Convocan concentración el 19 de febrero en Murcia: «Salma, no estás sola»
- Concentración.
- Jueves, día 19 de febrero, a las 18h.
- Plaza Cardenal Belluga, Murcia.

Comunicado: «SALMA, NO ESTÁS SOLA»
Hace unos días amanecimos con una noticia que más parecía sacada de una película gore que de la realidad: aparecía Salma, una mujer marroquí a la que se dio por desaparecida hace dos años.
Su desaparición no tuvo ningún impacto en los medios: no ocupó titulares, tertulias, programas de televisión ni hubo ningún despliegue policial que investigara nada. Semejante desidia no se entiende en un país que, durante décadas, ha desplegado medios y morbo en otros casos como el de las adolescentes de Alcasser, Diana Quer, Marta del Castillo, Manuela Chavero o Sonia Iglesias, por citar algunas.
Vamos a decir alto y claro que las denuncias, desapariciones o los asesinatos de las mujeres blancas reciben más atención (mediática, médica y policial) que esa misma violencia desplegada contra mujeres migrantes o racializadas en españa (***utilizamos la minúscula con la intención política de contrarrestar los relatos de superioridad y supremacismo que se extienden desde europa y occidente en detrimento de otros territorios, pueblos y culturas del Sur Global).
En un rápido barrido por las estadísticas, observamos que entre 2003 y 2021 los feminicidios de mujeres migrantes representaron el 34% del total de los casos registrados, lo que equivale a entre 10 y 11 feminicidios por cada millón de mujeres migrantes residentes en España, frente a los feminicidios de mujeres españolas entre 1,7 y 2 por cada millón de mujeres españolas. En 1999, la tasa de víctimas extranjeras por millón era del 18,94% frente al 2,13% en el caso de las mujeres españolas.
Curiosamente, y a pesar de estas cifras, la activación de medidas de protección policial es 6 puntos porcentuales menor en las mujeres migrantes que en las españolas, ¿por qué? En diciembre de 2022, el Ministerio del Interior tenía registrados 69.469 casos activos de violencia de género en seguimiento en VioGén, de los cuales el 69% correspondían a mujeres nacidas en españa y el 31% a nacidas en el extranjero.
¿Qué conclusiones sacamos de todo esto? El racismo, los prejuicios culturales y la xenofobia juegan un papel clave en las instituciones a la hora de evaluar la situación y proteger a las mujeres migrantes y racializadas. Los protocolos no se activan igual cuando es una mujer blanca la que se lee en peligro.
En una ocasión, Salma fue al hospital acompañada, por cierto, por María, una vecina de San José de la Vega, que contaba con la confianza de Alberto, su secuestrador, torturador y violador. ¿Qué pasó en el hospital que no se activó ningún protocolo para saber el origen del grave estado físico de Salma? ¿Quiénes fueron los médicos y las médicas, los enfermeros y las enfermeras, que la atendieron y no hicieron nada? ¿Por qué no levantó ningún tipo de sospecha ni empatía la situación en la que se encontraba Salma?
Nos apena y nos enfurece profundamente que esta convocatoria no haya reunido más personas, especialmente a más feministas. Que esta haya sido, de hecho, la única convocatoria a nivel estatal y que las feministas blancas no estén en la calle como sí estuvieron con el caso de la Manada, que, aunque pasara en Pamplona, movilizó a miles de mujeres aquí en Murcia.
Nada suscita más indignación morada que una mujer blanca violada.
Nos preguntamos, retóricamente, qué hubiera pasado si en lugar de Alberto, el secuestrador se hubiera llamado Mohammed. Cómo hubiera aprovechado la ultraderecha el relato para incidir sobre la criminalización y peligrosidad de los migrantes, máxime cuando lo que se ataca es la seguridad y la dignidad sexual de las mujeres blancas. Qué rápido se dice la nacionalidad del agresor cuando es migrante. Ahora el agresor es marca españa, es nacional, es blanco y tiene papeles; y la víctima es marroquí. Se hace el silencio mediático; se mira para otro lado desde el feminismo blanco.
Son muchos, y demasiado frecuentes, los casos de violencia racista en nuestra región. En Torre Pacheco se vivió el más sonado a nivel nacional, pero las identificaciones arbitrarias a nuestros vecinos magrebíes por parte de la policía en el barrio de San Andrés son diarias y el proyecto de limpieza étnica sigue su curso de la mano de los fondos buitre y la especulación inmobiliaria. Tampoco será casualidad que alberguemos uno de los siete CIEs (cárceles para migrantes) que hay actualmente en el estado español.
Luchar contra el racismo es también denunciar y visibilizar esto.
Nosotras venimos a decir hoy que Salma no está sola.
¡SALMA, HERMANA, AQUÍ ESTÁ TU MANADA!!»
Movimiento Feminista de Murcia.
