César Pérez Navarro •  Internacional •  07/04/2026

Transcurrido algo más de un mes del ataque a una escuela en Minab, las familias siguen buscando respuestas entre el duelo y la destrucción de nuevas escuelas y universidades

  •  Stefanie Glinski, periodista especializada en Oriente Medio, y Mohammad Mohsenifar, periodista afincado en Teherán, publicaron hace pocos días el reportaje «Los niños perdidos de Minab». En las fotografías de Mohseni se distinguen entre las ruinas de la escuela de primaria un pupitre verde y pared pintada en rosa y verde, o coloridos recortes de papel.
  • Josephine Guilbeau, ex oficial de inteligencia del Ejército de EE. UU. denunció hace días que el asesinato de decenas de niñas en la escuela de Minab fue intencionado. Tras el impacto del primer misil las niñas corrieron a refugiarse a la sala de oraciones, donde les lanzaron dos misiles más.
Transcurrido algo más de un mes del ataque a una escuela en Minab, las familias siguen buscando respuestas entre el duelo y la destrucción de nuevas escuelas y universidades

La periodista Stefanie Glinski y el reportero Mohammad Mohsenifar reconstruyeron el pasado 3 de abril para la revista Foreign Policy el bombardeo con misiles de precisión contra la escuela de Minab. Una atrocidad que marcó el inicio de la agresión contra Irán y que nos advertía de que EE.UU. e Israel no iban a respetar en esta ocasión absolutamente nada. Ni Derechos Humanos, ni reglas internacionales o ni tan siquiera unas mínimas normas de guerra. Todo lo contrario, este brutal crimen de guerra mostraba a la opinión pública global quienes son los terroristas y como nos muestran su rostro sociópata sin complejos. El reportaje “Los niños perdidos de Minab” destapa la magnitud de la tragedia que dejó decenas de menores muertos de entre 7 y 12 años en el sur de Irán, en uno de los episodios más hirientes de esta agresión unilateral y el último de este lamentable imperio depredador.

Ha pasado más de un mes desde que varios misiles impactaron la escuela primaria Shajareh Tayyebeh, en la ciudad portuaria de Minab. El ataque, ocurrido el 28 de febrero, causó al menos 171 muertos, la mayoría niños, y transformó en segundos una jornada escolar en una escena de destrucción masiva.

Según el relato recogido por los periodistas, el caos se desató rápidamente. “Apenas había transcurrido una hora desde que los habitantes de Minab se dieron cuenta de que había comenzado una guerra”, escriben, mientras los profesores llamaban “frenéticamente a los padres” para que recogieran a los cerca de 300 alumnos que se encontraban en el centro.

Entre las historias que simbolizan la tragedia se encuentra la de Raha Zarei, una niña de siete años. Su padre, Reza Zarei, la encontró entre los escombros minutos después del impacto. “El cuerpo de Raha estaba inerte y la mitad de su rostro estaba cubierta de sangre”, describe el reportaje. Dos días más tarde, su familia volvió a verla en una morgue, en medio de una escena que, según los testimonios, estaba marcada por la acumulación de cadáveres y la desesperación de los familiares.

Su tía, Farzaneh Bastami, relató el dolor de ese momento: avanzaba “levantando las mortajas una a una, con la esperanza de ver por última vez a su sobrina”. Finalmente, la encontró entre cuerpos mutilados, en una experiencia que resume la brutalidad del ataque.

Portada del reportaje en la revista Foreign Policy

El reportaje también pone el foco en las posibles responsabilidades. De acuerdo con expertos citados, los misiles utilizados podrían haber sido del tipo Tomahawk, un armamento que solo posee Estados Unidos en este conflicto. El Pentágono ha confirmado que mantiene abierta una investigación, mientras que informaciones recogidas por Reuters apuntan a que “la obsolescencia de los datos de puntería podría haber sido la causa”.

La escuela se encontraba junto a un antiguo complejo del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Sin embargo, autoridades locales aseguran que esas instalaciones llevaban años sin uso militar. Un funcionario del Ministerio de Educación en Minab afirmó que la base “fue cerrada y todo el personal trasladado hace aproximadamente 15 años”, una versión respaldada por residentes y docentes citados en la investigación.

Lejos de remitir, la violencia ha continuado en la zona. El 28 de marzo, nuevos ataques con drones alcanzaron las inmediaciones de la escuela y una clínica cercana. Aunque no hubo víctimas, expertos indicaron que podrían tratarse de modelos “estadounidenses o israelíes no revelados previamente”.

Mientras tanto, el impacto humano sigue siendo visible en cada rincón de Minab. Las familias visitan a diario las tumbas recientes, muchas de ellas de niños. En las casas, los objetos personales se han convertido en símbolos del vacío. La mochila, los cuadernos o los juguetes permanecen intactos, como si el tiempo se hubiera detenido.

Bastami recuerda a su sobrina como una niña llena de vida: “Era muy traviesa, siempre riendo, cantando e inventando pequeños poemas”. También tenía sueños: “No paraba de decirnos que quería estudiar para ser dentista”.

En el plano internacional, este crimen de guerra, uno de varios, sigue generando denuncias que se acumulan con nuevos crímenes, como el bombardeo de infraestructuras críticas -centrales eléctricas, nucleares, reservas de gas…- hospitales, universidades y viviendas en todo el país persa. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, reclamó que “debe hacerse justicia por el terrible daño causado” y pidió acelerar la investigación sobre Minab mientras se presentan nuevas denuncias sobre nuevos crímenes de guerra.

En paralelo, el presidente estadounidense Donald Trump ha elevado el tono de sus declaraciones, advirtiendo de nuevos ataques contra infraestructuras iraníes. “Los vamos a golpear con mucha fuerza”, afirmó recientemente, en otro de sus últimos delirios. «Son muy infelices cuando cesan las bombas. Quieren ser libres» ha replicado recientemente cuando los periodistas le preguntaron sobre por qué dice que «los iraníes quieren que continúen los bombardeos».

Mientras tanto, y mientras los últimos crímenes tapan los anteriores, Glinski y Mohsenifar nos muestran como la ciudad de Minab sigue atrapada entre el duelo y la incertidumbre de una guerra sin horizonte de fin. Un mes después, con familias siguen en shock y en duelo, con el amargo recuerdo de los niños que no regresaron a casa.

Foto: Al Mayadeen

La ex-oficial de inteligencia estadounidense, Josephine Guilbeau, denunció que el asesinato de más de 160 niñas fue intencionado: «Nosotros somos los terroristas»

El ataque con misiles contra una escuela de niñas en Minab, Irán, un ataque que ha horrorizado la conciencia del mundo, fue meticulosamente planeado y ejecutado deliberadamente por Estados Unidos, según reveló un ex oficial de inteligencia militar y antiterrorismo estadounidense.

Josephine Guilbeau, que sirvió en el ejército estadounidense, ofreció a finales de marzo un relato detallado y demoledor de las atrocidades cometidas por la alianza entre Estados Unidos e Israel, afirmando inequívocamente que el ataque que mató a 165 niñas no fue un accidente, sino un bombardeo calculado llevado a cabo con pleno conocimiento de que el objetivo era una escuela.

Los letales misiles Tomahawk fueron lanzados el primer día desde buques de la armada estadounidense posicionados en la zona de conflicto. Equipados con avanzados sistemas de cámaras en directo, estos misiles transmitieron imágenes en tiempo real a los comandantes durante todo su vuelo, lo que significa que el ejército estadounidense vigilaba la escuela mientras se desarrollaba el ataque. Las imágenes satelitales y las cámaras a bordo de los propios misiles mostraron claramente a niños jugando en el colorido patio de la escuela. Guilbeau afirmó que los comandantes estadounidenses ordenaron el ataque incluso después de obtener esta información.

La secuencia de los hechos fue la siguiente: A las 10 de la mañana, Israel lanzó su ataque contra Irán con el apoyo de Estados Unidos. A las 10:20, las autoridades escolares de Minab comenzaron a evacuar a los niños. El primer misil impactó directamente en el edificio de la escuela. Los niños, aterrorizados, huyeron y buscaron refugio en la sala de oración. Acto seguido, se disparó un segundo misil, dirigido deliberadamente contra la sala de oración donde los niños se habían refugiado. En cuestión de segundos, 163 niñas perdieron la vida.

Posteriormente, se lanzó un tercer ataque en el recinto escolar para eliminar a cualquier superviviente. En total, 165 niñas perdieron la vida en lo que solo puede describirse como una masacre sistemática.

Guilbeau condenó las acciones de su país invocando las leyes antiterroristas estadounidenses. «El terrorismo es la violencia contra civiles para lograr objetivos políticos o religiosos mediante el miedo y la coacción», declaró. «Según esa definición, nosotros —Estados Unidos— somos los mayores terroristas del mundo. Somos los villanos de esta historia». Los misiles fueron disparados desde el USS Spruance, y Guilbeau señaló a los comandantes Leigh R. Tate y Jeffrey E. York como directamente implicados en el ataque.

Guilbeau también dirigió un llamamiento directo al comandante del USS Tripoli, Patrick J. Sullivan, instándolo a retirar inmediatamente su buque y a negarse a ser cómplice de lo que ella describió como un crimen de guerra. Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos aún no ha reconocido ninguna responsabilidad por el ataque.


crímenes de guerra /