Diseccionando a El País

Sáb, 03/08/2013 - 00:00 -- César

Evaluación crítica del modelo de propaganda de Herman y Chomsky

A Critical Evaluation of Herman and Chomsky’s Propaganda Model

Lic. Joan Pedro [C.V.] Doctorando del programa “Comunicación, Cambio Social y Desarrollo” – Facultad de Ciencias de la Información – Universidad Complutense de Madrid, UCM, España joan.pedro@estumail.ucm.es

Resumen: Este artículo repasa los cinco elementos (filtros) que componen el Modelo de Propaganda y evalúa su relevancia y validez veinte años después de su elaboración original por Edward S. Herman y Noam Chomsky. El artículo analiza después la aplicabilidad del modelo a otros contextos que no fueron originalmente contemplados y reflexiona sobre otros elementos que también tienen el efecto de filtrar la información y que, por tanto, deben tenerse en cuenta por el modelo. Por último, considera la posibilidad de añadir dos nuevos filtros propuestos por otros autores. El artículo concluye que el Modelo de Propaganda es hoy aún más válido que hace veinte años. Es una herramienta de investigación muy adecuada para el análisis de los medios de comunicación de masas, pero que, al promover un análisis contrario a los intereses de las élites, tiende a ser marginado institucionalmente.

Palabras clave: Modelo de propaganda, economía política de la comunicación, propaganda, producción comunicativa, producción de noticias.

Abstract: This article reviews the five elements (filters) which compose the Propaganda Model and evaluates its relevance and validity twenty years after its original elaboration by Edward S. Herman and Noam Chomsky. The article also analyzes the applicability of the model to other contexts which were not originally contemplated and reflects on other elements which also have the effect of filtering the information and, therefore, should be taken into account by the model. Finally, it considers the possibility of adding two new filters proposed by other authors. The article concludes that the Propaganda Model is even more valid today than it was twenty years ago. It is a very adequate research tool for the analysis of the mass media, but, since it promotes an analysis which is contrary to the interests of the élites, it tends to be institutionally marginalized.

Key Words: Propaganda Model, political economy of communication, propaganda, communicative production, news production.

Sumario: 1. Introducción. 2. La relevancia acrecentada de los filtros. 2.1. Filtro 1: La Propiedad. 2.2. Filtro 2: La dependencia de la Publicidad. 2.3. Filtro 3: El suministro de noticias a los medios de comunicación. 2.4. Filtro 4: El Flak o las contramedidas para disciplinar a los medios (los reforzadores de opinión). 2.5. Filtro 5: El Anti-comunismo como mecanismo de control (hoy, Convergencia en la Ideología Dominante). 3. Aplicabilidad a otros contextos. 3.1. Aplicabilidad a otros países del centro con democracias liberales. 3.2. El MP e Internet. 4. Otros elementos a considerar en el modelo. 4.1. El rol de los periodistas. 4.2. La audiencia. 5. Propuestas específicas de nuevos filtros. 5.1. La Tecnología como sexto filtro. 5.2. La

influencia directa o compra por parte de la élite. 7. Bibliografía. 8. Notas.

Summary: 1. Introduction. 2. The increased relevance of the filters. 2.1. Filter 1: Property. 2.2. Filter 2: The dependence on advertising. 2.3. Filter 3: The supply of news to the media. 2.4. Filter 4: Flak or the counter-measures to discipline the media.

2.5. Filter 5: Anti-communism as a mechanism of control (today, dominant ideology convergence). 3. Applicability to other contexts. 3.1. Applicability to other countries of the center with liberal democracies. 3.2. The PM and the Internet. 4. Other elements to consider in the model. 4.1. The role of journalists. 4.2. The audience. 5. Specific proposals of new filters. 5.1. Technology as a sixth filter. 5.2. The direct influence or purchase by the élite. 7. Bibliography. 8. Footnotes.

Traducción supervisada por Ibis Savio (UCM)

 

1. Introducción

Coincidiendo con el 20 aniversario de la publicación del libro Manufacturing Consent. The Political Economy of the Mass Media (1988) (traducido al castellano como Los Guardianes de la libertad. Propaganda, desinformación y consenso en los medios de comunicación de masas, 1990) de Edward S. Herman y Noam Chomsky, se ha podido constatar un resurgimiento, iniciado hace unos años, en el interés del Modelo de Propaganda (MP) en el ámbito académico. Esto es algo novedoso porque, tal y como esperaban los autores basándose en los supuestos y predicciones de su propio modelo (Chomsky, 1989) la acogida que recibió el MP tras su presentación fue en términos generales negativa. Según mostraron Herring y Robinson (2003), el MP ha sido marginado en el ámbito académico estadounidense porque éste “is very strongly disciplined by the operation of the filters outlined in the propaganda model” (aunque operan de manera distinta, según explican). Puesto que el MP tiene una perspectiva anti-élite, no resulta apto para pasar los filtros que él mismo distingue. La consecuencia es que la respuesta mayoritaria ha sido la de ignorarlo y, en segundo lugar, la de criticarlo. La mayoría de las críticas al modelo han sido de carácter vago y no han profundizado en los principios operativos del modelo, por lo que, aparte de los trabajos de los propios autores, [1] no se ha trabajado teóricamente en el perfeccionamiento científico del modelo hasta años recientes.

Sin embargo, en el cambio de siglo, [2] ha surgido un pequeño grupo de autores que, partiendo de una base teórica e ideológica similar a la de Herman y Chomsky, han trabajado por su robustecimiento, actualización, refinamiento y ampliación (por ejemplo, Herring y Robinson, 2003; Boyd-Barret, 2004; Klaehn, 2002, 2003, 2005; Cromwell y Edwards, 2006; Sparks, 2007). Aunque los investigadores que han abrazado el MP constituyan una minoría, sus reflexiones merecen una atención especial. Además, en los últimos años ha habido varias conferencias cuyo objeto ha sido debatir sobre la validez del MP en las que se han hecho aportaciones interesantes que deben ser examinadas (por ejemplo, Londres, Inglaterra, febrero 2004; Universidad de Windsor, Canadá, Mayo 2007; Sevilla, España, 2006).

Este artículo analiza la actualidad de los cinco filtros que componen el MP y da un repaso a las lagunas y posibilidades de mejora que se han señalado desde autores que trabajan desde una perspectiva social crítica y que comparten la idea de que los Medios de Comunicación de Masas (MCM) cumplen una función propagandística de servicio a las élites (entre otras funciones). Estos dos puntos permitirán alcanzar conclusiones sobre la validez del modelo en el contexto actual. Se ha decidido no incluir las críticas de autores que tienen una visión jeffersoniana de los medios de comunicación porque, al mantener que los medios actúan como un contrapoder respecto a gobiernos y corporaciones, su crítica es una enmienda a la totalidad del MP (a menudo acusándolo de teoría de la conspiración) que no permite analizar el modelo ni ahondar en sus puntos fuertes y débiles. Además, hay una gran cantidad de evidencia de que los contenidos de los MCM cumplen un papel funcional para los agentes del poder (incluidos ellos mismos).

Aunque hasta la fecha no haya habido muchas reflexiones teóricas y epistemológicas en torno al MP y los trabajos que se han servido de él como herramienta de análisis raramente han sido considerados en el ámbito mainstream, Chomsky ha señalado que “I would hazard a guess that the “Propaganda Model” is one of the best-confirmed theses in the social sciences” (Chomsky, 2002: 18). Efectivamente, las hipótesis que se desprenden de los principios del MP han sido sobradamente contrastadas, incluso, como dice Sparks (2007: 69), por parte de autores que ignoran el modelo, pero que han llegado a conclusiones muy similares. Someter un modelo a examen empírico es un paso importante para poder validarlo.

Sin embargo, también cabe estudiar la relevancia, consistencia y exhaustividad de sus principios operativos o categorías (los “filtros”), y su aplicabilidad a contextos amplios y generales (que pueda dar cuenta del mayor número posible de fenómenos que intervienen en la formación de los contenidos), puesto que se entiende que cuanto más universal sea un modelo, mayor es su validez.

 

2. La relevancia acrecentada de los filtros

En la conferencia sobre el Modelo de Propaganda en la Universidad de Windsor (Mullen, 2007), Herman afirmó que “(t)he PM is stronger now than it was twenty years ago when we published Manufacturing Consent. Each of the filters has changed, rendering them more powerful”. Puesto que según los autores, estos filtros conforman los elementos más determinantes del Sistema de Comunicación (SC), cabe analizar brevemente cada uno de ellos para medir su importancia relativa en la producción de noticias, constatar o refutar el argumento de Herman de que los filtros se han fortalecido, y contemplar la posibilidad de añadir otros filtros nuevos.

2.1. Filtro 1: La propiedad

Desde que Herman y Chomsky escribieron su libro, la industria de los medios de comunicación se ha concentrado dramáticamente debido a la lógica del mercado y al entorno de desregulación favorable que se ha promovido desde el poder político (por ejemplo, mediante la Telecommunications Act de 1996 en EEUU). Según ha documentado concienzudamente Ben Bagdikian, de 50 grandes corporaciones dominantes en el mercado de medios estadounidense en 1984 se pasó a 26 en 1987, a 10 en 1996 (Bagdikian, 1997) y finalmente a 5 en 2004 (Bagdikian, 2004). A estos Big Five cabe añadir otro grupo de alrededor de 100 “second tier firms” que operan también a nivel internacional, y que en conjunto se reparten la mayor parte de los medios de comunicación del mundo (McChesney, 2008: 318-320). La tendencia es que por la propia lógica del mercado capitalista –más aún en periodos de crisis– y por la necesidad de estas corporaciones de expandirse, de crecer y de diversificar los riesgos se produzcan más fusiones que desemboquen en una mayor concentración en el sector. Esta tendencia difícilmente se subvertirá a no ser que haya una improbable regulación política anti-concentración, puesto que las barreras de entrada económicas para poder poseer un medio de comunicación serán cada vez más elevadas. La famosa frase de A.J. Liebling de que la libertad de prensa está garantizada solamente para aquellos que la poseen, ha cobrado una mayor relevancia puesto que solamente un grupo más reducido de mega-ricos puede ser propietario.

La concentración y la conglomeración han favorecido que bajo el amparo de las políticas neoliberales se haya producido una mayor financiarización del sector de la comunicación mediante la penetración del capital bancario y financiero, con el consiguiente aumento de la presencia de directivos del sector financiero en los consejos de administración y en el accionariado de los medios. Por la necesidad de eficiencia corporativa, de desarrollar modelos de autofinanciación, de expansión y de establecer alianzas estratégicas, se han intensificado los intereses de los grupos de comunicación con el sector financiero, que ha pasado a ser un objeto informativo primario, socio industrial, cliente, anunciante y prestamista (Almirón, 2008). La tendencia hacia la financiarización es más acusada cuando mayor es el grupo, pero se trata de una realidad generalizada que se produce incluso en países que no ocupan un lugar de cabecera en el sistema mundial como es España (Almirón, 2008). Esta asociación entre los grupos de comunicación y los actores financieros y bancarios ha fomentado, como explica Almirón (2008), una mayor necesidad de rentabilidad a corto plazo y una situación de mayor inestabilidad y desfase entre los indicadores de la actividad productiva y la financiera de las compañías con su consiguiente sobrevaloración. Según esta autora, ambos factores han supuesto un aumento en los riesgos empresariales y una amenaza para los principios de responsabilidad social de las empresas de medios. En términos generales, hay que entender que un mayor rol de los actores ajenos al sector de la comunicación, que han visto en él un segmento empresarial en el que poder aumentar su riqueza, en la marcha de las empresas de medios favorece la primacía de los criterios comerciales en detrimento de los informativos.

Además de la penetración del capital bancario, hay que decir que la mayoría de medios pertenecen a conglomerados que participan en otros sectores económicos y financieros, a menudo tan controvertidos como el armamentístico, el nuclear, el petrolífero o el inmobiliario. En un contexto de globalización financiera y de concentración corporativa en un mercado poco competitivo, las relaciones entre estos grupos de medios diversificados sectorialmente, el poder político (incluido loslobbies), y las corporaciones más poderosas se ha hecho más estrecha. Estos comparten intereses directos, por ejemplo, mediante consejos de administración interconectados, alianzas estratégicas, joint ventures o acuerdos de merchandising(Mosco, 1996) e indirectos, por ejemplo, por la necesidad de que los bancos de inversión que financian parte de sus operaciones y Wall Street tengan una marcha positiva, o por la situación de connivencia tácita derivada de la dependencia de los grupos de comunicación de las subvenciones, concesiones y políticas de desregulación de los gobiernos. Además hay que añadir el habitual fenómeno en EEUU de las “puertas giratorias”, en el que miembros de uno de estos tres poderes hegemónicos pasa a participar activamente en otro(s) de los poderes. En otros países, como España, el fenómeno no es tan común, pero debido a que se trata de una élite de carácter internacional que no tiene fronteras, encontramos a ex-presidentes de gobierno como José María Aznar trabajando como asesores de News Corporation de Rupert Murdoch.

Como es lógico no se puede esperar que los contenidos informativos de estos grupos atenten contra los intereses que la empresa matriz representa. Como ha escrito David Cromwell (2002), “press freedom is limited by the simple fact that the owners of the media corporations are driven by free market ideology. How likely is it, then, that such owners would happily allow their own newspaper, radio or TV station to criticise systematically the ‘free market’ capitalism which is the source of his material wealth?” Más en particular, podemos entender, por ejemplo, que la información en los medios estadounidenses sobre el caso Enron, a pesar de ser abundante, fuese poco completa y omitiese los factores estructurales e institucionales que condujeron al escándalo porque algunos medios, como The New York Times o Viacom, tenían importantes relaciones empresariales con Enron, la cual a su vez estaba muy ligada al gobierno republicano y también a los demócrata (McChesney: 49-51).

Por tanto, estos grupos que dominan el sector de la comunicación forman parte a una reducida élite internacional que se relaciona comercial y socialmente, y que comparte intereses de clase. Aunque muchas compañías tengan su sede fuera de Estados Unidos, forman parte de núcleos de poder altamente concentrado con fuertes conexiones con la élite estadounidense, dependen en mayor o menor medida de los contenidos proveídos desde EEUU y sus formatos y contenidos tienen un gran parecido con los de este país. Como han escrito Odina y Halevi (1997: 14), “el modelo internacional dominante en el contenido de las noticias y de la información, así como en la esfera del entretenimiento es americano tanto si está producido y realizado por americanos como si no”.

Por un lado pues, existe una mayor concentración en el sector de la comunicación y más estrechas interconexiones entre los miembros de la élite con dicho sector. Pero además este primer filtro se ve fortalecido por otro factor: La necesidad de maximizar el beneficio y la consiguiente reducción en los recursos económicos y humanos necesarios para producir información se acrecentará necesariamente en el actual periodo de crisis y desarrollo capitalista. Tras su reciente adquisición de Tribune Company, el magnate Samuel Zell resumía acertadamente la visión empresarial predominante al decirle a sus nuevos periodistas que “he didn’t have an editorial agenda or a perspective ‘about newspapers’ role as civic institutions. I’m a businessman. All that matters in the end is the bottom line’” (citado en Moyers, 2008: 7). En periodos de crisis económica generalizada y de crisis en la prensa, la tendencia es a reducir gastos y riesgos por lo que cabe esperar una mayor supresión de los contenidos que no proporcionan un beneficio elevado a corto plazo, una mayor búsqueda de los que no resulten polémicos para los financiadores (los anunciantes privados y públicos, y, en menor medida, al público objetivo) y la disminución de información de interés para sectores de la población que no pertenecen al target. Si en periodos de bonanza económica para las compañías de medios, como las décadas de los 80 y de los 90, se redujeron los recursos económicos (McChesney: 123), más lo harán en el futuro.

Según el “Report from the Project of Excellence in Journalism”, en términos generales, la lucha entre los idealistas y los contables en los medios de comunicación ha terminado con la derrota de los primeros (citado en McChesney: 119). Como consecuencia, bajo la preponderancia de los imperativos comerciales, la disminución en la calidad periodística de los medios de comunicación dominantes se ha convertido en uno de los mayores problemas del sector. [3] Las decisiones en función del marketing han cobrado una mayor importancia por lo que también cabe considerar el factor tiempo como un elemento que ha adquirido relevancia. Los medios de comunicación siguen el principio de la ley del liderazgo, de las 22 leyes inmutables del marketing de Al Ries y Jack Trout, que sentencia que “es mejor ser el primero que ser el mejor” (Ries y Trout, 2004), con lo que, junto a las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, se ha impuesto una gran urgencia informativa, que favorece, por una parte, que una gran cantidad de información sea transmitida en tiempo real y, por otra, la necesidad de informar rápidamente sobre un suceso antes de que la competencia lo haga. Aunque este tipo de información permite a los receptores estar informados al momento, también aumenta la dependencia de las fuentes oficiales, disminuye las posibilidades de contrastar la información y, en general, acrecienta los problemas informativos derivados de lo que Bourdieu llamaba la actualdependecia (Bourdieu, 1997).

Algunas de las consecuencias de la concentración de medios privados interconectados con el poder político y el poder económico, y de la necesidad de aumentar el beneficio ya observables, pero que seguramente se intensificarán en el futuro, son la reducción de corresponsales en el extranjero (McChesney: 103-104, 119-120) la disminución del capital destinado al periodismo de investigación (McChesney: 41-43), el aumento de las soft news en detrimento de las hard news(Gans, 2003: 28), el “desempoderamiento” de los periodistas (Gans: 21-35), la aparición de los periodistas ”multiusos” (Klinenberg, 2000), la sobresimplificación del contenido (Jamieson, 2000), el infotenimiento (Thussu, 2008), la ruptura de la separación entre la “iglesia” (la parte editorial) y el “Estado” (la parte empresarial) (Gans: 24), etc., y ha ayudado de manera significativa a que la producción del enorme y organizado aparato de relaciones públicas de las corporaciones (Dinan y Miller, 2007) y de propaganda de los gobiernos (Miller, ed., 2004) se hayan convertido en unas de las fuentes de información más importantes para los medios.

Estos aspectos de la dimensión Propiedad del Modelo de Propaganda son de gran importancia en la producción de información que satisface los intereses de las élites y cabe tenerlos en cuenta conjuntamente para el análisis de los medios.

Por una parte, permite entender cómo la presión comercial conduce hacia la restricción de los límites discursivos y la marginación de los elementos disidentes. Sin embargo, también permite entender que ciertas voces alternativas tengan espacio porque ese tipo de información puede tener un alto valor económico directo o indirecto. Hay algunos periodistas y comentaristas lo suficientemente prestigiosos, como Robert Fisk o Seymour Hersh, como para ser leídos ampliamente en los medios mainstream. Es decir, que hay una audiencia progresista que hace rentable la información que se aparta de la línea predominante. Además esta información sirve funcionalmente a los medios para aparentar ser más plurales. O sea, que de vez en cuando, hay información alternativa que pasa el sistema de filtrado porque, al fin y al cabo, resulta útil y funcional en pequeñas cantidades para el objetivo económico último de las empresas mediáticas. El modelo de filtración planteado por Chomsky y Herman entiende así que este tipo de contenidos que sobrepasan el espectro informativo consuetudinario pasen en pequeñas dosis a la palestra pública.

No obstante, el MP no se centra exclusivamente en este aspecto económico de los medios. La connivencia entre el poder mediático, económico y político también permite entender otras dimensiones de la producción de información. Así, en muchas ocasiones se observa que contenidos o programas de éxito comercial han sido víctimas de la presión corporativa y política, como el caso del documental ganador de un Oscar Taxi to the Dark Side de Alex Gibney que no fue emitido por Discovery Channel como estaba previsto porque “el contenido polémico de la película podría perjudicar la oferta pública del canal” (Democracy Now!, 2008); de la cancelación del exitoso programa español Caiga quien Caiga, muy crítico con el gobierno de Aznar, a finales de 2002 tras la ampliación de capital de Silvio Berlusconi (Labio, 2006: 47; 113); o de la dificultad para los programas de radio progresistas en EEUU de mantenerse en el aire a pesar de sus elevados índices de audiencia (Kimberley, 2000).

En un sentido similar, el Modelo de Propaganda permite entender también que suela producirse una mayor amplitud en los puntos de vista reflejados en los medios comunicación en el tratamiento de asuntos en los que las élites están menos implicadas, en los que existen divergencias entre éstas (los medios tenderán a dar cobertura a todas las posiciones de las élites), y cuando hay una opinión pública informada y opositioria.

Se puede concluir que este primer filtro de la propiedad de los medios de comunicación, objeto de mucho análisis por parte de los economistas políticos de la comunicación, es el más relevante y que los demás filtros se desprenden de una manera u otra de éste, por lo que deben analizarse individualmente, pero también en el contexto de este primer filtro.

2.2. Filtro 2: La dependencia de la publicidad

Este segundo filtro está estrechamente relacionado con el primero, pues el sustento económico principal de la mayor parte de los soportes mediáticos está en el pago de publicidad por parte de los anunciantes. Aunque para el análisis de algunos estudios de caso particulares puede ser difícil medir el papel específico que cumple este segundo filtro, la influencia directa e indirecta de los anunciantes ha sido sobradamente contrastada. Los trabajos, por ejemplo, de Erik Barnouw, (1978), y de Joseph Turow (1997) son de un gran valor. Pero, sobre todo, ha sido de especial influencia el trabajo de Ben H. Bagdikian (1997; 2004),documentando la larga historia de la influencia de las corporaciones anunciantes y de casos en los que han retirado la publicidad cuando los contenidos eran demasiado “controvertidos”.

En el actual proceso de globalización capitalista, la concentración del sector mediático se ha producido paralelamente al aumento del capital invertido en publicidad, a la disminución del número de firmas anunciantes y a la consolidación de menos de 10 grandes agencias de publicidad dominantes. Según recogió McChesney de The Economist, tres cuartos de la inversión global en publicidad va a parar a unas 20 compañías de medios (McChesney: 317). Se ha producido pues, un fuerte proceso de concentración de capital y de poder, intensificado por la baja competencia de los mercados mediáticos que favorece una mayor influencia de las corporaciones que financian a los medios. La relación de dependencia recíproca no ha hecho más que estrecharse ya que la viabilidad de las empresas de comunicación depende cada vez más de la viabilidad de las más grandes corporaciones del paneta, por lo que se hace cada vez más difícil informar sobre cuestiones que van en contra de los intereses de élite que éstas representan. Tanto los conglomerados mediáticos como las corporaciones de otros sectores han sido los actores principales y los grandes beneficiados del proceso de globalización capitalista, por lo que la tendencia a favorecer las políticas (comerciales y de otros tipos), valores e ideología propios de la globalización ha sido constante, a pesar de sus consecuencias globales negativas.

La importancia de no morder la mano que te da de comer, como se dice coloquialmente, no debe ser menospreciada y su efecto es bien visible en los contenidos de los medios, tanto en la gran cantidad de información funcional para la procreación del status quo, como en la supresión de la información que no satisface las necesidades de las corporaciones de construir una imagen pública positiva, y en la transmisión de unos valores y un marco axiológico comerciales que favorecen una atmósfera adecuada en la que poder vender los productos.

Tal y como se decía anteriormente, en una época de crisis la necesidad de obtener un beneficio elevado y reducir costes es más acentuada por lo que también lo es la predisposición a atraer a los anunciantes, aunque ello conlleve riesgos para la calidad del medio. Junto a esto, el desarrollo del marketing y de las nuevas tecnologías ha favorecido el aumento de la presencia, explícita o no, de las corporaciones en los medios a través de contactos habituales con los periodistas, del pago por product placement (que también puede ser digital) y de los advertorials, o de la elaboración de reportajes y videos desde los departamentos de relaciones públicas que proveen a los medios de información barata (respecto a la penetración de los videos de relaciones públicas en la televisión estadounidense, ver Farsetta y Price, 2006).

También hay que considerar la comercialización de los contenidos y la exclusión de información y programas que no se adapten a esta lógica, por la necesidad de alcanzar grandes audiencias y/o audiencias con un poder adquisitivo y unas características psicodemográficas adecuadas para formar parte del público objetivo de los anunciantes. Según los supuestos del MP hay que entender que la información que se publica o emite diariamente está moldeada por los cinco filtros interactuando y reforzándose entre sí, por lo que resulta coherente afirmar que un efecto visible consistente con la influencia de este filtro, aunque en combinación con los demás, es la drástica disminución en las noticias que versan sobre asuntosobreros a favor de una gran presencia de las noticias empresariales (McChesney: 47).

Por último, la nueva cultura de gratuidad en Internet y de periódicos impresos gratuitos ha provocado una mayor dependencia de la publicidad y, debido a las posibilidades tecnológicas, mayores posibilidades mercadotécnicas y comerciales para las corporaciones (más adelante se analizarán los cambios que ha supuesto Internet y cómo afectan a la validez general del MP).

2.3. Filtro 3: El suministro de noticias a los medios de comunicación

Como explicaron Herman y Chomsky (1988), tanto por tener que ahorrar costes como por la estrecha relación de los medios con los sectores político y corporativo, en el nombrado contexto de urgencia informativa y presión en los plazos, las redacciones periodísticas padecen una intrínseca dependencia informativa en las fuentes oficiales. Estas fuentes oficiales que pertenecen a instituciones de élite cuentan con sistemas de producción de información interesada muy desarrollados y son cuestionadas muy raramente, sobre todo porque los medios dependen de éstas para sus contenidos y función empresarial, les conceden autoridad y legitimidad, y deben presentar la información objetivamente. Por el contrario, las fuentes que provienen de sectores marginales reciben poca cobertura y son tratadas con escepticismo, por lo que las élites constituyen el principal grupo que establece la agenda de temas a tratar y el tono.

Con el aumento de fenómenos como la concentración y comercialización mediática (con los efectos antes descritos), de organización, capacidad y capital destinado por parte de los gobiernos y las corporaciones para proveer material informativo, y el desarrollo de los Think tanks, lobbies y organizaciones e instituciones empresariales, no hay duda de que la relevancia de este tercer filtro también ha aumentado.

Un estudio reciente de la Universidad de Cardiff (Franklin, Lewis, Mosdell, Thomas y Williams, 2008), encontró que un 19% de los artículos de prensa británica y un 17% de las noticias de televisión que analizaron provenían completa o mayoritariamente de material de relaciones públicas. El estudio también muestra que este material “often finds its way into news via agency copy, which many journalists often see as an authoritative source. This means that the heavy reliance on the wires and other media (47% of press stories rely wholly or mainly on wire copy and other media) is, in effect, a conduit for further PR influence on news”. En total, el “60% of press articles and 34% of broadcast stories come wholly or mainly from one of these ‘pre-packaged’ sources”. El estudio también muestra una consecuencia importante de la constricciones que se han producido por el fortalecimiento de los imperativos corporativos y que afecta a la dependencia en esas fuentes: “(w)hile the number of journalists in the national press has remained fairly static, they now produce three times as much copy as they did twenty years ago”. Estos datos son consistentes con los hallazgos de Nick Davies (2008) que explica el aumento en las distorsiones, propaganda o lo que él llama “Flat Earth News” en los medios británicos, esencialmente a partir de que hay menos trabajadores y recursos para producir más historias en un contexto de necesidad de producción continua. Esta presión comercial hace que los periodistas no tengan tiempo para poder contrastar las fuentes y las historias.

La presencia de las relaciones públicas no es el único fenómeno, sino que se produce en el marco general de dependencia en las fuentes oficiales. Sin necesidad de recurrir a costosas campañas de influencia, el sector corporativo tiene acceso regular a los medios como palestra desde la que expresarse. Por ejemplo, un estudio de Media Tenor Ltd. encontró que es 35 veces más probable escuchar en la televisión estadounidense a representantes de las corporaciones que a representantes obreros (Howard, 2002).

Tanto el sector corporativo como los gobiernos han demostrado una gran voluntad y éxito en el control de la información que se hace pública. En el ámbito político, el interés en controlarla en el contexto de guerra queda muy claro en el documento descalificado del Departamento de Defensa estadounidense “Information Operations Roadmap” (2003), que afirma que “The importance of dominating the information spectrum explains the objective of transforming IO into a core military competency on a par with air, ground, maritime and special operations”.

En el caso de la guerra en Irak, una de las razones principales del seguidismo de los medios estadounidenses respecto al gobierno republicano fue precisamente su dependencia acrítica en unas fuentes oficiales que participaban en una campaña de desinformación y la marginación de las voces anti-bélicas. El caso de los periodistasembedded, ha sido posiblemente uno de los más paradigmáticos: Al inicio de la guerra en marzo de 2003 había un total de 775 periodistas de este tipo en Irak que se dedicaban a transmitir la versión de los militares (Powell, 2004). También el de Judith Miller cuya información falsa que publicó en The New York Times proveniente de Ahmed Chalabi (lider el grupo Iraqi National Congress (INC), apoyado y dirigido por el gobierno y el pentágono estadounidense para promover el cambio de régimen de Irak), fue utilizada como argumento por parte del gobierno de Bush para invadir Irak (para un análisis más detallado, ver Boyd-Barret, 2004). Además de estos ejemplos, los datos sobre las fuentes rutinarias empleadas confirman la importancia de este filtro en la cobertura de la guerra. Según un estudio realizado por FAIR en octubre de 2003, los antiguos o actuales oficiales del gobierno y del ejército constituían el 76% de las 319 fuentes de las noticias sobre Irak en los canalesnetwork (Whiten, 2004). El recurso a este tipo de fuentes, que raramente son cuestionadas, ha supuesto la transmisión de facto de la propaganda pro-bélica.

Según ha documentado el Center for Public Integrity (2008), el presidente Bush y otros siete altos oficiales de su Administración realizaron 935 comentarios falsos que formaban parte de una campaña de desinformación bien orquestada sobre la amenaza que suponía Irak. El estudio muestra también que “much of the wall-to-wall media coverage provided additional, ‘independent’ validation of the Bush administration’s false statements about Iraq”.

La capacidad de las élites políticas y económicas para definir lo que es noticia no sólo ha aumentado, sino que ha tenido unas consecuencias gravísimas, por lo que la relevancia de este filtro no puede ser cuestionada. Pero, creo que es interesante llevar a debate y análisis la sugerencia de Boyd-Barret (2004) de contemplar la posibilidad de englobar la dependencia de las fuentes oficiales en un filtro más general de rutinas periodísticas como sería el profesionalismo periodístico. Mi idea es que el profesionalismo periodístico es un elemento importante a analizar en la aceptación habitualmente acrítica de las fuentes oficiales, pero no es el principal, puesto que la necesidad de bajos costes y las interconexiones con los otros poderes son los dos factores principales. No creo que el profesionalismo sea una categoría más amplia, en la que cabe integrar este tercer filtro del MP, sino que más bien debe ser analizado como una subsección en cada uno de los otros filtros, como creo que entienden Herman y Chomsky, o como un filtro “optativo” de menor relevancia.

Como es sabido, el profesionalismo surge cuando, a mediados del siglo XIX se pasa de una prensa partidista y política a una prensa comercial cada vez más concentrada en manos de propietarios muy ricos, para no aparentar que servía a los intereses de clase de los dueños (McChesney: 26-30). Debido a la influencia descrita en los dos primeros filtros del MP, el mantra periodístico desde entonces ha sido el de la objetividad y el de la independencia de los periodistas.

Este profesionalismo otorga una autonomía relativa a los periodistas, lo cual es consistente con los supuestos del modelo de Herman y Chomsky, pero además hay tres sesgos profundos que forman parte del código periodístico de profesionalismo (McChesney: 26-38) y que también son consistentes con el modelo: en primer lugar, las fuentes oficiales son consideradas las fuentes legítimas para la producción de noticias; en segundo lugar, el periodismo profesional tiende a evitar la contextualización; y por último, en lugar de ser políticamente neutrales y objetivos, los medios transmiten valores positivos para los objetivos comerciales de los dueños, de los anunciantes y también para los objetivos políticos de la clase propietaria.

Como se decía antes, el código del profesionalismo contribuye a que los periodistas traten a las fuentes oficiales como legítimas y como las primeras que deben recibir atención ya que éstas ostentan posiciones de responsabilidad y autoridad, y en el caso de los gobiernos han sido elegidos democráticamente, pero hay una necesidad estructural más profunda de que sea así, independientemente del código, por el efecto de los dos primeros filtros. Pero además, también se explica por el temor a las reacciones por parte de las instituciones de élite que forman parte del cuarto filtro (los reforzadores de opinión) y por la propia ideología y valores en los que se han socializado los periodistas, lo que correspondería al quinto filtro (ideología dominante).

El profesionalismo también permite entender que, bajo el imperativo de objetividad, resulta difícil poder contextualizar la información y dar un cuadro completo de la situación. Además, como dice McChesney (33):

The way to assure that news selection not be perceived as ideologically driven is to have a news hook or news peg to justify a news story. If something happens, it is news. This meant that crucial social issues like racism or environmental degradation fell through the cracks of journalism unless there was some event (…) to justify coverage, or unless official sources wanted to make it a story”.

Pero una vez más, estas características de los medios también se explican por el efecto que se deriva de los componentes del MP: Por la brevedad informativa debida a los imperativos comerciales, por el poco tiempo del que disponen los periodistas, por no molestar a los agentes del poder, etc.

El criterio de objetividad también lleva a los periodistas a presentar las dos caras de un asunto, es decir lo que dicen los distintos segmentos de la élite implicados. Como se decía, el primer problema surge por la escasez de representación de las fuentes alternativas, pero además, puesto que el código obliga a los periodistas a esconder sus valores y opiniones, los medios se dedican simplemente a presentar estos puntos de vista y no a evaluarlos o explicar las implicaciones de cada uno, ni a comprobar quién dice la verdad y quién está mintiendo. En casos en los que las élites están unidas, la visión de éstas acaba por imponerse por la ausencia de evaluación crítica y de fuentes alternativas.

