La Tienda Republicana

"La tauromaquia produce sufrimiento a un animal con el único objetivo del entretenimiento"

10/05/2017

Javier Sádaba, Filósofo Español, Catedrático de Ética y Filosofía de la Religión en la Universidad Autónoma de Madrid, afirmó: La base de la ética es evitar el sufrimiento siempre que sea posible.  La tauromaquia produce sufrimiento a un animal con el único objetivo del entretenimiento. En este sentido, ese sufrimiento debería ser evitado.”

En España durante el año 2016 murieron, aproximadamente, 20.000 bovinos de lidia, después de haber sido obligados a participar en espectáculos en plaza o en festejos populares. Estos animales perdieron la vida tras ser sometidos a un intenso sufrimiento físico y emocional en aras de la diversión.

Como prueban recientes encuestas, la gran mayoría de ciudadanos, que apuestan firmemente por el progreso moral,  que ya reconocen a los demás animales como "seres vivos dotados de sensibilidad” y que cada vez están más posicionados a favor del respeto de sus derechos, no entiende que en pleno siglo XXI unas costumbres como éstas tengan que formar parte de nuestra cultura actual.

Informes como la Declaración de Cambridge del 2012, realizada por prestigiosos científicos y apoyada por Stephen Hawking, demuestran que los animales poseen consciencia y sienten de manera muy similar a la nuestra. El desarrollo de los conocimientos científicos, así como la evolución de las mentalidades, hacen que sea necesaria la puesta en marcha de medidas urgentes para suprimir tales espectáculos anacrónicos y crueles, que no tienen cabida alguna en una sociedad avanzada.

Es en este contexto en el que se ha creado la plataforma Tauromaquia es Violencia, integrada por 17 colectivos organizadores y más de ciento veinte asociaciones adheridas con un objetivo común: la abolición de los espectáculos crueles con animales. Nuestra primera acción es la convocatoria de una gran protesta que tendrá lugar en Madrid el próximo sábado 13 de mayo a las 16h. La manifestación partirá de la calle Bailén 8 y recorrerá la calle Mayor para finalizar en la Puerta del Sol.

Queremos que éste sea un evento histórico, que muestre la unión de todos los que luchamos contra el maltrato animal legalizado y que ponga en evidencia una realidad que ya es más que obvia: que la cuestión de la tauromaquia, una práctica que nos avergüenza dentro y fuera de nuestras fronteras, es un tema candente que no se puede seguir obviando en la agenda política.

Sufrimiento del toro
Antes de entrar en cualquier otra consideración, queremos hacer hincapié en la cuestión central del problema que nos ocupa: el sufrimiento de toro, auténtico protagonista y víctima de la tauromaquia. No estaríamos aquí dándoles voz si no fueran víctimas. Víctimas de una práctica que excede los límites del maltrato y que merece ser nombrada por su auténtico nombre: tortura. El diccionario de la Real Academia Española define la tortura como “Grave dolor físico o psicológico infligido a alguien, con métodos y utensilios diversos, con el fin de obtener de él una confesión, o como medio de castigo”.

Los tres requisitos de la definición se cumplen en la tauromaquia. El dolor que se le produce al toro lo explicará a continuación el veterinario JE Zaldívar, así como los métodos y utensilios diversos que se emplean para castigar al animal.

Aunque parezca increíble, hay quien todavía cuestiona este hecho. Pero hay evidencias científicas, es decir, argumentos objetivos, contrastados e incuestionables, que demuestran que los bovinos de lidia sufren intensamente a nivel físico y emocional en cualquier espectáculo taurino.

Sufrimiento durante el transporte

El sufrimiento  de estos animales comienza mucho antes de llegar al festejo, desde el  momento en que este animal, que es gregario, es separado de su grupo familiar con el que se siente seguro, es sacado de la ganadería donde vive y es introducido en el transporte, que le produce un enorme estrés, perdiendo hasta un 4% de su peso. Los toros son trasladados desde la ganadería al festejo en cajones individuales, a oscuras, en los que no se pueden ni dar la vuelta ni mover y en los que no se les ofrece agua ni alimento, contraviniendo las directrices de la normativa europea (Reglamento (CE) nº 1/2005 del Consejo).

