Cuba frente a Trump

Hace apenas cuarenta y ocho horas que hemos conocido la decisión tomada por el presidente de los Estados Unidos que marcará la hoja de ruta en su política contra Cuba. Como diputado comunista, miembro del grupo parlamentario de Unidos Podemos en el Congreso, no quisiera dejar pasar la ocasión para reafirmar mi compromiso y apoyo al pueblo cubano, que es víctima una vez más de la política injerencista de su vecino imperialista; un vecino poco amable que trata por todos los medios de acabar con los triunfos de una revolución, que con su ejemplo podría hacer mucho daño a los intereses del poder norteamericano.

El intervencionismo en Cuba por parte de EEUU es previo a la etapa socialista, y comenzó como es bien sabido al final de la independencia cubana frente a España, cuando los norteamericanos se arrogaron  el derecho a intervenir en asuntos internos cubanos a través de la enmienda Platt y ocuparon parte de su territorio en Guantánamo. Esta situación de sometimiento se vio bruscamente interrumpida con el triunfo de la revolución de 1959, y desde entonces, EEUU no ha cesado en su empeño por volver a la anterior situación perdida.

El bloqueo económico a la isla -vigente desde febrero de 1963 pero con antecedentes desde el mismo 1959-, se justificó falsamente como represalia a la política de nacionalizaciones de Fidel Castro. Aunque en realidad la verdad es otra, y es que el bloqueo forma parte de toda una estrategia para derrocar al gobierno cubano que intenta provocar hambre y penurias al pueblo de Cuba. El embargo está compuesto por un entramado legal formado por una decena de leyes, disposiciones presidenciales y protocolos administrativos, que en la práctica imposibilitan cualquier intercambio económico, financiero y comercial entre Cuba y EEUU. Además, desde los noventa, el bloqueo adquiere un carácter extraterritorial, estableciéndose sanciones a las empresas de terceros países que mantuvieran relaciones con Cuba.

Después de recrudecerse aún más las relaciones con el gobierno de George W Bush, con Obama se inició una etapa de distensión de las relaciones que se inició con liberaciones de presos en ambos países. En un acto histórico Raúl Castro y Barack Obama anunciaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas, llegando a reconocerse públicamente que la política contra Cuba había sido un fracaso. Por supuesto que los objetivos hacia Cuba no habían cambiado, pero el gobierno estadounidense comprendió que era necesario modificar la estrategia, y por eso –aunque se mantuvo el embargo- se establecieron medidas que incrementaron el intercambio cultural y económico.

La llegada de Trump a la Casa Blanca ha supuesto una vuelta atrás en todo lo avanzado. A pesar de haberse presentado a las elecciones como candidato antistablishment, crítico con el neoliberalismo global, conservador y aislacionista, el caso es que en pocos meses Donald Trump ha mostrado su verdadero rostro al mundo. El nuevo presidente se ha adaptado a los intereses del poder, en busca de la popularidad perdida por la contestación social en su país. Por eso, Trump, que se había destacado por no realizar declaraciones sobre Cuba hasta prácticamente la muerte de Fidel, ahora aparece como el baluarte en la lucha contra la revolución cubana, tal vez con la intención de ganar el importante apoyo del exilio cubanoamericano de Miami, y de sus influyentes y reaccionarios congresistas.

Las medidas adoptadas devuelven a las relaciones Cuba-EEUU a un punto del pasado cercano, y del guante de terciopelo usado por Obama volvemos al guante de hierro que durante cincuenta años se aplicó cruelmente contra los cubanos. El anuncio de Trump, a pesar de haber sido acogido con alegría por la reacción en Miami, ha supuesto un mazazo para los representantes republicanos de las regiones cerealeras y portuarias, que se habrían beneficiado de un posible levantamiento del embargo a Cuba. Así, tal vez la política errática de Trump puede en esta ocasión perjudicar más a EEUU que a los propios cubanos y cubanas, que a día de hoy, necesitan cada vez menos recurrir al mercado estadounidense, en tanto en cuanto mejoran casi a diario sus relaciones comerciales con otros países.

En definitiva, el bloqueo más largo de la historia sigue siendo en todo caso una medida ilegítima contra el pueblo de Cuba, que debe ser levantado de manera inmediata por una mera cuestión de Derechos Humanos y de justicia elemental, tal y como ha refrendado ya  la Asamblea de Naciones Unidas en numerosas ocasiones. Las medidas de Trump, propias de la Guerra Fría, están condenadas al fracaso, y dañan tanto a sectores de la sociedad norteamericana como al heroico pueblo cubano, que fue capaz de resistir al período especial en los años noventa. Todo lo hace el nuevo presidente por satisfacer a un lobby, un lobby antidemocrático y de extrema derecha afincado en Miami. Un lugar que a lo mejor no le agradece los servicios prestados, porque allí, a pesar del lobby, ganó Clinton.

Miguel Ángel Bustamante.

Diputado en la Comisión de Exteriores.
Grupo Parlamentario Unidos Podemos.
La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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