Revisan la historia

Vamos a hacer un esfuerzo de imaginación. Ubiquémonos en una tertulia política de cualquier país europeo. Uno de los tertulianos afirma que el nazi-fascismo que asoló Europa provocando una guerra apocalíptica y una represión genocida fue, en realidad, una respuesta a la violencia de la izquierda, al ‘terror rojo’, y que los crímenes que se imputan a nazis y fascistas, desarrollados en el fragor del combate, tienen su equivalente en la crueldad desmedida tanto de la resistencia partisana como de las tropas aliadas en los campos de batalla europeos.

No, no vamos a oír algo así en Francia o Alemania. Ni siquiera por boca de esas fuerzas de ultraderecha que están presentes en no pocos gobiernos de países de la UE. Aunque por ideología lo pensaran, tendrían demasiado miedo tanto a hacer el ridículo como a enfrentarse a consecuencias penales.

Pues bien, en esta nuestra España, políticos y periodistas que se reclaman del ‘centroderecha’, no tienen ningún reparo en trasladar el relato expuesto a la situación que vivió este país entre 1936 y 1978. Afirman que el golpe del 18 de Julio fue una respuesta a los excesos violentos de la izquierda, sobre todo tras el triunfo del Frente Popular en febrero del 36. Continúan aseverando que los fusilamientos de republicanos están soportados en la comisión de delitos de sangre por parte de los ejecutados. Y concluyen asegurando que las pretensiones por parte de la memoria histórica de reparación de las víctimas del franquismo y exigencia de responsabilidades a torturadores es un intento de quebrar el espíritu de concordia de la transición. En esto último tienen razón, siempre y cuando reemplacemos la expresión ‘espíritu de concordia de la transición’ por la de ‘ley de punto final’. Porque efectivamente, y el paso de las décadas lo ha venido a confirmar, la transición no fue sino una componenda en la que las fuerzas democráticas accedieron a la legalidad a cambio de no escarbar en los crímenes del Régimen; en definitiva, de impunidad. Es decir, el franquismo quedó incrustado, como un tumor maligno, en la democracia que arranca en 1978.

Por eso este país registra la insultante anomalía de la coexistencia de asesinados de la dictadura en las cunetas con el libre paseo por la calle de un torturador como Billy el Niño, que además goza del premio de cobrar más por lo que torturó. Y por ello encontramos políticos y periodistas de la derecha que abrazan sin pudor una versión fascista, revisionista de la historia, de lo que fueron la guerra civil y la dictadura. Versión que en Europa les llevaría al ostracismo y la irrelevancia, cuando no a la cárcel.

Pero la sociología franquista no sólo pervive en quienes podemos considerar herederos políticos de la dictadura. Recientemente se ha hecho público un vídeo en el que dos excombatientes, uno republicano y otro franquista, rememoran, en un clima de fraternidad, la batalla del Ebro. Para apreciar lo ilógico de este mensaje, volvamos a Europa: ¿Alguien imagina en Italia a un expartisano y a un exsoldado de Mussolini felicitándose por el hecho de que desde 1945 ‘aprendieron a hablar entre ellos’? Impensable. Pues en España sí, donde el propio Pedro Sánchez alaba la ‘concordia’ entre esos ancianos que lucharon en ‘bandos opuestos’. Y en esta concepción reside el problema: no eran bandos opuestos equiparables. Uno era el representante de la legalidad democrática y el otro era la banda terrorista que quería acabar(y lo consiguió) con la convivencia y las libertades, instaurando un reino de terror.

Pienso que no es necesaria una comisión de la verdad que esclarezca lo que pasó en España en esas terribles décadas. Toda Europa sufrió el fascismo y la guerra. Y todo el mundo sabe quien desencadenó el horror y lo elevó a rango institucional, sin menoscabo del reconocimiento de excesos violentos por parte del campo democrático en un contexto de exacerbamiento de las pasiones ante la barbarie fascista. Nuestro problema es que ésta se ha quedado en nuestro ADN político.

joseharohernandez@gmail.com

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación