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La condena de la memoria en ’El hombre no mediático que leía a Peter Handke’

Leer a Edgar Borges, a partir de este maravilloso testimonio sobre las nuevas formas de la censura en el siglo XXI, es asumir una obra novedosa, impactante y profunda que apuesta a la imaginación y nos conmueve con el diario de un pensamiento sobre la esencia misma de la condición humana.

Artículos de Opinión | Fernando Báez* | 08-04-2012 | facebook yahoo twitter Versión para imprimir de este documento

Recordar es también una forma cautiva de saber lo que debe ser olvidado. Cada sociedad construye, desde el trauma o el entusiasmo, una imagen parcial de su pasado y bloquea de modo voluntario o involuntario sus recuerdos.

A lo largo de la historia se conocen numerosas estrategias para manipular, recrear o modificar la memoria colectiva e implantar una nueva: entre las más utilizadas está la “damnatio memoriae” o “condena de la memoria”, un término de origen latino definido ante todo como una sanción ejercida contra el recuerdo de un individuo o acción social. Es una suerte de olvido decretado y una reprimenda implementada para proteger el dominio político o cultural. De alguna manera, su efecto más inmediato consiste en neutralizar la vitalidad de un nombre o acontecimiento mediante la supresión oral o escrita de toda referencia que pueda despertar interés.

Las sanciones contra la memoria son antiguas. En Éxodo (17,15) Yavé le comenta a Moisés: «Escribe esto en un libro para que sirva de recuerdo, y haz saber a Josué que yo borraré por completo la memoria de Amalec de debajo de los cielos”. Es el olvido como castigo.

En Egipto, el reformador Akhnaton, como buen monoteísta, quiso crear una religión dedicada a Atón y para consolidarla ordenó que se destruyeran todos los textos que aludieran a los otros dioses. Y el resto es conocido: en venganza, sus sucesores borraron incluso su rostro de las piedras, su nombre, y restituyeron de memoria el contenido de muchos de los papiros antiguos. A Demetrio de Falero le erigieron 300 estatuas en Atenas. El año 307 a.C. su gobierno finalizó y las estatuas fueron derribadas, se convirtieron en urinarios y su nombre fue borrado de todos los registros: mientras estaba en el exilio fundó la Biblioteca de Alejandría. En Roma se institucionalizó la damnatio memoriae o abolitio memoria (“condena de la memoria” y “abolición de la memoria”) de todos aquellos considerados infames, y entre otras cosas, se borraba el nombre del afectado por la medida de todas las inscripciones, libros y monumentos para que fuera olvidado por las nuevas generaciones. El poeta Cornelio Galo, creador de la elegía amorosa romana y Praefectus Aegypti, cayó en desgracia y, perseguido, se suicidó el 26 a.C. De inmediato, su memoria fue proscrita: tanto fue el odio que apenas quedan algunos versos de su obra.

El paradigma romano del linchamiento de la personalidad ha sido una constante durante siglos. La Revolución Francesa, por ejemplo, fue pródiga en eliminar los nombres de los autores que habían sido clásicos en el Antiguo Régimen; Lenin emitió un decreto el 14 de agosto de 1918 para pedir que se desmantelaran los monumentos zaristas; Josef Stalin y sus comisarios culturales ordenaron borrar todo recuerdo de Trotsky o Isaac Bábel de la antigua Unión Soviética; Pol Pot dirigió en la década de los setenta en el siglo XX una campaña para eliminar en Camboya toda prueba del pasado y vetó a decenas de escritores cuyos nombres no podían citarse que terminaron en el exilio. En la República Checa un grupo de funcionarios prohibió que se nombrara a Bohumil Hrabal (1914-1997) y periodistas que lo leían en secreto dejaron de reseñar sus libros por el contagio epidémico que suele tener la cobardía.

Hoy sigue vigente esta terrible práctica: el silencio mediático manejado por grupos corporativos o estados es el equivalente a la damnatio memoriae. La aniquilación de un intelectual se cumple casi siempre en melancólicas fases que se alternan: restricción, exclusión, censura e intimidación. En el proceso de degradación social de la obra de un intelectual, funcionan además otros lamentables factores. Lo primero, el desprestigio como método de descalificación pública (basado en el rumor pagado, una nota sin firma, la descontextualización de sus obras); lo segundo, su condena moral legitimada por seccionales inquisitivas asalariadas que deciden lo que es correcto o incorrecto aprovechando el poder voraz y corrupto de sus tribunas o instituciones dentro del marco de un sistema de complicidades pasivas.

