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Pensamiento en marcha

Crítica sobre el libro Salir de la exposición (si es que alguna vez habíamos entrado en ella) (Consonni, 2012) del comisario independiente y crítico de arte catalán Martí Manen

Cultura | J.S. Monfort - TerceraInformación | 05-06-2012 | facebook yahoo twitter Versión para imprimir de este documento

El crítico de arte y comisario independiente Martí Manen (Barcelona, 1976) recoge en Salir de la exposición (si es que alguna vez habíamos entrado) (Consonni, 2012) una serie de textos, algunos previamente publicados y otros inéditos –sin explicitarse en cada caso-, que reflexionan entorno a la idea clásica de la exposición, el “dispositivo de presentación más destacado en el campo del arte”. A este respecto, las formulaciones y pensamientos de todo el volumen están atravesadas por la dicotomía quietud/movimiento y que Manen explicita de la siguiente manera: “La inestabilidad, lo líquido, lo indefinible marcan las vías de funcionamiento, mientras que la exposición y la institución parten de la estabilidad, la voluntad de definición y el deseo de comunicación”.

El libro, que se plantea como un continuum (sin apartes entre capítulos, ni páginas en blanco, ni apéndices, ni bibliografía ni notas a pie de página, ni tampoco fotografías), evidencia en su forma misma esta voluntad de Manen de pensar a la carrera, de que la duda y la incertidumbre no sirvan para la parálisis o que el lamento no quede en solaz de plañidera, sino que sirva para la quiebra, que desestabilice y abra nuevas vías para entender la comunicación, producción y exhibición del arte contemporáneo; que inspire –transpirando-, en suma.

Los textos están encapsulados en 33 capítulos (que son más bien micro-ensayos) y que Manen define como “apuntes, miradas, reflexiones y diálogos que aparecen gracias a las exposiciones”. Tales capítulos vendrían funcionando al modo rizomático, relacionándose horizontalmente, con visiones periféricas y matizaciones sobre un mismo asunto, que se va ampliando, cuestionando y criticando, pero sin acritud ni perfidia, como ya dijimos, sino que el libro vendría a querer evidenciar esa necesidad contemporánea de actuar en directo.

Así, Salir de la exposición se constituiría como un largo diálogo/conversación que Manen mantiene consigo mismo, pero sabiendo que tiene un interlocutor –algo silencioso, de momento- atento al lado, y así le deja a este la libertad de tener la última palabra. Por ello no encontrará aquí el lector tanto un pensamiento teórico fundamentado en un análisis sistemático de la situación del arte contemporáneo, como la praxis real de quien vive adentro de este mundo y, en tanto que las cosas suceden en sus inmediaciones, se aleja unos pasos y se pregunta ¿seguro que es así como tendría que ser esto o acaso podríamos hacerlo de otro modo?

Desde el punto de vista del estilo, hay una clara vocación literaria, o más bien diríamos narrativa (de una narrativa oral, quede claro), en todos los textos de Manen (para así ser capaz de situarse afuera del lugar codificado del arte, se entiende) y que queda especialmente patente en varios interludios que propone el texto, experiencias personales como son la preparación de la exposición Raw Ideas y que sirve para plantear las relaciones entre archivo, arte y realidad, el histérico texto autobiográfico Viajes, momentos fuera que da cuenta de la imposibilidad de dejar de lado la mirada curatorial en cualquier contexto  y la crónica Un paseo con David Bestué y Marc Vives, una pura delicia lírica que sirve de (re)cuento de una visita al cementerio del bosque de las afueras de Estocolmo. La impronta literaria y ensayística de Manen (más que de crítico académico u ortodoxo), además, quedaría patente en su idea central sobre el hecho expositivo, y que dice así: “el lenguaje de la exposición es un lenguaje secreto”. Del mismo modo,  su querencia por que la exposición se abra al error, a la experimentación, que se convierta en el lugar no de presentación, sino en el que las cosas acontezcan delata su afán por que los lugares de presentación del arte no se definan por las limitaciones temporales sino por constituir(se) en tiempo activo: “una prueba constante, una voluntad crítica y al mismo tiempo constructiva”.