Sufrimiento durante la lidia

El toro saldrá al ruedo, hambriento y sediento, desde la soledad y oscuridad del chiquero en el que estuvo aislado durante varias horas. La divisa, colocada antes pisar la arena, le provocará un intenso dolor y una herida de hasta 12 cm de profundidad en su cuello. Los puyazos del picador abrirán en su cuerpo trayectos de hasta 30 cm, seccionando piel, músculos, tendones, ligamentos, vasos sanguíneos y nervios, y producirán profusas hemorragias. Las banderillas agravarán la sensación de dolor en las zonas previamente lesionadas y la pérdida de sangre. Todo ello, además de los constantes pases de muleta delante de su cara y del extenuante ejercicio al que será sometido, llevarán al animal al agotamiento físico y mental, a sentirse cansado, angustiado y aturdido; será ese el momento en el que una espada de acero, el estoque, penetre en su cavidad torácica seccionando sus bronquios y pulmones, encharcándola de sangre, y provocándole una lenta y agónica asfixia. Luego, si todavía es capaz de mantenerse en pie, será descabellado seccionando su médula espinal, dejándolo tetrapléjico, y por último será rematado con la puntilla, un cuchillo de 10 cm de hoja que destrozará su tronco encefálico y le provocará una muerte angustiosa por parada cardiorrespiratoria. Cabe señalar que la puntilla, por cierto, está prohibida desde hace 4 décadas en los mataderos europeos, al considerarse un método cruel de dar muerte a un animal.

Sufrimiento en festejos no cruentos
Pero incluso los espectáculos en los que no hay presencia de sangre ni heridas visibles, como los encierros, las capeas, o festejos populares como los toros embolados o ensogados, conllevan estrés y sufrimiento físico para estos bóvidos. Todos los festejos taurinos son crueles aunque no sean cruentos y por eso queremos la abolición de todos ellos, sin excepciones.
 
¿Por qué ahora?
Que la tauromaquia forma parte de la tradición española es un hecho innegable. También era costumbre en otros países que la fueron prohibiendo a medida que fueron evolucionando, en gran parte gracias a la Ilustración, pensamiento que en España fue mermado por la llegada al trono de un rey déspota y absolutista, Fernando VII, por cierto, gran amante de las corridas de toros y creador de la primera escuela de tauromaquia que hubo en España. En nuestro país, por desgracia, ha sucedido con frecuencia que los avances llegan con cierto retraso respecto a nuestros vecinos europeos, algo que podría justificarse en el pasado debido a nuestra situación geográfica, pero que ya no tiene sentido en un mundo globalizado en el que los transportes y las redes sociales permiten la circulación instantánea de la información.

A quienes niegan la conveniencia de marcar límites a la violencia, priorizando sus gustos personales por encima del respeto a un ser vivo, conviene recordarles que una sociedad es tanto más civilizada cuanto más regulada está. Las leyes que protegen a los animales y a otros colectivos vulnerables son conquistas de la civilización. Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz y superviviente del Holocausto afirmó: la neutralidad favorece al opresor, nunca a la víctima. Una sociedad menos violenta nos obliga a establecer una serie de medidas restrictivas de la libertad absoluta con el fin de proteger a las víctimas potenciales y nadie en su sano juicio se posicionará en contra de prohibir el homicidio, el asesinato, el maltrato infantil, los delitos de odio, la violencia de género, las agresiones sexuales,etc. Esa es, básicamente, la diferencia entre libertad y libertinaje.

Economía y empleo
Hoy en día la tauromaquia es un negocio ruinoso, como afirmó la propia asociación de empresarios taurinos, ANOET, y se mantiene únicamente gracias a las cuantiosas subvenciones de dinero público que recibe, de la Unión Europea (ayudas a la ganadería), del propio Estado, de las Comunidades Autónomas, de las diputaciones y de los ayuntamientos. Estas ayudas suponen millones de euros al año. El mundo del toro llegó a decir que representaba el 2,5% del PIB, para luego reducirlo al 1,5% del PIB y sostener en la actualidad que solo supone el 0,16% del mismo, dato que es totalmente falso.
 
Algunos datos:

  • En 2015, el 75,4% de las plazas de toros existentes en España de ellas no se utilizaron para el fin principal para el que fueron construidas.
  • En el mismo año sólo el 8,9% de los jefes de cuadrilla, toreros, novilleros, y rejoneadores trabajaron en algún festejo en plaza.
  • De las 1.341 ganaderías de lidia (datos del Ministerio de Cultura, porque el de agricultura apunta que hay 997), el 77,1% no vendió ningún animal para festejos en plaza en España en 2015.
 
La tauromaquia tiene cada vez menos respaldo popular
Sabemos que cada día es mayor el número de ciudadanos que cuestionan la existencia de la tauromaquia.
  • En el periodo 2007-2015  los festejos en plaza han disminuido en un 52,2% y hasta las grandes ferias cierran sus balances con importantes pérdidas económicas. Algunos ejemplos: la Feria de Sevilla del año pasado consiguió solo 4 llenos de 16 corridas. La plaza de toros de Bilbao tuvo pérdidas económicas de  88.767 euros.
  • El apoyo entre los ciudadanos ha descendido en los últimos 3 años de un 30 a un 19%. Según datos oficiales del Ministerio de Cultura, en 2015 tan solo el 6,9% de la población asistió a una corrida de toros.
  • El 84% de los jóvenes de 16 a 24 años de edad rechazan los toros, asegurando estar "poco" o "nada" orgullosos de vivir en un país donde la tauromaquia es una tradición cultural. Este dato está directamente relacionado con el incremento que de actividades enfocadas a niños y adolescentes que se están programando desde el sector taurino, para intentar asegurarse el relevo generacional.
  • Además, los festejos taurinos manchan la imagen exterior de España. Según el estudio realizado por Cambridge University Press en 2017, un 74% de los europeos tiene una imagen muy negativa o bastante negativa de los festejos que se celebran en España y en los que se utilizan animales.
 
En resumen, tenemos la certeza de que la mayoría social rechaza la tauromaquia. Nuestras leyes, que la permiten y la subvencionan, no están a la altura de nuestra sociedad.

La relación entre violencia hacia los animales y violencia hacia las personas

Además han sido numerosas las ocasiones en las que activistas que han realizado siempre acciones absolutamente pacíficas han sido víctimas de agresiones por parte de aficionados y profesionales taurinos. Por ejemplo, en Tordesillas 2012, una mujer recibió una pedrada en la cara con fractura de maxilar que tuvo que ser reconstruido. En Algemesí, un activista recibió hasta 17 puñetazos. Activistas de Anima Naturalis en Terres del'Ebre fueron agredidas por aficionados por hacer fotografías. Un activista de Gladiadores recibió varios golpes perdiendo un diente y numerosas contusiones.  Estos son solos algunos de los ejemplos que demuestran que, aunque no todas las personas que maltratan a los animales son violentas hacia los seres humanos, la conexión entre el maltrato de animales y la violencia interpersonal no puede ser ignorada. El maltrato a los animales es una preocupación social seria con implicaciones para el bienestar humano. No en vano, desde el año pasado, el FBI clasifica en su base de datos delictiva el maltrato hacia los animales como un delito contra la sociedad.
Creemos firmemente que el bienestar humano y animal están vinculados íntimamente y que la  prevención de la violencia interpersonal y comunitaria puede conseguirse mediante cambios de paradigma a nivel político y social que incluyan una perspectiva multiespecie.

Conclusión
La tauromaquia es una actividad cruel, obsoleta, poco rentable y rechazada por la mayoría de los españoles. A pesar de ello, por el interés de unos pocos, se sigue manteniendo con dinero público y se intenta proteger con medidas como la bajada del IVA o con programas y actividades dirigidas a menores, haciendo caso omiso de la ONU, cuyo comité de derechos del niño ha instado ya hasta en cinco ocasiones a alejar a los menores de la violencia de la tauromaquia, por el impacto psicológico que ésta puede tener sobre ellos.
Desde el movimiento por la abolición de la tauromaquia analizaremos todos los caminos y todas las alternativas que se puedan plantear para conseguir nuestro fin último: la eliminación del maltrato animal legalizado, que es excepción a todas las leyes de protección animal; es decir, la eliminación de todos y cada uno de los espectáculos taurinos, comenzando por:

- Eliminación de cualquier espectáculo taurino de los listados de patrimonio cultural y bien de interés cultural de nuestro país.
- Eliminación de toda ayuda con fondos públicos a espectáculos taurinos, tanto a nivel europeo, como estatal, Comunidades Autónomas, diputaciones o municipios.

- No aprobación de la bajada del IVA a espectáculos taurinos. Esto contrasta de manera flagrante con el IVA que actualmente grava los servicios  veterinarios: curar animales cotiza al 21%, maltratarlos al 10%.
- Prohibición de participación en espectáculos o escuelas taurinas a niños, niñas y adolescentes menores de 18 años, siguiendo la directriz del Comité de los Derechos del Niño de la ONU, máxima autoridad mundial en derechos de la infancia

 Sólo así conseguiremos construir una sociedad digna de ser llamada civilizada y en la que prácticas que ahora están normalizadas, promocionadas y subvencionadas, como la tauromaquia, quedarán relegadas a la más profunda vergüenza por haberlas permitido durante tantos años, por haber priorizado la diversión de unos por encima del dolor terrible, la humillación y el desprecio más absoluto hacia el sufrimiento de un ser vivo inocente. Porque de algo no hay duda: la Tauromaquia ES VIOLENCIA y no sólo PODEMOS PARARLA. LA PARAREMOS.

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