Guionista, narrador, ensayista, polemista... su obra es el reflejo de una visión crítica y mordaz sobre el “imperio estadounidense”


El fallecimiento de Gore Vidal este pasado 31 de julio en California, a causa de una neumonía a los 86 años, supone la desaparición de un prolífico, y en momentos determinados excelente, escritor, pero sobre todo de uno de los más destacados miembros de esa “estirpe”, no demasiado habitual, de intelectuales norteamericanos dedicados a sonrojar al “imperio” y mostrar sus defectos.
Eugene Luther Vidal (West Point, 1925) siempre convivió con la dualidad de dedicarse tanto a la literatura como a la política, llegando a mezclar ambas en buena parte de su carrera. Un hecho que sin duda viene marcada por la relación con su abuelo, con el que convivría tras la separación de sus padres, el senador demócrata Thomas Gore.
Con poco más de 20 años editaría su primera obra, “Williwaw”, en la que refleja sus propias vivencias como militar. Sería con “La ciudad y el pilar”, una historia sobre la homosexual de claros tintes autobiográficos, cuando llegaría el éxito y la polémica. Su forma satírica y mordaz de acometer los diferentes temas, casi siempre con un espíritu crítico, fue uno de sus rasgos distintivos. Ahí destacan libros como "Myron", "Myra Breckinridge", "Duluth", "En directo del Gólgota" o "La institución smithsoniana". En su faceta “histórica” destacan “Creación” o “Juliano el Apóstata”.
Su faceta política le llevó a ser candidato del Partido Demócrata en los años 60, época en la que trabajó con el propio John F. Kennedy. Años más tarde, tras varios proyectos minoritarios fallidos, volvió a presentarse al Senado por California con los demócratas.
Este doble interés le llevó a manejarse en el mundo del ensayo, escribiendo una peculiar revisión de la historia estadounidense con libros como "Washington D.C.", " Burr", " Lincoln" , "Imperio" o "Inventando una nación". Una dedicación que radicalizó con la llegada del gobierno Bush y al que dedicó enfurecidas embestidas como "Soñando la guerra" o "Patria e Imperio".
El escritor norteamericano tuvo su hueco en Hollywood, allí hizo las labores de guionista en busca de una alta compensacióne conómica. Entre sus trabajos más llamativos resaltan su colaboración en “Ben Hur”, “Calígula” o “De repente el último verano”.
Gore Vidal fue un personaje contradictorio, ególatra por momentos pero un gran escritor que, desde diferentes disciplinas, nunca renunció a poner en tela de juicio la manera “USA” de entender el mundo.

Descanse en paz.
Para quien no lo conozca, le recomendamos Juliano el Apóstata y Creación (novelas históricas que huyen del maniqueísmo occidental y que rehabilitan a los "paganos"). Dos muy buenas lecturas de verano.
Reiteramos nuestras condolencias. Vivió mucho y pegó a la élite política norteamericana donde más le dolía, conociéndola muy bien.
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