El “unboxing” de Franco, urgencia democrática

11/09/2018

Mas allá de avances y retrocesos, dimes y diretes, y sobre todo dudas, muchas dudas y miedo, parece que ahora sí, con 43 años de retraso pero al fin, ha llegado la hora del “unboxing” de Franco. Parece que finalmente el gobierno de España está decidido a hacer “algo” con el lugar de entierro y exaltación del dictador fascista Francisco Franco, el campo de concentración de Cuelgamuros también conocido como “El Valle de los Caídos”.

El problema es saber que es ese “algo”, porque entre anuncios y desmentidos, versiones contradictorias y globos sonda, dimes y diretes, avances y retrocesos, ya no sabe uno a qué atenerse. Pero si nos fiamos del Real Decreto publicado el pasado 26 de agosto, el “algo” que llevará a cabo el gobierno es cualquier cosa menos satisfactorio y dejará el problema resuelto solo en parte, esperando mientras llega otro gobierno más decidido o con más convicciones democráticas.

Ya el preámbulo del real decreto declara la intención de convertir Cuelgamuros en un lugar de "homenaje igualitario a todas las víctimas". Es un horror democrático proclamar tal cosa ya que bajo ninguna circunstancia se puede equiparar a las víctimas con los verdugos.

El circunloquio para no ponerle el cascabel al gato, y hablar claramente de retirar la momia del dictador, si no que se plantee la fórmula de "exhumar los restos de quien no muriera en la Guerra Civil" da una idea de las dudas y limitaciones que rezuman todo el decreto, y retratan bien al gobierno. Del mismo modo que se eluda mencionar los restos de José Antonio Primo de Rivera, quizás con la intención de dejarlos en Cuelgamuros otros 43 años. Siendo como fue uno de los principales fundadores en nuestro país de los principios que marcaron la dictadura franquista y que fue venerado durante todo ese periodo, es obvio que no puede seguir enterrado junto a miles y miles de víctimas del franquismo.

Es una urgencia democrática que los restos del dictador salgan definitivamente de Cuelgamuros, y cualquier persona que tenga al menos un poco de empatía con las víctimas del franquismo y sus familias debe apoyarlo incluso aunque la fórmula le parezca francamente mejorable.

No obstante, esto no quita para se plantee con total firmeza, cuales tendrían que ser los mínimos para un “unboxing” del dictador satisfactorio desde un punto de vista democrático:

Desde luego, como he dicho antes, es ineludible exhumar tanto los restos de Franco y Primo de Rivera, de ambos.

También hay que recuperar la gestión pública del espacio y que se proceda a desacralizarlo con la máxima urgencia. A nadie más que a los cristianos debería ofender que semejante oda al fascismo y sus valores sea considerado a día de hoy lugar de culto católico.

A la vez hay que eliminar todas las evocaciones franquistas que todavía permanecen, así como prohibir y evitar de forma efectiva los homenajes a quienes promovieron el Golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y apoyaron la dictadura.

Naturalmente hay que prestar de una vez toda la ayuda posible a las familias de las víctimas que deseen exhumar los restos de sus familiares.

Y por último es imprescindible resignificar de todo el complejo, empezando por recuperar el nombre del espacio: Valle de Cuelgamuros, en todas sus denominaciones oficiales. El lugar más fascista que pervive en Europa debe cambiar por completo y convertirse en un lugar donde se expliquen los crímenes del franquismo, con especial atención a sus campos de concentración y al trabajo esclavo al que fueron sometidos los leales a la democracia.

Estos puntos ya se recogían en la Proposición de Ley Integral de Memoria Democrática y de Reconocimiento y Reparación a las Víctimas del Franquismo y la Transición que presentó Izquierda Unida el pasado 29 de junio, y que siguen teniendo absoluta vigencia. El gobierno está a tiempo de incorporar estás medidas u otras en ese “algo” que quiere hacer con el lugar de entierro de Franco, para hacer el trabajo bien, aunque sea tarde.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación