España, Francia, Alemania, Italia, Polonia y Reino Unido cierran filas con Dinamarca y Groenlandia ante las amenazas de EE.UU.
- La administración neofascista de Donald Trump intenta imponer una doctrina que se extiende más allá de Latinoamérica, abarcando cualquier territorio que no posea un poderío militar considerable. El fin de la legalidad internacional, las leyes de convivencia protegidas tras la Segunda Guerra Mundial por Tratados multipolares y por la ONU, la subordinación de cualquier país a sus intereses económicos -lo que Washington llama ahora su «seguridad nacional«- bajo coacciones por la amenaza de su fuerza militar. Justo lo que acaba de perpetrar en Venezuela con todo descaro y un telón de justificaciones caído y pisoteado por el propio presidente de EE.UU. y los altos cargos de su administración.
- La creciente atención internacional sobre Groenlandia responde a su enorme potencial en recursos estratégicos -tierras raras, hidrocarburos, uranio, minerales críticos- y a su posición geoestratégica clave en el Ártico. En este contexto, una intensificación de la explotación de dichos recursos por parte de Estados Unidos podría acarrear diversas amenazas de alcance local, regional y global.

España y las principales potencias europeas han firmado un comunicado conjunto en defensa de la soberanía de Groenlandia, después de que la administración de Donald Trump volviera a plantear abiertamente la posibilidad de que Estados Unidos tome el control de la isla, incluso por medios militares.
El texto, respaldado por España, Francia, Alemania, Italia, Polonia, Reino Unido y Dinamarca, es una respuesta directa a las declaraciones procedentes de Washington que cuestionan la pertenencia de Groenlandia al Reino de Dinamarca y sugieren que su control es una “necesidad estratégica” para Estados Unidos.
“El Reino de Dinamarca, incluida Groenlandia, forma parte de la OTAN”, subraya el comunicado, que recuerda que la soberanía y la integridad territorial no son negociables, ni siquiera entre aliados.
Trump y EEUU están destruyendo deliberadamente el orden internacional.
— Manel Márquez 🍉 (@manelmarquez) January 6, 2026
Su objetivo es poner los recursos del mundo al servicio de las empresas y del capitalismo de los #EEUU.
Cuando #Trump invada Groenlandia, Europa protestará, pero no podrá hacer nada, EEUU será su propietario. pic.twitter.com/VKj5wKecnT
Un mensaje claro a Washington
El comunicado no deja espacio a interpretaciones. Europa afirma que solo Dinamarca y Groenlandia pueden decidir su futuro, y recalca que la seguridad en el Ártico ya está siendo abordada por los aliados europeos y atlánticos sin necesidad de imposiciones externas.
“Nosotros y muchos otros aliados hemos aumentado nuestra presencia, nuestras actividades y nuestras inversiones para mantener el Ártico seguro y para disuadir a los adversarios”, señala el texto, en una alusión directa a los argumentos utilizados por la Casa Blanca para justificar sus pretensiones.
Aunque el documento insiste en que Estados Unidos sigue siendo un “socio esencial”, el mensaje de fondo es inequívoco: la pertenencia a la OTAN no otorga carta blanca para amenazar la soberanía de otro aliado.
La «seguridad nacional» como excusa para amenazar la soberanía de cualquier país
La tensión se ha disparado tras varias declaraciones recientes del presidente Donald Trump, que ha retomado una idea que ya defendió en 2019: que Estados Unidos “necesita” Groenlandia por «razones de seguridad nacional».
Según ha reiterado en los últimos días, la isla es clave para controlar el Ártico frente a Rusia y China. Trump no ha descartado el uso de “opciones duras” para lograr ese objetivo, lo que ha encendido todas las alarmas en Europa.
Su entorno ha ido aún más lejos. Stephen Miller, uno de sus asesores más cercanos, ha cuestionado abiertamente la legitimidad de la soberanía danesa sobre Groenlandia. “¿Cuál es la base de que Groenlandia sea una colonia danesa?”, llegó a decir, planteando que Estados Unidos debería integrarla en su propio sistema de seguridad.
🚨Groenlandia es la siguiente👇🏻
— Nenedenadie (@nenedenadie) January 6, 2026
⭕️ Stephen Miller, asesor clave de Trump, lo dice sin rodeos y con toda la chulería de quienes se creen dueños del mundo:
➖“Somos la potencia de la OTAN… nadie va a luchar contra EE.UU. por el futuro de Groenlandia”.
