hegemonía política que parecía inamovible.
Higgins se convirtió así en la primera candidatura claramente progresista en ganar la alcaldía en varias décadas, un hecho que muchos daban por improbable en una Florida cada vez más asociada al giro a la derecha. Su victoria no fue fruto de un golpe de efecto, sino de una campaña paciente, de barrio, construida desde abajo y con un mensaje reconocible para una ciudad asfixiada por los precios y cansada de promesas vacías.
Eileen Higgins cheered on after winning Miami Mayor pic.twitter.com/jzdjRxMVxF
— Jenny Jacoby (@JennyJacobynews) December 10, 2025
Una campaña pegada a la vida real. Un Mensaje centrado en la vida cotidiana: asequibilidad y servicios
Lejos de los grandes eslóganes nacionales, Higgins habló de lo que se comenta en las paradas de autobús y en los portales: alquileres imposibles, salarios que no alcanzan y una administración municipal lenta, opaca y desconectada. Su discurso sobre la vivienda asequible -uno de los grandes dramas de Miami- fue constante y concreto, proponiendo incentivos, reformas administrativas y un papel más activo del Ayuntamiento frente a la especulación.
También fue clave su posición clara en materia migratoria. En una ciudad construida por migrantes, Higgins evitó los rodeos: defendió políticas de acogida, rechazó la criminalización de las comunidades inmigrantes y se distanció sin ambigüedades del clima de hostilidad impulsado desde la política estatal y federal. Esa claridad conectó especialmente con votantes latinos y caribeños que no siempre se sienten interpelados por el Partido Demócrata.
La campaña fue, además, intensamente local. Voluntarios tocando puertas, actos bilingües, sindicatos y organizaciones vecinales implicadas. Mientras su rival apostaba por una estrategia más mediática y apoyos de figuras nacionales, Higgins construyó una mayoría silenciosa que esta vez sí fue a votar.
Quién es Eileen Higgins
Detrás del triunfo no hay una figura improvisada. Eileen Higgins llegó a la política tras una larga trayectoria en la gestión pública y el desarrollo de infraestructuras. Ingeniera de formación y con un MBA, trabajó durante años en proyectos internacionales y en el sector público, incluyendo el Peace Corps, donde dirigió programas en Centroamérica. Esa experiencia marcó su perfil: menos proclamas y más obsesión por que las cosas funcionen.
En Miami-Dade se dio a conocer como comisionada del condado, donde impulsó políticas de transporte público, resiliencia climática y vivienda. No construyó su carrera desde la confrontación, sino desde una imagen de gestora rigurosa, algo que terminó resultando decisivo para atraer a votantes moderados desencantados con la política local.
Propuestas
Como alcaldesa, Higgins ha adelantado que su prioridad será “hacer que el Ayuntamiento vuelva a servir a la gente”. Entre sus primeras líneas de acción figuran acelerar los permisos de construcción para vivienda asequible, reforzar el transporte público, invertir en infraestructuras frente al aumento del nivel del mar y limpiar la administración de prácticas opacas que han erosionado la confianza ciudadana.
No promete milagros, pero sí una forma distinta de gobernar: más transparente, más técnica y, sobre todo, más cercana a quienes sostienen la ciudad con su trabajo diario.
Un mensaje que va más allá de Miami
Para la izquierda estadounidense, el resultado tiene un valor simbólico evidente. En un estado que muchos daban por perdido, una candidata progresista gana apostando por políticas sociales, derechos de los migrantes y buena gestión. Sin estridencias, sin miedo a las etiquetas y sin renunciar a los principios, siguiendo la senda de Zohran Mamdani en Nueva York. Otra derrota del trumpismo, quien había llamado de manera infantil -«Él es fantástico»- y desesperada por el voto al republicano Emilio González durante meses.

Miami no se volvió progresista de la noche a la mañana. Pero la victoria de Eileen Higgins demuestra que incluso en los territorios más difíciles, cuando la política vuelve a hablar el lenguaje de la vida cotidiana, el mapa puede cambiar.
La victoria de Higgins no es sólo una anécdota local. Más allá, representa la posibilidad de que candidaturas que combinan justicia social (protección a migrantes, vivienda) con gestión municipal pragmática puedan retomar espacios perdidos en estados donde la derecha creció en los últimos ciclos. Además, enviar a una mujer demócrata a la alcaldía de Miami -ciudad simbólica por su población latina y su papel en la política nacional- tiene efectos de señal para las estrategias nacionales de la izquierda
