Caracas en tres actos

PRIMER ACTO

(Al que llegas al mediodía de sábado desde la Plaza Altamira, en la zona este, corazón geográfico de la oposición donde los policías del municipio de Chacao no detienen –ni aunque les pasen por enfrente-a  los llamados “guarimberos” que llevan cajas con bombas molotov.   Regla número 1: vestir de blanco y de preferencia, con una gorra o bandera de Venezuela).

Caracas en tres actos

Aquí anda Beatriz, una sexóloga de 40 años que los últimos dieciocho ha participado en todas las marchas contra la Revolución Bolivariana a la que acusa de provocar que sus familiares y amigos cercanos se vayan del país y que–asegura- hará que “Cuba se adueñe de Venezuela”.  Beatriz detesta todo lo que relacione con el proceso bolivariano: su forma de gobierno, sus ministros, sus partidos y en general, su gente. No puede siquiera mencionar el apellido “Chávez”.

-Todo este tiempo he pedido porque esas ratas por fin se vayan y confío en Dios en que pronto lo vamos a lograr, ahora sí… En mi casa somos yo y mis tres hermanos, mi hermana era ingeniera en PDVSA pero la corrieron cuando el difunto despidió a todo ese poco de gente. En ese entonces, no fue mucho problema porque no está la situación como ahora. Es que éramos felices y no lo sabíamos… Apenas completamos para comer, yo que tengo dos carreras, el salario apenas me da para comer. Ni qué decir de las medicinas para mi papá, sus pañales, padece incontinencia. ¿Sabes lo que hay que hacer para conseguir pañales, has visto pañales en las tiendas? No se consiguen. ¿Hijos? No, preferí no tener. Imagínate, si yo sufro estando así, por qué voy a traer a un carajito a que sufra esto o más. ¿Te imaginas cómo será el futuro?

(Pasa un guarimbero debidamente encapuchado, junto a otros tres compañeros, pidiendo ayuda monetaria “para la resistencia”. Evidentemente, no son vecinos de Altamira).

-Yo veo a estos carajitos, todo lo que hacen por nosotros, por la libertad y pido siempre por ellos para que Dios me los bendiga…¿La Constituyente? Esa no sirve: con esa lo que quieren es durar en el poder para siempre, quedarse cincuenta años como hicieron en Cuba, te van a quitar tu casa para dársela a los pobres, te van a quitar tu empresa. ¿Cómo lo sé? Está en las redes, todo mundo lo sabe.

(Contesta el teléfono mientras se acerca a la concentración en la que se pueden ver escenas como una monja hablando de religión con los guarimberos que la escuchan, curiosos, sus escudos de madera al lado. Horas más tarde, estos jóvenes pobres -convertidos en carne de cañón para políticos que llamaron a una “desobediencia civil” - lanzarán las bombas molotov  contra la sede del Tribunal Supremo de Justicia  y también contra el Metro Altamira y creerán que esto es “luchar por la libertad”).

Antes de que ocurra todo eso, Beatriz.

-El problema es que no tenemos un líder... Bueno, sí, pero está preso.

 

SEGUNDO ACTO


(De otra protesta más en Candelaria, una de las zonas más tradicionales de la ciudad, con sus restaurantes españoles, sus expendios de frutas, verduras, carnes, sus cervecerías abiertas en domingo, un foco de sabroso bullicio que a esta hora, la del almuerzo, alberga una guarimba a solo cuatro estaciones de Metro del Palacio de Miraflores)

-¿Quiénes somos? ¡Venezuela! ¿Qué queremos? Libertad!,

La que grita es una madre de familia que trata de convencer a sus vecinos para que se sumen a este grupo de apenas 20 encapuchados que montaron barricadas en los alrededores de la Cruz Roja, cerca del Banco Provincial. Quitaron una banca y las jardineras del banco y con eso 

–ah, y unas cuantas bolsas de basura que les arrojaron los vecinos desde los edificios cercanos- armaron su guarimba.