▪️Mientras Dinamarca apela… pic.twitter.com/WKBjpazoYb
Dinamarca y Groenlandia responden de manera contundente
La reacción en Copenhague y Nuuk ha sido contundente. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advirtió que cualquier intento de anexión o uso de la fuerza por parte de Estados Unidos contra un aliado supondría un golpe mortal para la OTAN.
Desde Groenlandia, su primer ministro fue aún más explícito: la isla no está en venta y no acepta que su futuro se decida en Washington.
La depredación de los recursos naturales, otra vez
El interés de Trump por Groenlandia no es nuevo. Durante su primer mandato intentó comprar la isla, una propuesta que Dinamarca calificó entonces de absurda. Hoy, ese mismo planteamiento regresa en un contexto mucho más delicado, con el Ártico convertido en un escenario clave de rivalidad geopolítica.
Para los gobiernos europeos, el problema ya no es solo retórico. La posibilidad de que Estados Unidos plantee una acción unilateral contra la soberanía de un país aliado ha pasado de ser una excentricidad a un riesgo político real.
Por eso el comunicado firmado por España y el resto de países no es solo una declaración de apoyo a Dinamarca: es una advertencia directa a Washington. En el Ártico, como en cualquier otra región, las fronteras no se redibujan por la fuerza, ni siquiera entre socios históricos.
Joint Statement on Greenlandhttps://t.co/ORMWHpKEJt pic.twitter.com/wu1SdF1INN
— Statsministeriet (@Statsmin) January 6, 2026
El texto del comunicado completo;
Declaración conjunta sobre Groenlandia
Declaración del presidente Macron de Francia, el canciller Merz de Alemania, el primer ministro Meloni de Italia, el primer ministro Tusk de Polonia, el primer ministro Sánchez de España, el primer ministro Starmer del Reino Unido y el primer ministro Frederiksen de Dinamarca sobre Groenlandia.
La seguridad en el Ártico sigue siendo una prioridad clave para Europa y es crucial para la seguridad internacional y transatlántica.
La OTAN ha dejado claro que la región ártica es una prioridad y los aliados europeos están intensificando sus esfuerzos. Nosotros y muchos otros aliados hemos incrementado nuestra presencia, actividades e inversiones para mantener la seguridad en el Ártico y disuadir a los adversarios. El Reino de Dinamarca, incluida Groenlandia, forma parte de la OTAN.
Por lo tanto, la seguridad en el Ártico debe lograrse colectivamente, en colaboración con los aliados de la OTAN, incluido Estados Unidos, defendiendo los principios de la Carta de las Naciones Unidas, como la soberanía, la integridad territorial y la inviolabilidad de las fronteras. Estos son principios universales y no dejaremos de defenderlos.
Estados Unidos es un socio esencial en este esfuerzo, como aliado de la OTAN y a través del acuerdo de defensa entre el Reino de Dinamarca y los Estados Unidos de 1951.
Groenlandia pertenece a su pueblo. Corresponde a Dinamarca y Groenlandia, y solo a ellos, decidir sobre los asuntos que les conciernen.
La amenaza de un sistema que solo contempla el beneficio económico: El impacto ambiental en un ecosistema extremadamente frágil
El impacto ambiental de una posible explotación intensiva de los recursos naturales en Groenlandia resulta especialmente preocupante debido a la extrema fragilidad de su ecosistema. El Ártico es una de las regiones que más rápidamente se calientan en el planeta, y cualquier intervención industrial se produce en un entorno ya sometido a una fuerte presión por el cambio climático.
Las actividades extractivas, como la minería o la exploración de hidrocarburos, conllevan riesgos elevados de contaminación del agua, del suelo y del aire. En un territorio cubierto en gran parte por hielo y permafrost, los vertidos o residuos tóxicos no se degradan con facilidad, lo que puede provocar daños persistentes durante décadas. Además, el deshielo del permafrost puede liberar sustancias contaminantes atrapadas durante años y agravar aún más el deterioro ambiental.
La alteración de los hábitats naturales amenaza directamente a especies adaptadas a condiciones muy específicas y difíciles de reproducir en otros lugares. Cambios aparentemente localizados pueden tener efectos en cadena sobre la fauna marina y terrestre, afectando a las rutas migratorias, las fuentes de alimento y el equilibrio de todo el ecosistema ártico. En este contexto, la recuperación ambiental es lenta y, en algunos casos, prácticamente imposible.
A ello se suma el hecho de que el aumento de infraestructuras -puertos, carreteras, instalaciones industriales- fragmenta el territorio y acelera la pérdida de paisajes naturales. En una región donde la naturaleza cumple un papel clave en la regulación climática global, el deterioro ambiental de Groenlandia no tendría solo consecuencias locales, sino también impactos a escala planetaria.