Por último, cumplir estrictamente el criterio de objetividad es imposible. Más bien, los valores e ideología de los periodistas y editores tienen que afectar necesariamente a la selección y elaboración de las noticias. Éstos tienden a compartir los valores corporativos y de marca de su compañía, así como otros valores complacientes con las visiones de la élite que han interiorizado al tener que trabajar bajo los constreñimientos de los filtros. Aunque no es mecánico y hay excepciones, el marco de valores y prioridades de los periodistas lleva, en términos generales, a transmitir el abanico de opiniones de las élites y a no cuestionarlas. Pero estos valores están más relacionados con los requisitos de trabajar en un gran medio de comunicación corporativo y en el proceso de socialización que se produce para poder progresar en él. Tener que seguir el código del profesionalismo tiene que ver esencialmente con la dimensión comercial y la concentración de los medios de comunicación privados, pues por eso se inventó.

Creo que el fenómeno del profesionalismo debe ser analizado dentro de cada uno de los filtros pues se deriva de ellos. Este análisis tiene especial interés dentro del filtro Suministro de noticias para poder explicar algunos factores que influyen en la conducta de los periodistas y en el trato y aceptación que se les da a las fuentes oficiales. También puede utilizarse como un filtro optativo de menor importancia que sirve para profundizar en otros aspectos de la conducta mediática, pero en ningún caso creo que pueda considerarse una categoría más amplia en la que integrar el tercer filtro. Lo que explica la dependencia en las fuentes oficiales son los demás filtros, mientras que el profesionalismo es un código axiológico, normativo y conductual de adaptación a los constreñimientos de los filtros. Esto se puede ver también en el hecho de que en muchos países, a pesar de que el profesionalismo periodístico no está tan asentado como en los países anglosajones, los problemas derivados de este tercer filtro también son notorios.

2.4. Filtro 4: El Flak o las contramedidas para disciplinar a los medios (los reforzadores de opinión)

Desde 1988 cuando Herman y Chomsky escribieron su libro, se ha desarrollado la voluntad y capacidad de los agentes de la élite de controlar la información. Como se decía antes, aunque cabría esperar un cierto nivel de variedad y disidencia en los medios del capitalismo formalmente democrático (por razones de rentabilidad, de tener que ofrecer productos que satisfagan a una audiencia más progresista, de mantener una apariencia democrática y de diversidad, etc.), hay otros elementos como la acción de respuesta organizada de las corporaciones y los gobiernos, que imponen limitaciones en el tipo de información que se hace pública.

Los mecanismos mediante los cuales disciplinar a los medios que utilizan estos actores “pueden adoptar la forma de cartas, telegramas, llamadas telefónicas, instancias, pleitos, discursos e interpelaciones al congreso, y otros mecanismos de queja, amenaza y acción punitiva” (Chomsky y Herman, 1990: 69). Estas contramedidas tienen un doble efecto: En primer lugar, actúan como un elemento de amenaza previa a la publicación de artículos. Si un periodista o editor está pensando en publicar información que puede ser recibida negativamente por las élites, resulta lógico no continuar con ello para no tener que enfrentarse a un sistema organizado y poderoso de contramedidas. En segundo lugar, si la información sale a la luz, su veracidad y credibilidad será atacada con lo que el efecto de estas noticias incómodas en la sociedad puede ser neutralizada. En términos más generales, la consecuencia de estas presiones por parte de entes poderosos ha sido la derechización de los medios que temen ser acusados de antipatriotas, de izquierdistas o de no atacar suficientemente a los regímenes totalitarios.

El contexto de patriotismo exagerado y de guerra contra el terror promovido tras los atentados terroristas del 11-S, junto a las ideas ya establecidas del fin de la historiay de las guerras humanitarias han creado un ambiente propenso para seguir la línea oficial y unas mayores posibilidades de sancionar de una manera falaz y maniquea, pero efectiva, las opiniones que se desvíen del discurso predominante o las que lo cuestionen. Esto ha sido un factor muy importante en la cobertura de las guerras de Afganistán e Irak. Por ejemplo, el ahora ex-Chairman y Chief Executive Officer deCNN, Walter Isaacson, reconoció tras varias preguntas de Bill Moyers que cuando presentaban la muerte de civiles afganos, el gobierno y “big people in corporations were calling up and saying, ‘You’re being anti-American here.'” Isaacson explica que tras el 11-S se creó “almost a patriotism police” que les influyó para que no cuestionasen la línea oficial del gobierno. De hecho, esto llevó a Isaacson a enviar a sus empleados un memorándum que decía que “It seems perverse to focus too much on casualties or hardship in Afghanistan” y ordenó equilibrar las imágenes de daño civil con imágenes del 11-S (Moyers, 2007).

Incluso cuando la audiencia y los beneficios son elevados, en muchas ocasiones la importancia política prepondera. El caso de Phil Donahue en MSNBC ejemplifica perfectamente este caso. Como ha dicho Greg Mitchell (2008), “Phil was really their star before the war. And he actually took the radical position of occasionally having antiwar people on (…). And because of that, he was accused of being insufficiently patriotic, and so he was, shortly thereafter, was (sic) let go at the network, even though his ratings were higher than anyone else. Un memorándum filtrado por NBC explicaba en términos ideológicos los problemas con el programa de Donahue: presentaba una “difficult public face for NBC in a time of war… He seems to delight in presenting guests who are anti-war, anti-Bush and skeptical of the administration’s motives.” (Greenwald, 2008).

No sólo las corporaciones y los gobiernos ejercen su influencia sobre los periodistas y editores mediante el flak, sino que también los propios grupos de comunicación han hecho uso de su mayor poder para silenciar a los elementos disidentes y promover una cultura mediática pro-establishment, acompañada de argumentos sobre la independencia y buen hacer periodístico. En primer lugar, es de destacar, como ha documentado minuciosamente Eric Alterman (2003), la importante campaña conservadora general, pero con una gran participación de los medios de derechas, contra los “liberal media”, que ha fomentado la derechización del espectro informativo y la reticencia a no seguir la línea oficial por temor a las acusaciones de anti-patriotismo, anti-americanismo (también anti-españolismo, etc.) o izquierdismo. Del asentamiento de esta situación, entre otros factores, se deriva un segundo factor que es el fortalecimiento de la tendencia de los medios a desestimar las acusaciones de que sirven funcionalmente a los agentes del poder. Cuando el antiguo secretario de prensa de la Casa Blanca Scott McCellan acusó al gobierno de Bush de manipular deliberadamente al público para poder invadir Irak y a los medios de ser “complicit enablers”, la reacción mayoritaria, tanto del gobierno como de los medios de comunicación fue la de rechazar sus argumentos de entrada y criticarle personalmente (Crommwel y Edwards, 2008; FAIR, 2008).