Fiel a ese ir deambulando en la imperante velocidad del mundo contemporáneo, los textos de Manen se mueven en un zigzagueo constante, vadeando la encrucijada en la que, nos dice Manen, se encuentra el arte hoy: si dejarse llevar por la velocidad o constituirse en un entorno de pausa, y su corolario más importante, “¿es posible pensar de forma constructiva en un contexto de velocidad?”, se pregunta Manen. Salir de la exposición responde a esa pregunta (re)pensando el impositivo tiempo presente de la exposición, sus ansias de poder hegemónico, su (pre)codificación, autocensura y confronta así la megalómana voracidad con la que la institución pretende funcionar, tanto como testaferro de la historia como en término urbanísticos, sugiriendo Manen que, contrariamente, podría convertirse en “ese lugar de encuentro social perdido […] ese lugar de definición ciudadana”.  Pero también se sumerge Manen en los contenidos propios de la exposición, en el vídeo, especialmente, que “marca su propio tiempo, marca los argumentos y las tensiones emocionales”.  Y es que uno de los retos todavía no resueltos, nos dice, es aquel que tiene que ver con cómo presentar la imagen en movimiento en una exposición, pues ello ha implicado un cambio de paradigma, debido a la imposibilidad física de poder verlo todo, a la saturación de la información y el problema del cambio en la comunicación y el consumo de contenidos.

Igualmente Manen reflexiona sobre las actividades paralelas que tiene una exposición y que, de algún modo, hacen que se expanda superando las fronteras clásicas, como puede ser la radio museística o las exposiciones ampliadas en la red. Pero también se ocupa de la performance y las acciones o la dicotomía arte-información o acaso la proliferación del artista amateur. Manen apuesta por el trinomio investigación / conocimiento / educación frente al gran evento que busca los buenos números y, con ello, invita a repensar la idea de los infiltrados, “aquellos que desmontan desde dentro”, esos que “trabajan a escondidas, cubriéndose con la máscara de lo reconocible”, porque, como el mismo Manen declara, en fin de cuentas, para las instituciones “es mucho más fácil justificar un formato como la exposición clásica” cuando es evidente, dice también, que tal exposición clásica ya no parece ser un formato “auténticamente apto para la presentación, o la generación, de la creación artística contemporánea”.

El volumen se cierra con una serie de entrevistas a diferentes agentes del sector (artistas, comisarios, directores de museo, galeristas, activistas) y que funciona(ría) como un intento coral por recuperar la oralidad, en una suerte de salón de visitas, por así decir, y que vendría a dar la voz a los otros (algunos de los que han estado escuchando) y que continuarían el intento de transmisión de ese estado mental, convincente y contagioso que Manen nos ha venido sugiriendo durante todo el volumen. Así, tenemos declaraciones de Nina Möntmann, María Ruido, Solène Guillier y Nathalie Boutin (de la gb agency), Vicente Todolí, María Lind, Rirkrit Tiravanija, Keren Cytter, Jorge Satorre y Kajsa Dahlberg que contribuyen a esa idea del pintor Joan-Pere Viladecans de que el hombre moderno, subyugado por la falta de tiempo físico, contribuye a la creación de un tiempo moral, breves pausas en la carrera del mundo que le sirven para “apuntalar un criterio, para ver, leer, escuchar” y que batallan con la sobreexcitación y la urgencia, “generando propuestas, ideas, renovándose”; en definitiva, “transmitiendo ilusión”, demostrando que “el arte no es otra cosa que animar, es decir, dar vida” [1].

Martí Manen, Salir de la exposición (si es que alguna vez habíamos entrado). Ed. Consonni. Bilbao. 2012. 200 págs.

[1] Joan-Pere Viladecans.” ¿El fin de la cultura?”, suplemento Cultura/s del periódico La Vanguardia. Miércoles, 30-Mayo-2012. nº 519, (pág. 22)

http://lasoledaddeldeseo.wordpress.com

1 Mensaje
  • 19 de noviembre de 2012 12:51, Patxo Cruceta

    Os invito a ver mi obra. Saludos.

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David, que no se puede.

De qué manera vas a actuar en la calle?. Mira la ley de seguridad ciudadana. Ya nos vamos a ir olvidando de las manifestaciones con esa ley.

Como bien dices... lo tienen muy bien montado (bien montado a su favor).

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Recordemos que, según lo estableció recientemente el gobierno sionista de Israel. "los palestinos tendrán prohibido subirse a autobuses israelíes en Cisjordania".
Cito: "La ONG israelí Betselem asegura que esta decisión «complace veladamente la demanda de segregación racial» en el transporte público". Es un clásico conflicto entre sionistas fundamentalistas vs sionistas liberales

Como los sionistas en cada oportunidad que se quedan sin argumentos para sostener su ideología recurren a Dios o a las sagradas escrituras, ignorando que no son argumentos, sólo son “actos de fe”; voy a rescatar Voces de auténticos Judíos críticos (laicos o religiosos).

Cito: “EL sionismo fue y es un movimiento colonialista e Israel es un Estado colonialista y, mientras se mantenga así, incluso una retirada de parte de Cisjordania y la Franja de Gaza, seguida por la creación de un bantustán allí, no pondría fin a la expropiación y la limpieza étnica que se inició en 1948. Los bantustanes no fueron capaces de poner fin al apartheid en Sudáfrica”. (Ilan PAPPÉ, historiador israelí, profesor de Historia en la Universidad de Exeter Reino Unido. En “La Declaración de Stuttgart representa un cambio de paradigma”, 12 de enero 2011).

Y, especialmente, en un fragmento de “Reflexiones de un judío que se odia a si mismo” – por Saúl Landau (periodista y documentalista) oct. 2010 -, donde expresa:
“MÁS de seis décadas después, la idea de que los palestinos también merecen su propia nación con fronteras reconocidas por la ONU ha provocado una reacción de pánico del gobierno israelí y de sus patrocinadores en todo el mundo –incluyendo al presidente de Estados Unidos que se opuso a la idea en la ONU el año pasado.¿Por qué el pánico? Vean los mapas del territorio palestino tal como fue trazado por la ONU en 1948 y compárenlo con lo que queda actualmente de la tierra. Los mapas muestran que Israel se ha robado la mayor parte –para construir asentamientos solo para judíos. Los judíos como mis amigos y yo en todo el mundo, no queremos emigrar a la Tierra Prometida (Sión ahora es igual a gran parte del territorio palestino). No queremos vivir entre colonos israelíes, muchos de ellos farisaicos y muy superiores (¿escogidos por Dios?) y ajenos o incluso orgullosos de lo que han hecho a los palestinos. Décadas de limpieza étnica promovida por Israel –expulsando a los palestinos de sus hogares, aldeas y tierras- abrieron el camino a las grandes urbanizaciones solo para judíos en tierras palestinas. Los que denuncian esos robos ilegales de tierra son tildados de antisemitas. Israel, en otros tiempos una tierra de kibbutzes igualitarios, se ha convertido en una nación agresiva y derechista dirigida por la ortodoxia religiosa y deseosa de más territorios. Vean el mapa.”

- En pocas palabras:

En el siglo pasado asustaban a los niños occidentales con el anatema: “¡China se avecina...!”. Hoy, para los adultos, los anatemas son: “¡los musulmanes nos invaden !” o "¡explosión del antisemitismo !".
Siempre asustan con el “¿lobo está?”. Y es el miedo a lo distinto el que los consume.
Si en Oriente Próximo no borran lo hecho por los sionistas desde mayo de 1948, no tienen futuro de paz.

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