-¡Vamos vecino, vamos, no seas indiferente, esta también es tu lucha!, insiste. Ningún vecino se le une. Hay tres cruces bloqueados.

-Que ya se vayan, queremos salir de esto, dice un trabajador del Sambil Candelaria.

-¿Y cómo?

-Con elecciones

-¿Y la Constituyente?

-No, eso no.

De pronto, el grito. Los agentes de la Policía Nacional Bolivariana lanzan bombas lacrimógenas en varias direcciones, incluida la esquina del banco donde estamos varias personas solo tomando fotos o video. Nos cayó una directo a nosotros. Nos alejamos, tosiendo, los ojos ardiendo. El gas te hace querer vomitar.

“¡Malditos!”, gritan los hombres, mujeres y hasta niños que solo observaban la escena y que se suman a los gurimberos lanzando piedras también, asi nada más. Por contagio.

Los guarimberos se reagrupan para su siguiente provocación. Ahora colocaron una bandera “No a la Constituyente” y queman la basura, esperan varios minutos, mantienen sus consignas, se hacen de más botellas de vidrio, piedras, varillas y cualquier otra cosa que les sirva de proyectil. 

Aguardan. Aguardan

Ahí vienen, ahí vienen

Ahora, el choque. Ha llegado la PNB.  Los guarimberos retroceden un poco para tomar vuelo y que el proyectil que lanzan a los policías llegue más lejos. No están solos: cuentan con los vecinos que, desde los pisos superiores de los edificios, lanzan piedras y botellas de vidrio a los policías que deben colocarse los escudos antimotines sobre la cabeza para protegerse. Empieza la persecución y alrededor, muchos espectadores del guión guarimbero.

“Hay que ir a la otra esquina para tener todo más cerca”, dice Maikel, un mototaxista que ya se volvió experto en las fotografías que les gustan a los corresponsales: “Mira, desde allá tienes todo ahora sí en pantalla grande”.

Parece una locación. Mientras ocurren los choques entre policías y guarimberos, acompañado por los cacerolazos y los gritos de los vecinos, varios grupos de espectadores están concentrados, mirando. Ya ni corren cuando llega la policía ni cuando los gases les caen cerca. Se dedican a ver la escena como si fuera un acto de entretenimiento, un videojuego. Observan la persecución mientras hablan por teléfono o compran un perro caliente. Incluso, a unos metros de la Cruz Roja, a la que la PNB también le lanzó bombas lacrimógenas y obligó a los observadores a meterse tanto ahí como en casas y comercios cercanos, un salón de belleza se mantuvo abierto, con sus clientas preocupadas más por el peinado o las uñas que por el poco de gente corriendo y gritando a metros de ellas.

Pero caminemos justo al lado de la Cruz Roja, a la escena donde pasaron  los agentes de la PNB mientras los vecinos les lanzaban objetos desde los edificios.

-¡Mosca , métanse!, alerta la señora de unos 70 años a sus jóvenes vecinos.

-¡Traigan más piedras, hay que traer más botellas! Vamo vamo!

Dos calles más adelante, policías se metieron a un edificio y desde el balcón de los primeros pisos, lanzaron bombas lacrimógenas a los vecinos de enfrente, sí, los que antes les estuvieron tirando piedras y bombas molotov.

En la esquina de esta calle, cerca de la clínica Luis Razetti, hombres y mujeres hacen sus propios enlaces en vivo desde sus celulares,  reporteando para Twitter o Facebook o grabando un video que más tarde distribuirán en su whatsapp acerca de lo que pasa esta tarde: “En estos momentos vemos la brutal represión en Candelaria”, dicen.

Y basta caminar una calle más, hacia la avenida México, para registrar una escena completamente distinta: un restaurante de pollo abierto, una mujer con su hija de la mano entrando a comprar a una farmacia, libreros ofreciendo “la mejor colección de poesía que no vas a encontrar en otros pasajes”, mujeres bebiendo refresco en una plaza mientras observan un partido de basquetbol entre chamos del barrio.

(Más adelante, un reducido grupo de encapuchados bloqueó dos calles junto al edificio del Ministerio Público, quemando cauchos y bolsas de basura). Son apenas metros de diferencia y el tono de la tarde es otro. Y la respuesta de vecinos y vecinas, también.

Ana: “Se están lanzando piedras entre ellos, qué ej eso! ¡Esos carajitos están jugando!”

Manuel: “Mire, déjeme le explico: ellos están organizados, acá están los que queman la basura, atrás los que les dicen que hacer y allá más atrás los que les dan los reales, porque acá seguro hay reales”.

-¿Usted va a votar en la Constituyente?

Manuel: “Pero claro, aquí estamos claros como que hace veinte años vivo acá”.

Doris: “Allá está la guardia, ¿Por qué no les hace nada? Debería correrlos”.

En efecto, hay varios guardias nacionales que observan la escena pero no intervienen. Más bien, los que quieren intervenir son los vecinos que -las manos en la cintura, la mirada en alto- aguardan a ver hasta dónde llegarán los manifestantes violentos. Más tarde, los confrontarán cara a cara con un mensaje: “No, acá no pasarán”.

 

TERCER ACTO

(Del penúltimo día de la recolección de firmas en la Plaza Bolívar, junto a la esquina Caliente donde hoy, bajo el toldo rojo rojito, además del Correo del Orinoco  y libros y videos sobre el comandante Chávez hay listas de firmas para apoyar las postulaciones a la Asamblea Nacional Constituyente. Campanadas para la misa del domingo en Catedral. El camarada entra en escena para animar a sus compañeros)

-¡Chávez viveeee!

-¡La lucha sigue!

José Colmenares vino a reunir las mil firmas que necesita como candidato para el sector de trabajadores. Trae sus hojas blancas para recolectar número de cédula, nombre, firma y  huella dactilar de quienes respaldarán su postulación ante el Consejo Nacional Electoral, que a más tardar el 15 de junio tendrá que definir si avanza a la siguiente etapa o de plano decirle, como dicen acá, “no vas pa’l baile”.

-Si voy es porque no tengo miedo, eso fue lo que nos dio Chávez, yo soy dirigente sindical en un Central Maderense y antes podían abusar de nosotros y quitarnos nuestros derechos y no nos dábamos cuenta, pero Chávez nos enseñó a no tener miedo y defendernos, por ejemplo usted que me está entrevistando, yo no tengo ningún miedo de hablar y decirle lo que pienso…Por eso nunca votaremos por la oposición porque no tienen una propuesta de gobierno que vea por nosotros, nunca la han tenido…Por eso buscan violencia. ¿Represión? Si hubiera represión como dicen, ya habría miles de muertos.

-Yo voy a proponer un parlamentarismo de calle porque los que están en la Asamblea no nos representan, no nos sentimos escuchados por la dirigencia. Necesitamos realmente estar en los barrios y darle seguimiento a las obras.

Ahora permítame, voy por otra camarada.

-¿Me firma acá?, pide el señor Ismael, quien aun no junta las 500 rúbricas para respaldar su candidatura por el sector de Pensionados y Jubilados. Él dice que solo deben firmar sus compañeros de sector, aunque sus compañeros le digan que no es necesario e insiste en solo acercarse a personas que se vean mayores de 55 años. Una misión un tanto difícil en este domingo de sol al que se suma Ricardo, militante del Partido Comunista de Venezuela.

-Esto es bien interesante, que la gente tenga confianza en estas cosas, que crea. A nivel político no hay otra salida más que la Constituyente, no la hay. ¿Una guerra civil? No creo, quieren llegar a eso pero no.

Son 55 mil 314 los que se inscribieron para el proceso. El 15 de junio, el CNE definirá cuántos de ellos continuarán en la contienda. Ismael se da por vencido y por fin asume lo que tanto le han explicado sus compañeros: no necesita el voto de gente mayor a 55 años.

-¿Me firma, entonces?

Y acá, es la fiesta.

Fuente: http://www.telesurtv.net/bloggers/Caracas-en-tres-actos-20170612-0003.html

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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