Diez grandes mentiras sobre Venezuela y su revolución

Desde hace muchísimos años tengo la más absoluta convicción de que en
lo único en lo que el sistema capitalista ha logrado superar al
socialista en estos últimos 100 años transcurridos desde el ascenso al
poder de la primera revolución socialista consolidada de la historia,
es en el haber desarrollado un formidable aparato propagandístico por
medio del cual ha logrado manipular la opinión pública a escala
mundial, induciéndole a aceptar y hasta celebrar sus supuestos logros,
ocultando totalmente sus errores, fracasos y contradicciones, al mismo
tiempo que intentaba hacer lo inverso con todas las sociedades
socialistas que han existido y aún existen sobre la faz del planeta.
 
Un innegable gran logro de las potencias capitalistas, basado en el
impúdico uso de dicho aparato propagandístico, ha sido el que casi la
mitad de los seres de este planeta identifique su sistema, que es
terriblemente injusto, opresor, alienante, inequitativo, depredador,
tramposo, xenófobo, misógino, etc., etc., etc.,  con la libertad, la
justicia, la igualdad, la democracia y en general con todos los más
altos valores de la especie humana; al mismo tiempo que han logrado
atribuir a los gobiernos de ideología socialista todos sus más
aberrantes antivalores, a juicio de esa misma mitad de la humanidad.
 
Como si esto fuera poca cosa, resulta lamentable el hecho de que bajo
el influjo de esta propaganda no son pocos los camaradas que aún
asumen como ciertas no pocas de las grandes falacias ampliamente
divulgadas por el aparato comunicacional capitalista, como lo es
aquella de que el proceso erosivo comandado por esos redomados
traidores llamados Gorbachov y Yeltsin, que terminase con la
disolución de la URSS en 1991, tuvo su origen en un supuesto colapso
económico iniciado en sus primeros años de la década de los ochenta,
cuando ocurrió precisamente todo lo contrario, pues los niveles de
producción más altos se registraron a finales de esa década y fue sólo
a la caída de la URSS cuando comenzó a registrarse una disminución de
la producción y un descenso de la economía rusa, que cayó en un 45 %
entre 1991 y 1998. Aquellos que todavía creen que el comunismo
soviético fracasó deben tomar en consideración que Rusia era para 1917
uno de los países más atrasados de Europa; que entre 1917 y 1991 la
economía soviética registró un crecimiento continuo y que la
producción en términos per cápita se incrementó en un 378 % en ese
mismo lapso (1).
 
Una mentira de más o menos el mismo calibre es la que han propagado
los Estados Unidos sobre Corea del Norte durante más de medio siglo,
después de haberle asesinado más de 2,5 millones de civiles y haber
dejado sin hogar a otros 5 millones durante el conflicto que dio
origen a las dos Coreas, según la cual ese valeroso país padecía una
hambruna permanente bajo su régimen socialista; mentira que viene
siendo demostrada desde el casi el mismo fin de la guerra, pero que no
resistiría mayor análisis a partir del hecho de que hace poco días
Corea del Norte ha dado por terminado su programa nuclear con el
lanzamiento experimental de un potente misil capaz de alcanzar
cualquier punto del territorio continental de los Estados Unidos (2).
 
En lo que va de siglo hemos sido testigos de grandes falacias urdidas
por el imperio y difundidas  ampliamente por la canalla mediática
mundial para intentar justificar sus más cruentas invasiones, cada una
de las cuales ha sido posteriormente desmentida, aunque después de que
un inmenso daño ha sido causado. Tal es el caso de: la presencia en
Afganistán de Osama Bin Laden, el supuesto autor intelectual del
derribo de las torres gemelas del WTC; la existencia de armas de
destrucción masiva de todo tipo en Irak; y el bombardeo aéreo de
civiles en Libia por parte de Gadafi, todas ellas mentiras comprobadas.
 
En nuestro caso ocurre que la Revolución Bolivariana ha sido
ampliamente vilipendiada por los medios de la derecha aún antes de su
ascenso al poder en 1999; un ejemplo de ello es que su máximo líder,
el Comandante Chávez, fue acusado falsamente por Ernesto Samper, a la
sazón presidente de Colombia, de estar detrás del infame ataque de la
guerrilla colombiana al puesto naval fronterizo venezolano de Cararabo
en 1995, sin haber aportado prueba alguna para apoyar tan temeraria
acusación que fue ampliamente difundida por los medios de la derecha y
sin ejercer ninguna acción, ni en favor ni en contra, cuando el
comandante fuese al vecino país a desvirtuar tal infundio (3). Pero la
generación de tales falacias por parte de los laboratorios de guerra
sucia del imperio así como su amplia difusión por su aparato mediático
se hicieron cada vez más profusas, hasta llegar a los niveles
estratosféricos de la actualidad, a partir del 16 de mayo de 2004,
momento en el cual Chávez decretase el carácter antiimperialista de la
Revolución Bolivariana.
 
A continuación, sin más preámbulos, presentamos un listado de 10 de
las más grandes mentiras divulgadas en contra de Venezuela y su
revolución en el marco de la guerra no convencional que nos vienen
aplicando, cada una junto a una brevísima argumentación que a nuestro
juicio debería servir para desvirtuarla:
 
Venezuela es una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad
nacional de los Estados Unidos, así lo decreta una Orden Ejecutiva
suscrita por Barack Obama el 05/03/2015, afirmación absolutamente
falaz que él mismo se encargó de desmentir 5 días más tarde, con las
siguientes palabras: "No creemos que Venezuela sea una amenaza para
Estados Unidos y Estados Unidos no es una amenaza para Venezuela",
pronunciadas en una entrevista exclusiva con Efe (4), realizada antes
de viajar a Panamá para participar en la VII Cumbre de las Américas,
en cuya reunión plenaria las volvió a pronunciar ante la totalidad de
los presidentes y jefes de gobierno de todas las naciones miembros de
la OEA. A pesar de ello Obama prorrogó la vigencia de dicha Orden por
una año, en el 2016 y poco antes de entregar la presidencia, la volvió
a renovar a comienzos de enero del presente año.
 
El gobierno venezolano es una dictadura que viola los derechos
humanos, sin embargo, Venezuela, que es miembro del Consejo de
Derechos Humanos de la ONU, aprobó a comienzos de este año y en forma
sobresaliente su segundo examen periódico universal (EPU), cuatro años
y medio después de haber aprobado el primero (5), superando
ampliamente a Estados Unidos que sigue siendo su más pertinaz
detractor en ésta y otras muchas materias.
 
Venezuela es un narcoestado, cuando lo que realmente ocurre es que
nuestra situación de vecindad con Colombia, que es el mayor
productor/exportador mundial de cocaína, nos ha convertido
involuntariamente, al igual que con muchos otros productos de uso
legal, en país de tránsito de esta droga hacia EE.UU, que es el mayor
consumidor mundial y también hacia Europa. Esta falaz acusación se
mantiene a pesar de que la ONU en varias ocasiones nos ha declarado
“país libre de cultivos ilícitos”, siendo la más reciente de ellas en
agosto de 2016 (6), y de que el gobierno ha aumentado sustancialmente
la cantidad de droga incautada a partir de la expulsión del territorio
nacional de la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos (DEA).
 
Venezuela está aislada en el contexto mundial, algo que es
absolutamente contradictorio con el hecho de que Venezuela que
recientemente ha llegado a ser miembro temporal del Consejo de
Seguridad de la ONU, esté ocupando, hasta el 2019, la presidencia pro
témpore del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) (7), en el cual
participan más de 120 países que representan más de 55 % de la
población mundial; pero sumamente contradictorio además con las
clamorosas victorias diplomáticas obtenidas por el país sobre el
imperio y sus aliados durante este año en escenarios tan importantes
como el Consejo de Seguridad de la ONU, la Asamblea General de ese
mismo organismo y el Consejo Permanente de la Organización de Estados
Americanos (OEA) (8). Todo ello sin mencionar el apoyo decidido de una
multitud de organizaciones populares a nivel planetario.
 
Venezuela sufre una crisis humanitaria en el sector de la salud, que
se trata de una crisis simulada decretada por la Asamblea Nacional en
desacato, de amplia mayoría opositora, que obedeciendo las órdenes del
Departamento de Estado y del Comando Sur, que ha dicho que sólo
intervendría militarmente en el país en caso de que éste estuviese
padeciendo una crisis humanitaria, se apresuró a decretarla en fecha
ya tan remota como el mes de enero de 2016 (9). No negaremos que
estamos padeciendo un desabastecimiento importante de medicamentos e
insumos médicos de procedencia extranjera, cuya importación ha debido
ser asumida en forma directa por el gobierno revolucionario una vez
que las farmacéuticas locales después de haber recibido las divisas
necesarias para importarlas a precio preferencial, se negaron a
hacerlo; ocurre sin embargo que esta tarea está siendo boicoteada por
agentes externos siguiendo las órdenes del imperio, como es el caso
del gobierno de Colombia, que hace pocas semanas prohibió la venta al
estado venezolano de medicamentos contra la malaria y el paludismo
(10) y el reciente caso de la firma financiera Euroclear,  que desde
hace 6 semanas no está bloqueando 450 millones de dólares destinados
básicamente para la adquisición de medicamentos y alimentos en el
exterior (11). Para finalizar el tema es oportuno y necesario señalar
que a pesar de la terrible guerra económica que el imperio y sus
aliados nos vienen aplicando desde hace años, seguimos siendo uno de
los pocos países en el mundo que cuenta con atención médica totalmente
gratuita para el pueblo.
 
Las medidas económicas del gobierno revolucionario han generado una
aguda crisis alimentaria, siendo que durante los años de la revolución
la producción ha aumentado hasta alcanzar cubrir el 85 % de los
alimentos que consumimos. Lo que ocurre es que esta producción está
controlada por dos grandes empresas de capital transnacional que
siendo monopólicas deciden cuando colocan y cuando sacan del mercado
los productos que generan escasez (12). Ocurre también que una gran
cantidad de los alimentos que producimos o importamos, expendidos a
muy bajo precio por estar subsidiados por el gobierno en beneficio del
pueblo, es desviada ilegalmente hacia los países vecinos, como es el
caso de Colombia a donde en épocas ha ido a parar hasta el 40 % de
nuestros alimentos debido al contrabando de extracción promovido por
las fuerzas del narcoparamilitarismo, contando con la complicidad del
gobierno colombiano.
 
Venezuela forma parte del “Eje del Mal”, junto a Rusia, China e Irán,
cuando el caso es que Venezuela, en pleno ejercicio de su soberanía, y
como firme creyente de la necesidad de contribuir a crear un mundo
multipolar, mantiene excelentes relaciones de índole diplomático,
comercial, cultural y de cooperación militar con estos países. No
olvidemos que en fecha ya tan remota como el año 2007 un memorándum
oficial de la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos
(NSA) incluía a Venezuela entre sus seis “objetivos prioritarios”,
siendo China, Rusia, Corea del Norte, Irán e Irak, los otros cinco
países señalados en el mismo con igual carácter (13).
 
Venezuela se encuentra en situación de cesación de pagos (default), lo
cual habría de ser una auténtica profecía autocumplida de las empresas
calificadoras de riego financiero, que desde hace muchísimo tiempo lo
vienen sugiriendo al establecer el llamado riesgo país de Venezuela a
niveles muy superiores a los que ellas mismas establecían para países
del área con economías comparables a la nuestra, como Colombia, pero
agobiada por una guerra interna de más de medio siglo y hasta de
países con economías mucho más pequeñas, como Jamaica y Panamá, no
exportadoras de petróleo ni de ningún otro recurso estratégico, por
añadidura. Y todo ello en una época en la cual nuestro país, que se
encontraba en absoluta paz, logró que le certificaran las mayores
reservas de hidrocarburos del planeta y disfrutaba de unos precios
mundiales del petróleo superiores a los 100 dólares por barril. Lo que
realmente ocurre es que Venezuela, que durante el gobierno del
presidente Maduro ha pagado un poco más de USD 70.000 millones por
concepto de deuda financiera, está experimentado serias dificultades
para honrar los pagos en dólares, debido a las sanciones gringas que
impiden la repatriación de los dividendos de CITGO en esa divisa, lo
que le ha obligado a proponer a sus acreedores un refinanciamiento de
su deuda financiera. Así mismo, la empresa Euroclear además de retener
indebidamente nuestros fondos en la divisa estadounidense mantiene
ilegalmente bloqueados unos títulos valores (bonos) emitidos por la
república por un monto de USD 1.200 millones (11), motivo por el cual
PDVSA ha debido solicitar un período de gracia de 30 días para poder
pagar los cupones de los bonos con vencimiento en los meses de
noviembre y diciembre del presente año.
 
El gobierno revolucionario venezolano se niega a llamar a elecciones,
enorme mentira que produce profunda hilaridad si se toma en
consideración que los gobiernos de Chávez y Maduro tienen que detentar
todo un record mundial al haber promovido 23 consultas electorales, la
última de ellas a celebrarse el domingo de la próxima semana, en casi
20 años de revolución. Es oportuno señalar que a lo largo de ese
período se produjo sólo un aplazamiento de meses de una elección
regional por estar organizando el CNE, a petición de la oposición, un
referéndum revocatorio del mandato presidencial que no fue posible
realizar porque no se cumplieron los requisitos de ley. Tan enorme
falacia tiene su origen en el hecho de que el imperio y sus aliados
pretenden obligarnos a celebrar unas elecciones presidenciales
adelantadas, que por ley deben realizarse en diciembre del año 2018.
 
La oposición venezolana es mayoría y es democrática, que son dos
mentiras insostenibles. La primera de ellas por hechos irrefutables
tales como: haber perdido 20 de los 22 procesos comiciales realizados
hasta la fecha; haber sido derrotada holgadamente en el más reciente
proceso regional en el cual las fuerzas de la revolución obtuvieron 18
de las 23 gobernaciones de estado en disputa; y finalmente porque una
reciente encuesta revela que mientras las fuerzas de la revolución
agrupadas en el Gran Polo Patriótico suman un 37 % de aceptación, la
oposición toda alcanza apenas un 22 % (14). En cuanto a demostrar que
se trata de una oposición profundamente antidemocrática bastaría con
decir que ha participado en: un golpe de estado exitoso (abril de
2002); un paro sabotaje petrolero (diciembre 2002 – febrero 2003);
innumerables intentos fallidos de golpe de estado; tres cruentas
jornadas terroristas causantes de innumerables víctimas mortales, en
mayo de 2003, de febrero a mayo de 2014, y de abril a julio de 2017,
además de que desde el golpe de abril sólo han reconocido la
legitimidad de los dos procesos electorales en los que ha ganado.
 
Notas
 
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ria-de.html
enezuela-20171103-0024.html
stro-financiero-euroclear
uerza-politica-y-electoral-del-pais/
 
Caracas, diciembre 02 de 2017
 
tomado de:
 
La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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