Salvemos Cabana alerta de la vandalización del cierre perimetral de las balsas del Monte Neme y reabre el debate sobre la falta de seguridad en la antigua explotación minera
El colectivo advierte que la rotura del mallado metálico en varios puntos, ante la falta de vigilancia en el complejo, vuelve a poner en evidencia las medidas de protección adoptadas en la zona por la Xunta de Galicia.

La asociación recuerda que a finales de 2019 la Administración gallega encargó a la empresa pública Tragsa trabajos de seguridad en la zona mediante ejecución subsidiaria. Entre esas actuaciones se incluyó la instalación de aproximadamente 1,5 kilómetros de malla metálica para cerrar el perímetro de las balsas mineras, con un coste total de 147.168 euros.
Sin embargo, Salvemos Cabana considera que esa inversión se ha demostrado insuficiente. A su juicio, las vallas “de poco han servido ante la falta de vigilancia del complejo extractivo en la cumbre del monte”, donde -según denuncian- continúan existiendo numerosos puntos de riesgo sin medidas de protección adecuadas.
El grupo alerta además de que el deterioro del vallado y la falta de medidas de protección efectivas en otras zonas de la cumbre del Monte Neme permite acceder a zonas con taludes de gran altura y otras áreas potencialmente peligrosas para visitantes o curiosos que se acerquen a las antiguas instalaciones mineras.
MÚLTIPLES RIESGOS EN EL MONTE NEME
Para el colectivo ambientalista, la situación evidencia un problema más amplio relacionado con el estado de abandono del complejo minero, recordando que la normativa, partiendo de la Ley 3/2008, de ordenación de la minería de Galicia, obliga a la Administración autonómica a mantener un control continuado de este tipo de instalaciones, realizando inspecciones periódicas y verificando punturalmente el estado de las medidas de seguridad.
Desde su punto de vista, el caso del Monte Neme constituye “un desgraciado ejemplo de las consecuencias que puede tener la distancia entre la ley y su aplicación real”, una brecha que, según sostienen, depende en última instancia de «la voluntad política, los recursos disponibles y la rapidez de la actuación administrativa».
UN ENCLAVE MARCADO POR EL IMPACTO MINERO
El Monte Neme, de 387 metros de altura y situado entre las localidades coruñesas de Carballo y Malpica de Bergantiños, fue explotado desde principios del siglo XX para la obtención de wolframio y estaño y en su última época como cantera de cuarzo y áridos. La intensa actividad extractiva y la falta de restauración dejó en la zona numerosos huecos mineros, balsas de residuos y un paisaje profundamente alterado que, a día de hoy, sigue generando numerosos problemas ambientales y de seguridad años después del abandono del complejo.
Para la Asociación Salvemos Cabana, la rotura del cierre perimetral es un nuevo episodio dentro de una larga lista de incidentes que, a su juicio, reflejan la falta de restauración efectiva del antiguo sitio minero.
Desde la entidad se apunta que «sobre el papel, el marco jurídico de la minería en Galicia incorpora instrumentos adecuados para garantizar la seguridad de las explotaciones y de los espacios mineros abandonados». Sin embargo, en el caso del Monte Neme «se demuestra que la existencia de normas no basta por sí sola para evitar riesgos porque cuando las inspecciones no se traducen en actuaciones efectivas, cuando los planes de restauración se retrasan durante años o cuando la Administración interviene únicamente después de los accidentes, todo el sistema de garantías pierde su eficacia preventiva».
