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San Blas-Canillejas o la odisea de un distrito cada domingo de fútbol

Desde septiembre de 2017 el estadio Wanda Metropolitano (nombre comercial del estadio de La Peineta tras su reforma) acoge los partidos del Atlético de Madrid. Los días de partido, el distrito de San Blas se enfrenta sin las infraestructuras y recursos necesarios a la llegada de decenas de miles de personas que acuden al estadio ocasionando un auténtico colapso. Agrupados en torno a la Coordinadora de Entidades Ciudadanas de San Blas-Canillejas los vecinos del distrito han iniciado esta semana protestas contra la situación.

La vecindad del distrito de San Blas-Canillejas protestando por la situación el pasado lunes 7 de mayo / FRAVM

El próximo domingo 20 de mayo, el Atlético de Madrid jugará la última jornada de liga contra el Eibar como local en el estadio Wanda Metropolitano. Cerrará de esta forma su primera temporada desde su traslado a la instalación deportiva ubicada en el distrito de San Blas-Canillejas. Los vecinos del distrito respirarán, por el momento, aliviados.

El primer año del laureado equipo de la capital en su nuevo estadio ha arrojado un balance a todas luces traumático en su nuevo distrito. Cada día de partido, los vecinos de San Blas-Canillejas contemplan el colapso total de la zona debido a la ausencia de infraestructuras adecuadas para absorber a los 68.000 espectadores que llegan para acudir al estadio. El colapso del tráfico ante unos accesos insuficientes desde la arterial M-40, la insuficiencia de plazas de aparcamiento, sumados a la escasísima dotación de transportes públicos para ofrecer una alternativa a la llegada en vehículos privados, junto a los problemas aparejados a aglomeración de personas inherente a esta clase de espectáculos deportivos, asolan la zona con cada encuentro.

La situación ha llevado a los vecinos del distrito a movilizarse. El pasado lunes, miles de personas salieron a las calles para revindicar soluciones por parte de la administración ante los problemas ocasionados. Unos problemas, se insiste desde las entidades que conforman la Coordinadora, que vienen advirtiéndose desde hace más de una década.

Ya en el año 2006, el club Atlético de Madrid, en aquella época propiedad de la familia Gil, anunció su interés en trasladar su sede deportiva al estadio conocido entonces como La Peineta. El proyecto aportaba al club colchonero la posibilidad de contar con un estadio de nueva generación, con mayor aforo e instalaciones más modernas, al tiempo que liberaba la zona del antiguo estadio Vicente Calderón, objetivo de una jugosa gran operación inmobiliaria en el denominado conjunto Mahou-Calderón.

Sin embargo, problemas financieros, dudas técnicas sobre la viabilidad y la complejidad inherente de un proyecto de semejante envergadura, causaron que el proyecto de traslado se dilatase durante más de diez años. Un cambio de propietarios del club mediante, finalmente el pasado año se anunció que por fin el Atlético de Madrid jugaría la presente temporada en su nuevo emplazamiento.

Diez años de advertencias

Desde el mismo momento en que se planteó, las asociaciones vecinales del distrito advirtieron de la necesidad de contar con importantes recursos e infraestructuras para que el nuevo uso del estadio no supusiese graves problemas. Ya en el año 2007, la Asociación Vecinal de Las Rosas advertía que “los accesos de Las Rosas a la M-40 apenas absorben el tráfico actual, por eso, es de suponer que la afluencia de miles de personas al estadio producirá graves colapsos circulatorios”. En aquel momento se propusieron medidas para reducir el impacto de la afluencia de personas, con la reforma de los accesos por carretera, así como la mejora de los transportes públicos, incluida la creación de una línea de Cercanías desde Chamartín hasta San Fernando con parada en las inmediaciones del estadio.

Una década después y a pesar de las promesas constantes de las administraciones de intervenciones para establecer dotaciones adecuadas, todos los problemas previstos se han cumplido. “Recordemos que hoy por hoy la única medida de calado que se ha llevado a cabo es la ampliación de un carril en la avenida de Arcentales”, indican desde la Coordinadora de entidades vecinales. “El acceso de entrada a San Blas desde la M-40 no está terminado y el resto de actuaciones ni siquiera han comenzado”, añaden.

Alex de Marcos, secretario del núcleo Camilo Cienfuegos del PCE, una de las entidades que sostiene las movilizaciones vecinales, coincide en apuntar la falta de accesos desde la M-40 como el principal desagravio para los vecinos. “Es la principal preocupación para el distrito”, apunta. Desde

Una afluencia de vehículos inasumible

A los colapsos de tráfico que se producen en cada partido, se une posteriormente la saturación de vehículos en un distrito que no cuenta ni de lejos con los aparcamientos necesarios. Desde la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid apuntan desde antes del traslado a este problema. Según los datos del propio Ayuntamiento de Madrid, un partido mueve, de media, entre 10.000 y 15.000 coches, entre 3.000 y 4.000 motos y unos 200 autobuses. “Teniendo en cuenta que La Peineta cuenta con 4.800 plazas de aparcamiento y que los barrios aledaños de Las Rosas, Las Musas, San Blas y Canillejas suman, como mucho, 3.000 plazas, hoy faltarían entre 2.000 y 7.000 para absorber el tráfico previsto”, apuntan.

La forma de gestión de las propias plazas de aparcamiento del estadio por parte del Club, también han contribuido a agravar el problema. “El último verano, el Club nos comunicó a los abonados que para poder aparcar en el parking del estadio, en cualquiera de sus tres zonas, deberían abonar por vehículo 300 euros por temporada”, explican desde el núcleo Camilo Cienfuegos. Según exponen, estos precios desorbitados provocan que muchos de los aficionados que acuden al estadio dejen sus vehículos fuera del recinto.

Todos estos factores unidos han causado que los vecinos teman la llegada de cada partido de fútbol del Atlético de Madrid como local. “En pocos meses han visto cómo sus barrios han dado un giro de 360 grados con escasos beneficios y enorme perjuicios para su vida cotidiana y para la tranquilidad de las zonas residenciales que habitan”, denuncian desde el núcleo Camilo Cienfuegos.

Con el final de la temporada futbolística, los vecinos de San Blas-Canillejas disfrutarán de unas semanas de tregua. Un tiempo que en opinión de las entidades de la Coordinadora debería servir para que se tomen medidas necesarias a fin de que el próximo año no se repita la odisea constante de los habitantes del distrito. Queda por ver si desde el club y las administraciones públicas responsables, el área de Urbanismo Sostenible del Ayuntamiento de Madrid, el consorcio de Transportes públicos de la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Fomento, asumirán su responsabilidad para solucionar la situación. De lo contrario, con la llegada en agosto de una nueva temporada liguera, llegará también una nueva temporada de problemas para San Blas-Canillejas.