Si uno quiere conocer un caso reciente, debe buscar “El hombre no mediático que leía a Peter Handke” (Ediciones En Huida, 2012), sin duda un brillante y oportuno libro de Edgar Borges sobre Peter Handke, un escritor sobre quien pesa un pacto de silencio entre periodistas e intelectuales para marginar con hipocresía su obra debido a la manipulación de sus opiniones políticas sobre el tema de Serbia. No se discute si estaba equivocado o no, pero quienes antes comentaban con frecuencia sus grandes novelas ahora hacen todo lo posible para ignorarlo por motivos no literarios. Quienes repudian a Handke, irónicamente, no tienen ningún problema en avalar la masacre de la OTAN en Libia en 2011 como una intervención humanitaria.

La idea de revisar los hechos que se ha propuesto Edgar Borges (nacido en Caracas en 1966) es excelente y está sustentada por una trayectoria impecable: narrador genial, cronista con humor y dramaturgo escéptico, forma parte de esa nueva generación en las letras hispanoamericanas con una obra sólida y fresca, traducida a otras lenguas, que replantea las condiciones de la ficción en un mundo de profundo malestar ante la quiebra de los más importantes paradigmas conocidos. Ha escrito, entre otros, obras como "Sonido Urbano, calle, salsa y cuentos" (1992), "Sueños desencantados" (1994), "Mis días debajo de tu falda" (1996); "La monstrua, la mujer que jamás invitaron a bailar" (1999), "Aquiles, el último fugitivo de la globalización" (2001) y "Lavoe contra Lavoe, la tragedia del cantante"(2006).

Edgar Borges tuvo un fuerte impacto en España desde el momento en que Radio Exterior adquirió los derechos para transmitir una pieza basada en su texto La fuga de Don Quijote, memorable, justo en el IV Centenario de la obra inmortal de Miguel de Cervantes. Desde entonces su éxito se ha mantenido sobre volúmenes extraordinarios como “¿Quién mató a mi madre?” (2009) y en “¿Quién mató al doble de Edgar Allan Poe?”, que especialmente me interesa. En 2010 obtuvo nada menos que el I Premio Internacional de Novela "Albert Camus" por “La contemplación” y en 2011 destacó “Crónicas de bar”, que ratificó su compromiso con una escritura desmitificadora, popular y accesible.

Leer a Edgar Borges, a partir de “El hombre no mediático que leía a Peter Handke”, este maravilloso testimonio sobre las nuevas formas de la censura en el siglo XXI, es asumir una obra novedosa, impactante y profunda que apuesta a la imaginación y nos conmueve con el diario de un pensamiento sobre la esencia misma de la condición humana. Como advirtió Charles Bradlaugh: “Sin libertad de discurso, no hay una búsqueda de la verdad que sea posible, ni habrá verdad o descubrimiento útil, mejor es el abuso de la palabra que la negación del discurso libre, esto lo digo porque el abuso de la lengua muere en un día, pero la censura de la palabra mata la vida de las personas y entierra la esperanza de la raza humana”.

*Doctor en Bibliotecología. Autor del libro “Historia universal de la destrucción de libros”. Asesor de la Unesco.

1 Mensaje
  • 14 de abril de 2012 19:43, victor liberato, rep dom

    ya vemos que siempre estara la polilla de la censura entre nosotros. tambien que siempre esten sus defensores. amen

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En eso estamos, a mi me han estafado en todos los sentidos que tu nombras pero es que hacerte una detrás de otra y en el caso que estamos, esto delante de tu cara con todo lo que llevamos pasando, te puede hervir la sangre hasta niveles extremos.

Si es verdad que la justicia no es gratuita, pero sin tan hartos estamos de la situación es para que se hiciera algo más aparte de estar por diversas redes sociales o foros como este, exponiendo la situación en vez de actuar de verdad en la calle y en los organismos públicos.

Lo tienen muy bien montando es cierto, pero no menos es que nosotros se los estamos permitiendo absolutamente todo, nos dan miajas y según a quienes nos las den, nos vamos conformando y eso no puede ser.

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os dejo la Intervención del diputado de UPyD sobre este tema, para que podais rectificar, por favor, si estais preocupados por este tema, no lo utiliceis políticamente.
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