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El significado de la primera revolución democrática árabe del Siglo XXI

Artículos de Opinión | Pedro Fuentes | 17-01-2011 | facebook yahoo twitter

El 2011 comenzó con una buena noticia: la derribada del dictador Ben Alí en Túnez (ver en recuadro la cronología de este proceso y la reproducción de los artículos de el diario español “El País” en www.internacionalpsol.wordpr...) La corrupción y el totalitarismo del régimen y el paro fueron los motores de la protesta social y del primer triunfo de una revolución laica e democrática en un país árabe en el siglo XXI. No por casualidad los medios de difusión europeos ya alertan sobre las repercusiones que la misma tendrá. Porque en efecto, están colocadas las condiciones para que la misma no signifique solamente el derrocamiento del régimen autocrático en ese país sino que también abra un proceso nuevo en el norte de África. La revolución en Túnez no solo está terminando con la dictadura en ese país sino que cuestiona a todas esos regímenes. En efecto, pone en cuestión a todos los gobiernos dictatoriales árabes que dominan la región - Mohamed VI en Marruecos, Muharab en Egipto, Hussein en Jordania…-. Estos gobiernos que han sido hasta ahora pilares fundamentales de los operativos de los gobiernos de los Estados Unidos y Europa para mantener el dominio en el norte de África y el Gran Medio Oriente; sin duda la región más inestable y donde más está comprometido el orden mundial imperialista surgido en la posguerra. Esos regímenes, asentados en la represión, no solo han sido los grandes productores del “oro negro” exportado para el “primer mundo”, sino que han cumplido el invalorable papel -desde los acuerdos de Camp Davis de 1978- para frenar la causa palestina e impedir que triunfe su heroica resistencia; también su política colaboracionista fue clave en la invasión de los EEUU a Irak. Por eso han contado con el apoyo de los EEUU y los países europeos que han visto en ellos la forma de asegurar la estabilidad en la región, asegurar sus inversiones y el dominio económico de los mismos y combatir los movimientos islámicos.

Los países del norte de África y el Medio Oriente fueron escenario de grandes procesos de liberación nacional que con los años se fueron degenerando. En los 50 en Egipto el nasserismo derribó la autocracia del rey Faisal y nacionalizó el Canal de Suez; en 1963 en Argelia fue derrotada la ocupación francesa se conquistó la independencia del país. En ese país no quedó burguesía y se abrieron las puertas para que la revolución encabezada por el Frente de Liberación Nacional de Ben Bella siguiera los pasos de Cuba en la ruptura con el imperialismo. Luego de grandes conflictos internos en el FLN el proceso hacia el socialismo logró ser detenido y terminó surgiendo una burguesía nativa. En Libia la marea del nacionalismo llevó en los 70 al poder a Kadafi. En todos los países los procesos encabezados por el pan nacionalismo laico terminaron acomodándose a la política del imperialismo para la región al mismo tiempo que se convertían en régimen autocráticos que utilizaban represión para frenar las oposiciones a ellos. En este contexto, la resistencia encabezada por Organización para la Liberación de Palestina –OLP- quedó aislada y terminó aceptando los acuerdos de Cam Davis.

El vacío dejado por el pan arabismo pasó a ser ocupado por los movimientos islámicos que tuvieron y tienen alas no sectarias que son antiimperialistas consecuentes y progresivas como es el caso de Hezbolah en el Líbano o Hamas en Palestina y otras más sectarias y fundamentalistas que por eso mismo no han cumplido ese papel.

La revolución tunecina puede abrir una nueva etapa; ella se asienta en un movimiento laico y amplio -en el cual la juventud a jugado un papel fundamental- que nace de las reivindicaciones democráticas contra la represión, la corrupción y de la situación económica de crisis que domina la región que ha provocado altos índices de desempleo. No por casulidad el detonante ocurrió el 17 de diciembre cuando Mohamed Bouazizi, un desempleado universitario de 26 años, se prendió fuego como acto de protesta ante la crisis. La corrupción del régimen autocrático y el desempleo creciente fueron los motores de la protesta social encabezada por la juventud.

Es muy difícil creer que esta gran revuelta que costó la vida de decenas de jóvenes que dieron su sangre en ella, y en la que está participando un amplio sector del pueblo, de intelectuales, de movimientos democráticos, se contente solo con la salida de Ben Ali. Seguramente se inició un proceso nuevo ya que los trabajadores y el pueblo tunecino sacado el chaleco de fuerza que los contenía van a ir por democracia, trabajo, salarios y a enfrentar la dependencia del FMI y los capitales extranjeros. El régimen tunecino era el favorito del Fondo Monetario Internacional y de los gobiernos europeos. La familia de la esposa del presidente acumulaba una gran parte del poder económico del país así que su caída pone en cuestión esa modelo de la estructura de la economía del país. Como lo explicaba el cronista de El Pais (www.internacionalpsol.wordpr...) “Cuando compras un ordenador, un teléfono móvil, un coche o la pasta de dientes, se lo estás comprando a la familia”,.

Ben Alí cayó por el resultado de esa movilización y también porque el ejército no entró abiertamente a reprimir. Los más lúcidos medios de comunicación europeos están pasando un recado tanto para sus gobiernos como para el ejército tunecino. Que este último entienda y garantice, como hizo el portugués con la Revolución de los claveles,una transición pacífica hacia un régimen democrático. Y aconsejando también la necesidad de preparar un proceso de democratización en la región, ya que ha quedado claro que la seguridad en el Magreb no la garantizan los “déspotas”,; que es mejor abrir un proceso hacia la democracia antes que nuevas revoluciones democráticas irrumpan.

Lo que suceda en el futuro dependerá principalmente de lo que el pueblo quiera; como en toda revolución este ha tenido la primera palabra y tendrá la última. La juventud de Tunez ha empujado día tras día hasta lograr que Ben Alí caiga. La juventud que ganó las calles, que desafió la represión y el pueblo tunecino que la apoyó han ganado un primer round. Han pagado un elevado precio de sangre y difícilmente quieran entregarlo si sus reivindicaciones no comienzan a ser resueltas. Los jóvenes de las ciudades y los demócratas y reformistas han comprobado hoy que se puede ganar a una autocracia, aunque esté apoyada por Europa y los EEUU.

Si como creemos este proceso se profundiza, la revuelta tunecina podrá tener una profunda repercusión en todo el norte de África y el Medio Oriente: las dictaduras de Argelia y Egipto en primer lugar pero también en Marruecos, Jordania, Libia, Arabia Saudita pueden ser los próximos pasos.

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fua Cyberganso, bueno q decir con tu apodo como podes comparar alimentos transgenicos con una esperanza de frenar miles de muertes ? q importa de donde venga siempre y cuando cumpla el fin alentador q posee. ADR pone en google y te salta lo que son las natural killer el objetivo es activar el sistema inmune. vamo arriba

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