Un fracaso en la diplomacia de EE.UU.

Todos los gobiernos de la aldea global, con excepción de Estados Unidos e Israel, condenaron el bloqueo estadunidense a Cuba, impuesto desde 1960. Pero en lugar de sacar las conclusiones pertinentes que semejante derrota política y diplomática significa para el gobierno de Donald Trump, éste anunció en voz del asesor en Seguridad Nacional John Bolton, la firma de una orden ejecutiva que incluye la imposición de nuevas sanciones no sólo contra Cuba, también contra Venezuela y Nicaragua.

En desesperada campaña para ratificar la mayoría del Partido Republicano en la Cámara de Representantes, propósito que se percibe harto difícil, así como en el Senado el martes 6, Bolton pronunció un discurso en Miami –justamente la capital del exilio anticastrista y antichavista, nucleados por dos mafias–, con el que pretende retrotraer al mundo a los tiempos de la Guerra fría, que muchos suponen más que idos por arcaicos.

Allí Bolton decretó que Cuba, Venezuela y Nicaragua son la troika de la tiranía (recuérdese el famoso eje del mal de George W. Bush, presidente con el cual laboró), y llamó a sus gobernantes “payasos” y advirtió que Washington “está a la espera de que caigan”. Declaró que esos “Tres Chiflados del socialismo son verdaderos creyentes, pero rinden culto a un dios falso”.

Para USA son “dictaduras” los Estados que no rinden culto al dólar, los que no se alinean con la geopolítica del administrador en turno de la potencia imperialista que sueña con el mundo unipolar que emergió tras la desintegración de la Unión Soviética y el fracaso del socialismo realmente existente en Europa.

Esa ideologización política primitiva, maniquea, la conoce tanto como la padece el orbe hace décadas, pero su impacto en las conciencias y en las complejas relaciones internacionales es cada vez menor. Impresentable resulta la monarquía petrolera, sumamente corrupta y autoritaria de Arabia Saudita, por ejemplo, puntual aliado de EE.UU. Como muy bien dijo Cordell Hull, secretario de Estado de Franklin Delano Roosevelt, respecto de Anastasio Somoza Debayle: “Puede ser que Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta.”

Mientras la dictadura esté alineada a la potencia imperialista en busca de perpetuarse como hegemónica, en automático se convertirá en un país democrático, como sucedió con los golpistas de Honduras que en 2009 depusieron a Manuel Zelaya y cometieron fraude electoral para relegir al militar, abogado y empresario Juan Orlando Hernández. Ello con la tolerancia de la Casa Blanca y allí están las dramáticas consecuencias: cinco caravanas de migrantes que huyen de la miseria, la violencia y la corrupción.

Como cada año desde 1992, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas votó de manera abrumadora en favor de una resolución condenando el bloqueo a Cuba, en vigor desde hace 58 años. De los 193 países, 189 votaron por la resolución; dos lo hicieron en contra: EE.UU e Israel (Moldavia y Ucrania no votaron). Solamente en 2016, cuando Barack Obama negoció el inicio de la normalización de relaciones, fue el único año en que Washington se abstuvo de votar.

 
Y ahora con Donaldo Juan, EE.UU presentó una serie de enmiendas criticando a Cuba y fueron derrotadas al contar con tres votos en favor –EU, Israel y Ucrania– mientras 114 votaron en contra y 65 se abstuvieron.

Más el aprendizaje de los administradores de los imperios es lento y ahora despliegan desesperados la estrategia de la exhibición de una actitud prepotente, fóbica y belicosa que erosionará más aún la pésima imagen de USA en el orbe.

 
La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación