César Pérez Navarro •  Actualidad •  19/02/2026

“Disputar el presente para ganar el futuro”: Rufián y Delgado esbozan algunas propuestas interesantes, como que en cada provincia se presente solo «el partido de izquierdas más fuerte»

  • El acto, un paso para abrir camino en entendimiento de la izquierda, celebrado ayer en la sala Galileo Galilei bajo el lema “Disputar el presente para ganar el futuro”, reunió a representantes de diversas formaciones progresistas y simpatizantes, y sirvió como punto de partida de una iniciativa que combina apelaciones a la unidad con medidas organizativas concretas.
“Disputar el presente para ganar el futuro”: Rufián y Delgado esbozan algunas propuestas interesantes, como que en cada provincia se presente solo «el partido de izquierdas más fuerte»

El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, y el dirigente de Más Madrid Emilio Delgado escenificaron este martes en Madrid un llamamiento explícito a la reorganización electoral de la izquierda con una sugerencia como punto de partida: que en cada provincia concurra únicamente la fuerza progresista con más opciones de obtener escaño, “ganar escaños provincia a provincia”. El objetivo sería evitar la fragmentación y maximizar el rendimiento electoral frente a la derecha y la extrema derecha para adaptar las fuerzas al sistema electoral vigente, muy desproporcionado por cómo funcionan las circunscripciones electorales y Ley D´Hondt.

La desproporcionalidad del sistema electoral se ve incluso más acentuada por el reparto por circunscripciones provinciales. Madrid -por ejemplo- elige más de 35 diputados; Barcelona más de 30; y provincias pequeñas como Soria eligen solo 2, pero están muy sobre-representadas, ya que uno de esos dos escaños necesita menos votos totales. En Barcelona se necesitaron aproximadamente 81 mil votos para cada escaño en las pasadas elecciones generales de julio de 2023 mientras que en Soria hicieron falta menos de un tercio, cerca de 25 mil. Eso significa que los escaños de las provincias más pequeñas suelen repartirse entre los dos partidos más votados, quedándose el resto en 0. La diferencia -pues- es clave, porque cuanto menos escaños reparte una provincia, más difícil es que entren partidos pequeños.

La idea central fue expuesta por Rufián con un planteamiento directo: “¿Qué sentido tiene que 14 izquierdas, representando lo mismo, nos presentemos en el mismo sitio?”. El dirigente republicano insistió en que la estrategia debe basarse en la eficacia territorial: “Yo le quiero ganar provincia a provincia a Vox”. Y resumió el espíritu del encuentro con una advertencia que fue uno de los momentos más aplaudidos del acto: “O nos juntamos todos y todas o nos vamos al suelo.”

La propuesta más concreta y llamativa: una sola candidatura fuerte por provincia

Más allá de las declaraciones simbólicas, Rufián detalló una propuesta organizativa precisa. La idea consiste en analizar cada circunscripción y acordar qué partido progresista tiene más posibilidades de lograr representación, de modo que el resto renuncie a presentarse allí y concentre su apoyo en esa candidatura. Eso, por descontado, incrementaría la fuerza y representación de ERC en Catalunya, donde compite con bastante igualdad en varias provincias pero tiende a superar a Comuns.

Según explicó, el objetivo es “orden, eficiencia y método, provincia por provincia”, con una lógica de cooperación que no implique la desaparición de las distintas formaciones. “Yo no le pido a nadie que renuncie a sus siglas”, aseguró.

El modelo implicaría que partidos con mayor implantación territorial lideren las listas en sus respectivas zonas, mientras que otros contribuyan apoyando la candidatura más competitiva. “Hay gente más arraigada al territorio que otra y podemos ayudar pidiendo el voto”, afirmó.

Programa común mínimo y coordinación parlamentaria

El planteamiento no se limita a una estrategia electoral, sino que también incluye una base política compartida. Rufián propuso acordar un programa común mínimo, con “tres o cuatro puntos programáticos en común”, centrados en prioridades sociales y democráticas. Algo que ya se ha hecho antes con buenos resultados. En Unidas Podemos encontramos el ejemplo más reciente.

Entre los ejes planteados por Rufián destacan:

  • Defensa de políticas sociales, especialmente en vivienda y condiciones de vida.
  • Coordinación frente al avance de la extrema derecha.
  • Reconocimiento de la pluralidad territorial.
  • Impulso de medidas progresistas comunes.

Además, planteó la creación de mecanismos de coordinación institucional: “Crear un grupo interparlamentario coordinado común en el Congreso» con el objetivo, según explicó, de traducir la cooperación electoral en una acción política conjunta.

“Cada uno en su casa”: unidad sin desaparición de partidos

Uno de los elementos centrales del discurso de Rufián fue insistir en que la unidad no implica la desaparición de las distintas fuerzas políticas, sino una coordinación estratégica basada en el pragmatismo electoral. “Cada uno en su casa”, resumió, defendiendo una fórmula que combine identidad propia y cooperación. En su intervención, insistió en que el debate no es ideológico, sino estratégico: “La discusión real es el cómo… cómo le ganamos provincia a provincia escaños a Vox.”

Emilio Delgado llama a construir un “bloque histórico”

Emilio Delgado, dirigente de Más Madrid y co-impulsor del acto, reforzó el mensaje de unidad y defendió la necesidad de construir una alternativa amplia capaz de disputar el poder político. El dirigente madrileño insistió en la necesidad de pasar de la fragmentación a la cooperación estratégica y planteó la construcción de un espacio político común que permita consolidar una mayoría progresista duradera.

Delgado también insistió en que el proceso no puede limitarse a acuerdos entre cúpulas políticas. En su intervención reclamó que los partidos implicaran a sus bases: “Abrirse al diálogo con la militancia” para construir ese espacio común. Una idea muy repetida en anteriores confluencias, pero no siempre respetada, es decir, un modelo de unidad desde abajo, no solo desde los aparatos de partido.

También advirtió, refiriéndose a PP y Vox, que «van disparados», y que nos han robado «banderas» como las de la libertad o la seguridad, que hay que «retomar». Defiendió entrar a debatir sobre asuntos como estos sin pudor.

El acto contó con la presencia de representantes o miembros de varias formaciones ideológicamente ubicadas a la izquierda del PSOE, entre ellas Izquierda Unida, Catalunya en Comú, Compromís, Chunta Aragonesista, Movimiento Sumar, Más Madrid y ERC.

Sin embargo, el respaldo institucional fue limitado y desigual. No acudieron algunos de los principales referentes del espacio progresista, como la vicepresidenta segunda Yolanda Díaz, ni hubo una implicación formal de todas las direcciones de los partidos potencialmente afectados.

Tampoco ERC ha adoptado oficialmente la propuesta como línea estratégica del partido, pese al protagonismo de su portavoz en el Congreso.

Pablo fernández (Podemos) cuestiona el “para qué” de la unidad

La ausencia de Podemos en el evento no sorprendió a nadie. Desde esta formación restaron importancia al encuentro calificándolo como «una charla». El coportavoz y secretario de Organización del partido, Pablo Fernández insistió en que “la unidad se tiene que articular en torno a un proyecto político” y no a «gestos simbólicos» o «en torno a una foto». Así, desde Podemos se consideró que el acto tenía más valor simbólico que contenido político real, algo que -por otra parte- no negaron ni los participantes.

Así, y desde la ruptura con Yolanda Díaz, Podemos insiste en preservar su autonomía política y reinvindicarse como la formación que ha impulsado iniciativas con más calado cuando ha gobernado en coalición bajo la marca Unidas Podemos junto al PSOE o incluso ahora en la oposición.

Oskar Matute (EH Bildu) respalda el debate estratégico, pero advierte: la unidad no puede imponerse ni diluir proyectos nacionales

El diputado de EH Bildu Oskar Matute valoró positivamente esta mañana en el programa La Cafetera que se abra un debate sobre cómo reorganizar el espacio político a la izquierda del PSOE, aunque subrayó que ese proceso no puede construirse ignorando la diversidad política y territorial existente.

