Opinión

Papi ¿por qué me odias?

Las crecientes revelaciones de casos de violación de bebés obligan a reaccionar.

Algo muy malo sucede con la especie humana cuando padres, hermanos, maestros, líderes espirituales o simples vecinos son capaces de violar. Pero algo mucho más perverso se revela ante las agresiones sexuales perpetradas contra seres tan indefensos como bebés, niñas y niños en sus primeros años de vida. Cuerpos y mentes aniquilados por ese embate violento y espeluznante que suele acabar con su vida.

Idealizar a corruptos y dictadores

Literal, en Latinoamérica  los canonizan y los convierten en santos automáticamente en el instante de su muerte. Estas sociedades fulminadas por la doble moral y la desmemoria  honran el cinismo y la tiranía,  marchamándole virtudes y bondades a autores intelectuales de crímenes de lesa humanidad y a asaltantes en cuadrilla que desfalcan países completos. 

La iglesia se postra ante el féretro del abusador, honrándolo por  haber continuado con el legado de avasallador. 

No es abuso, es #VIOLACIÓN

Hemos pasado del “¡Ninguna agresión sin respuesta!” A una condena irrisoria que considera que el hecho de que cinco hombres adultos, arrastren a un portal a una joven; la arrinconen, intimiden con sus cuerpos y expresiones verbales, agredan, vejen, violen, la roben el móvil y la dejen abandonada a su suerte, no sea “agresión sexual”.

Impresentables de muermón y muermón

Bueno, ¡atención, atención!, dijo golpeando con la cucharilla de plata el vaso de cristal de Bohemia. Ya sabéis, esta es la cena semanal de asistencia obligatoria para toda la familia, en la que todos estamos comprometidos a hablarnos, nos guste o no (que es que no). Se trata de perpetuar el chollo, el vivir como dios sin dar palo, y para ello, aquí desfacemos los entuertos que durante la semana habéis realizado… que es un sin parar, por cierto.

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