Christian Zampini •  UE •  Internacional •  10/04/2020

El MEDE, el Eurogrupo y las claves del programa de créditos europeos para reflotar la economía tras la crisis del Covid-19

El Consejo de Ministros de la Unión Europea acordó en una reunión del Eurogrupo un mecanismo para proporcionar a los países de la eurozona un apoyo crediticio por un total de unos 240.000 millones de euros para que superen los problemas económicos causados ​​por la pandemia del Covid-19. Sin embargo, el mecanismo que articulará las ayudas, el MEDE, es rechazado por el gobierno italiano que lo considera una intromisión ilegítima a su soberanía.

El MEDE, el Eurogrupo y las claves del programa de créditos europeos para reflotar la economía tras la crisis del Covid-19

Todos ceden, nadie gana. Esa sería la síntesis de los acuerdos alcanzados por el Eurogrupo para establecer mecanismos de financiación que impulsen la economía y ayuden a superar la crisis generada por el cese de actividad provocado por la pandemia de coronavirus. Según el acuerdo establecido por los mandatarios europeos en una reunión telemática, los órganos de la UE dispondrán medio billón de euros en diferentes partidas de préstamos para la recuperación económica. La partida más importante, 240.000 millones de euros, menos de la mitad del capital reclamado por Roma, a través del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), el impopular ente creado para administrar los rescates financieros de España, Irlanda, Grecia y Portugal en los años más duros de la gran recesión.

«Acordamos crear apoyo en el contexto de la crisis pandémica por un valor de 2 por ciento del PIB de los países, es decir unos 240.000 millones de euros», afirmaba el presidente electo del grupo, Mário Centeno, tras la reunión. Um acuerdo que no satisface las ambiciones de ninguna de las partes enfrentadas en la negociación.

Italia exigía el desbloqueo de fondos estructurales europeos por valor de medio billón de euros destinados a la reincentivación de la economía y la producción sin el establecimiento de condiciones, los infames recortes que en la etapa 2010-2013 condujeron a una cronificación de los efectos negativos de la quiebra del modelo financiero internacional desde 2008. Sin embargo, la continuada negativa de Alemania y Holanda (el mayor artífice de dumping fiscal de la eurozona), han impedido una aportación extraordinaria mediante crédito a estos fondos, ni ningún otro mecanismo de financiación directo del Banco Central Europeo. Estos dos países, exigían que los créditos únicamente pudiesen ir destinados a gastos en sanidad, en su tónica habitual de boicotear cualquier atisbo de inversión pública. Así mismo, exigían una serie de compromisos de «austeridad», es decir, recorte del sector público, fórmula de demostrado éxito.

Por contra, la línea de créditos se articulará a través del MEDE. Su funcionamiento, en principio, es sencillo. Establece préstamos en unas condiciones de interés supuestamente por debajo de mercado. Supuestamente porque en realidad, en estos momentos, la colocación de bonos de deuda por parte de Italia, Francia o España está muy por debajo del 1%, condiciones que este ente no iguala. Aparte de eso, el Mecanismo establece condiciones draconianas para su concesión, de sobra conocidas por todos los habitantes de los países del sur de Europa que hemos padecido sus efectos.

Según se ha anunciado, en esta ocasión, se supone que la línea de créditos se establecerá sin la condicionalidades exigidas por Alemania y Holanda. Sería lo normal. Lo cierto es que, lejos de la imagen que se tiene de estos dos países como contribuyentes netos, España e Italia suman el 29.8% del capital aportado al mismo, frente al 27% de Alemania y el apenas 5% de Holanda. Los préstamos además, hasta el momento, siempre han sido retornados en su totalidad, no haciendo necesario jamás un desembolso por parte de los demás países europeos, a costa del desmantelamiento sistemático de recursos públicos de los países receptores. 

España celebra la disposición del mecanismo

A pesar de todo, el gobierno se ha mostrado satisfecho por el acuerdo. «Es un día importante para la construcción europea, pero queda mucho por hacer», afirmaba en rueda de prensa la portavoz del Gobierno español, María Jesús Montero tras el anuncio del acuerdo. «La Unión Europea ha dado un paso muy importante en establecer una triple red de seguridad y de protección para ciudadanos y empresas», manifestaba con marcado optimismo.

Sin embargo, Madrid sigue creyendo que es necesario «articular medidas más ambiciosas». En ese sentido, Montero ha insistido en la necesidad de crear «una suerte de Plan Marshall para impulsar la reconstrucción socioeconómica de Europa» y en la búsqueda de mecanismos para «avanzar en sistemas de mutualización de deuda», algo a lo que se opone Alemania. «Cuanto más fuerte sea Europa más fuerte será España», señalaba Montero.

Italia no se muestra satisfecha

Por contra, el gobierno italiano no se ha mostrado, ni mucho menos, tan feliz con el acuerdo. De hecho, algunas voces del ejecutivo descartan por completo que el país acuda a este mecanismo a pesar de la disposición del capital crediticio. El propio presidente del gobierno, Giuseppe Conte, se muestra contrario a su aceptación, aunque el ministro de economía, el demócrata Roberto Gualtieri considera que puede ser un instrumento útil si se combina con la aprobación de eurobonos en el Consejo Europeo.

«Ha sido eliminada toda condicionalidad», ha afirmado Gualtieri. Una lectura que en absoluto comparten otras voces del gobierno, como el jefe ideológico del M5S Vito Crimi: «Rechazamos el MEDE porque no han establecido condiciones, pero se establecerán: el texto acordado ayer dice que no, pero el Tratado (de creación del mecanismo en 2011) dice que sí».  «Clarifiquemos una cosa: el MEDE no ha sido activado, quién lo afirma solo busca perjudicar al país, solo se ha lanzado una propuesta desde Europa», afirma Crimi, rechazando la posibilidad de que Italia acuda a esta herramienta de financiación.

Holanda y Alemania, por su parte, fracasan en su intento de condicionar la liberación de crédito a una serie de condiciones específicas demandadas por ellos. Hacia su terreno, han logrado arrastrar al acuerdo a una contracción significativa del volumen de capital dispuesto. Menor inversión que supondrá una menor recuperación económica, pero en su permanente cortoplacismo, mantienen su empeño por limitar toda línea de crédito en un momento en el que se pone en tela de juicio la pertinencia y la utilidad de una Unión Europea que parece aportar cada vez menos a los unos países miembros en los que crece el desencanto. Lo dicho, todos ceden, nadie gana. Europa pierde.


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