El diputado vasco defendió que es legítimo plantear fórmulas de cooperación electoral si el objetivo es evitar que la fragmentación beneficie a la derecha, pero insistió en que esa discusión debe hacerse “desde el respeto mutuo” y no desde la lógica de la absorción o la uniformización.

En este sentido, señaló que proyectos como EH Bildu no pueden disolverse en una fórmula estatal, porque responden a una realidad política específica. Esta idea coincide con la posición pública de su formación, que ha dejado claro que es “un proyecto por y para nuestro país: Euskal Herria y su gente”, incluso manteniendo una buena relación política y personal con Rufián.

Matute insistió en que el problema no es únicamente técnico o electoral, sino político y estratégico. Según explicó, el debate relevante no es solo cómo presentarse a las elecciones, sino qué proyecto se ofrece a la ciudadanía.

Defendió que la unidad no puede ser un objetivo en sí mismo, sino una consecuencia de compartir objetivos políticos y sociales claros. En su intervención, subrayó que la izquierda debe preguntarse qué quiere transformar y qué alternativa ofrece, antes de decidir qué fórmula organizativa adoptar.

Esta reflexión conecta con el propio diagnóstico que subyace a la propuesta de Rufián, basada en la idea de evitar que varias candidaturas progresistas compitan entre sí en la misma circunscripción y pierdan escaños como consecuencia de la división del voto, o esos escaños potenciales acaben en PP y Vox.

Cooperación sin renunciar a identidad

Entrevistado por Fernando Berlín, Matute explicó cómo su formación es un ejemplo de construcción de espacios políticos amplios sin perder coherencia ni identidad política. Efectivamente, EH Bildu ha logrado integrar sensibilidades diversas en torno a un proyecto común, pero siempre desde la base territorial y el respeto a las distintas realidades nacionales.

Esta experiencia puede servir como referencia, pero no como modelo que deba copiarse mecánicamente en todo el Estado, ya que cada territorio tiene dinámicas políticas propias.

Por último, el diputado avisó de la necesidad de evitar que el debate sobre la unidad se convierta en una discusión superficial o centrada en nombres, siglas o liderazgos.

Todo camino empieza por un primer paso

El encuentro entre Rufián y Delgado marca el inicio de una iniciativa política que aspira a reorganizar el espacio progresista alternativo mediante acuerdos territoriales, coordinación parlamentaria y un programa común mínimo pero, como también era de esperar, deja muchas incógnitas.

Quizás uno de los aspectos más destacados no sea el contenido o las propuestas, meros esbozos que ya adelantaron los ponentes, sino el enorme interés generado. Las entradas se vendieron en unos cuatro minutos…

La viabilidad de una unidad que plante cara a algo que aún es evitable, un gobierno PP-Vox en la próxima legislatura, dependerá de la disposición real de las formaciones a renunciar a parte de sus objetivos o presupuestos máximos y a competir en determinados territorios en favor de otras candidaturas con más posibilidades.

Metáforas sobre la fragmentación

La pretensión de presentar candidaturas por separado o concurrir a unas elecciones generales con un sistema electoral que se sabe muy desproporcional es una invitación a abrazar el apoyo popular para luego competir descalzo en la carrera… O quizás lanzarse al precipicio de un acantilado y estrellarse contra las rocas sabiendo -eso sí- que aterrizaste impoluto, destrozado, pero completo en tus convicciones… Es ¿Traicionar a la clase trabajadora?

La gente que vive en la pobreza en España no entiende de escenarios a medio o largo plazo

Insistir en una estrategia de unidad a medio o largo plazo para construir un proyecto político sólido incluso más allá de las citas electorales o de la representación en las instituciones siempre será lo más aplaudido, pero en el contexto actual nos enfrentamos a escenarios futuros imprevisibles y catastróficos, donde no debemos incluso descartar la ilegalización de partidos. No es miedo, es -parafraseando a Rufián- evitar ser «fusilados políticamente».


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