Otra tendencia similar en la industria de medios es la desacreditación de los periodistas del sector que se oponen a las políticas de las élites. El caso de John Pilger, es notorio ya que incluso se ha creado el verbo “to pilger” o “pilgerize” para referirse a una manera sensacionalista, distorsionada y propagandística de izquierdas de presentar la información. Según Chomsky, el término fue “invented by journalists furious about his incisive and courageous reporting, and knowing that the only response they are capable of is ridicule” (Chomsky, 2005). También el de Naomi Klein, quien ha sido duramente criticada, entre otros, por The Economist yThe New Republic con el objeto de desacreditar sus libros de denuncia. Como saben los periodistas anti-establishment, el fenómeno es generalizado.

Con el advenimiento de Internet han surgido nuevas dimensiones del Flak. Como señaló Herman en la Universidad de Windsor (Mullen, 2007), se ha producido una “growing influence of right-wing bloggers as flak agents [see Eric Boehlert (2006) Lapdogs, Free Press]”. Además, muchos periodistas han optado por expresarse a través de sus blogs u otros sitios de Internet, algo que no suele ser del agrado de los directivos de los medios, como muestra el hecho de que el periodista y productor deCNN Chez Pazienza fue despedido por el hecho de tener un blog (Pazienza, 2008). En España, también se ha podido constatar la voluntad de los grandes medios de disciplinar a los periodistas independientes que publican habitualmente en Internet. Por ejemplo, El periódico El País amenazó legalmente al periodista Pascual Serrano, para que retirase del sitio informativo no corporativo y de mucho éxito Rebelión.org un texto crítico con un artículo de Vargas Llosa publicado en el periódico, por violar los derechos de copyright. El artículo, que fue publicado en otros Webs con menor índice de lectura de los que no se pedía que fuese retirado, solamente contenía una cita del artículo, por lo que, como afirmó la abogada de Serrano y casi todo el mundo sabe, el artículo se acogía legalmente al derecho de cita (Serrano, 2007).

El ambiente ideológico general y la fortaleza de las instituciones de élite para defenderse hacen constatable una línea general de intimidación directa e indirecta de los grandes poderes cada vez más contundente y diversificada por tratar de marginar las opiniones que atentan contra sus intereses.

2.5. Filtro 5: El Anti-comunismo como mecanismo de control (hoy, Convergencia en la Ideología Dominante)

Como escribió McChesney (1989), “The final filter is the ideology of anticommunism, which is integral to Western political culture and provides the ideological oxygen which makes the propaganda model operate so vigorously”.

Hoy, la influencia del anti-comunismo ha disminuido por la desintegración de la Unión Soviética, pero sigue teniendo cierta relevancia, tanto por el auge del llamado Socialismo del Siglo XXI, como por utilizarse como recurso para desacreditar a las voces discordantes y a desechar todo lo que pueda acercarse a un izquierdismo radical o aquello que simplemente se desvía de la visión de Washington.

Creo que es más apropiado hablar de Convergencia en la Ideología Dominante. Como se ha visto en el análisis de estas páginas, la ideología dominante cumple un papel importante en cada uno de los filtros anteriores, naturalizando y promoviendo un tipo de información coherente con los intereses de las élites. La ideología dominante es siempre flexible ya que las élites la van transformando en función de sus intereses. Por eso, es mejor utilizar una categoría amplia en la que quepan las variaciones ideológicas que se producen en el discurso intelectual, académico y político dominante. Así, se entiende que lo que recientemente era una creencia absoluta en “el milagro del mercado”, ahora haya sido substituida por una defensa del “socialismo para los privilegiados”, aunque no sea expresada en esos términos.

La ideología dominante está instaurada en el seno del periodismo, lo que proporciona una base moral, ideológica, normativa y de actuación que hace que la propaganda a favor de “nuestro bando” (definido por las élites) parezca legítima y necesaria.

Permite así, presentar una versión de la realidad maniquea y dicotomizada entre buenos y malos, en la que se utiliza una distinta vara de medir la conducta de cada uno. La Guerra contra el Terrorismo o el Anti-terrorismo constituye uno de los elementos de la ideología dominante más relevantes hoy, ya que permite esa división del mundo muy entroncada en la idea de Choque de Civilizaciones y de la superioridad moral de Occidente para intervenir en otros países en pos del bienestar de la población mundial. La categoría es lo suficientemente amplia y difusa como para poder englobar a cualquier enemigo oficial y poder justificar guerras y sanciones contra los enemigos, la violación del espacio aéreo de otros países o programas de seguridad y espionaje intrusivos, por poner sólo algunos ejemplo. En términos generales, el concepto de terrorismo es un cajón de sastre amplio en el que se puede insertar a la mayoría de países enemigos y movimientos sociales contestatarios y que, presentándose como una amenaza global permite recurrir al miedo para movilizar a la población en torno a unos objetivos aparentemente legítimos. Así, el nuevo enemigo, representado por el terrorismo islámico internacional, se está instrumentalizando, como se ha hecho con otros enemigos, para justificar acciones y políticas de índole hegemónica.

La influencia de esta convergencia ideológica en torno a la lucha contra el terrorismo ha sido notable en la cobertura de la guerra contra Irak. Richard Falk y Howard Friel (2004) han mostrado una de las consecuencias de los dobles estándares para medir las acciones de los otros y de las nuestras: Ni un solo editorial de The New York Times durante la invasión ocupación de Irak mencionó el derecho internacional o la Carta de Naciones Unidas. Como espera el Modelo de Propaganda, el derecho internacional es aplicable para los casos de crímenes cometidos por los enemigos, pero tiende a ser omitido para los nuestros. Su libro también muestra que, incluso en un contexto en el que se podía recurrir a fuentes oficiales contrarias a la guerra, elTimes optó por ignorar y deformar los hallazgos de El Baradei y el Organismo Internacional de la Energía atómica sobre la ausencia de armas o programas nucleares (para otro análisis que muestra cómo las fuentes oficiales contrarias a la guerra fueron marginadas en los medios estadounidenses, ver Boyd-Barret, 2004).

Estos elementos interactuando y reforzándose entre sí constituyen el Modelo de Propaganda y pretenden abarcar los factores estructurales subyacentes más relevantes bajo los que los medios de comunicación operan. Como han señalado los autores (1988), el modelo, no pretende explicarlo todo, sino que se trata de un marco general desde el que poder entender y analizar los medios, que necesita ser expandido o matizado según cada caso particular. Un modelo es una representación de una parte de la realidad por lo que necesariamente tiene que ser una simplificación. Igual que otros modelos nomotéticos, el MP no abarca todos los elementos participantes, pero se compone de unos elementos que, según los autores, son los que tienen una mayor incidencia en la producción de noticias. Según lo expuesto antes, los cinco filtros determinan en buena medida la producción de noticias, por lo que creo que deben ser considerados elementos obligatorios del modelo en los que poder englobar otros fenómenos y procesos relevantes –como el profesionalismo periodístico analizado antes brevemente– en los que hay que profundizar para poder entender mejor la producción de noticias.

Al mismo tiempo, es necesario, como han sugerido algunos autores, considerar, en primer lugar, la amplitud de su aplicabilidad para los medios de países distintos a EEUU (donde centraron Herman y Chomsky su análisis) y en el contexto de Internet; y en segundo lugar, la posibilidad de añadir nuevos filtros que se correspondan con otros factores causales que determinen en una medida similar a los cinco del modelo la función propagandística de los medios.

 

3. Aplicabilidad a otros contextos

3.1. Aplicabilidad a otros países del centro con democracias liberales

En este artículo me he referido en particular a los medios de EEUU, España y Reino Unido, con los que estoy más familiarizado, pero el MP ha sido probado empíricamente con éxito además de en estos países, al menos, en Canadá, Australia, Francia, Holanda y distintas partes de América Latina.

Los filtros del MP se corresponden con la estructura institucional y organizacional de los medios de comunicación de los países liberales del centro, los llamados países desarrollados. Como han señalado Herman y Chomsky (1990: 353), existen importantes diferencias entre los medios de su país y los de otros que, en general, hacen que en EEUU haya una mayor estrechez del universo discursivo. Sin embargo, a un nivel estructural y organizativo básico, los medios de otros países occidentales operan bajo las restricciones de los elementos que componen el MP. En EEUU, como centro hegemónico del sistema mundial en el que el capitalismo y los mecanismos de poder están más desarrollados, la influencia de estos filtros es mayor, pero en otros países también se produce.

En muchos países hay una mayor variedad de soportes, pero como se explicaba anteriormente, la concentración de medios es un fenómeno global, con fuertes conexiones entre las élites mediáticas, políticas y económicas del centro y la periferia. La mayoría de medios también viven de la publicidad, recurren habitualmente a las fuentes oficiales, son sometidos a contramedidas de los poderosos y trabajan bajo los parámetros de la ideología dominante.

Sin lugar a duda, el desarrollo y la fuerza de estos filtros es menor en lugares como Europa, pero su efecto también es visible en los contenidos informativos. Hay una serie de factores específicos como un contexto cultural e ideológico y una cultura periodística más abiertos, un mayor interés de la población en la política, la existencia partidos de izquierda representados en las instituciones o una mayor competencia en los mercados de periódicos (Sparks, 2007: 77), que permiten una mayor amplitud. En general, hay una mayor diversidad en los países con una tradición socialdemócrata que en EEUU, pero tras la ofensiva ideológica global a favor del libre mercado y de la concentración y conglomeración de los medios, en muchos países se ha asentado un importante sesgo liberal (en el sentido europeo, no de progresista) en los medios de comunicación. En España, como ha mostrado Vicenç Navarro (2007), el dominio del pensamiento liberal es patente incluso en los medios de tradición socialdemócrata como El País.

Hay que tener en cuenta además, que en la mayor parte de conflictos y políticas globales el principal actor es EEUU. Los medios de otros países pueden ser más abiertos tratando este tipo de información o criticando al gobierno estadounidense por varias razones como, por ejemplo, porque no es tan necesario convencer a la población, porque los intereses de los gobiernos y corporaciones de esos países no son tan importantes, o porque la población tiene una imagen negativa de los gobiernos estadounidenses conservadores. Sin embargo, cuando los intereses en juego son realmente importantes para la élite nacional e internacional, la operación de los filtros es mayor por lo que la diversidad también se contrae.

Asimismo, hay que considerar la existencia en muchos países de un servicio público informativo potente. En primer lugar, hay que decir que el Modelo de Propaganda no es aplicable a los medios públicos, pero eso no significa que no cumplan una función propagandística para las élites, sino que operan de una manera algo distinta. Alex Doherty (2005) ha mostrado que el epítome de los servicios públicos audiovisuales, la BBC, está constreñida por un conjunto de filtros similares a los que propone el MP que promueven su servicio de legitimación de la élite. En segundo lugar, es importante resaltar que los medios públicos tienen una mayor vocación pluralista y democrática, pero aunque gocen de elevadas audiencias la mayor parte del espectro mediático está copado por medios privados, con lo que la validez del MP como marco general para entender los sistemas de comunicación preponderantes en estos países no disminuye.

Se puede concluir que el proceso de filtración también se produce en los países con unos medios de comunicación mayoritariamente privados operando en un sistema de libre mercado guiado, aunque las constricciones que se producen son menores porque los filtros están menos desarrollados que en EEUU y existe una ambiente político, cultural e ideológico algo más abierto. Esto corrobora la coherencia del MP, ya que muestra que hay una relación causal entre una menor consistencia de los filtros y un espectro de opinión algo más amplio y variado.

3.2. El MP e Internet

Con la emergencia de Internet es coherente preguntarse si el MP puede explicar su funcionamiento y contenidos. Para responder a esto hay que tener en cuenta dos dimensiones.

En primer lugar, las características de Internet permiten pensar un modelo de medios muy distinto al que existe en la radio, los periódicos o la televisión. De hecho, Internet es la plataforma donde los medios de comunicación no corporativos con perspectivas críticas y de cambio social han podido desarrollarse y crecer. Por lo tanto, como ha dicho Herman (University of Windsor, 2007) “(t)he rise of the Internet potentially challenges the model”. Pero aunque Internet permita una gran libertad, hay que tratarlo como un medio por el que hay que luchar en un contexto en el que el poder político y el poder económico quieren hacerse con su control y lo utilizan como una herramienta muy beneficiosa para sus intereses. En esta batalla se dirimirá si en el futuro Internet será un medio libre y ciudadano o un medio controlado por el poder.

En segundo lugar, la aparición de Internet no ha supuesto apenas cambios en el tipo de información que presentan los medios de comunicación mainstream, por lo que el MP sigue siendo perfectamente válido para explicar su producción digital.

 

4. Otros elementos a considerar en el modelo

4.1. El rol de los periodistas

Una de las cuestiones que suele criticársele al MP y a la Economía Política de la Comunicación en general es que desestima el papel de los periodistas. Pero esto no es del todo correcto ya que Herman y Chomsky, conceden que “la humanidad y la integridad profesional de los periodistas” es un factor que “entra en conflicto” con la función de los medios asignada por el MP (1990: 351). La labor periodística de los profesionales y los micro-procesos que se producen en las redacciones informativas son variables que también tamizan la materia prima que se convertirá en noticia. Sin embargo, como se argumentaba antes a propósito del código de profesionalismo periodístico, hay que entender el papel agente de los periodistas en un marco más amplio, relativamente fijo y consistente que limita, sanciona, gratifica y promueve determinadas conductas. Como ha argumentado Herbert J. Gans (2003), los periodistas se encuentran en una situación de desempoderamiento”, precisamente, por los imperativos corporativos y comerciales de la industria. El elemento humano periodístico es notorio en algunos contenidos, tanto en los que se apartan de la línea oficial como en los que los periodistas transmiten propaganda conscientemente. Es decir, que existe cierta autonomía periodística y algunos periodistas incluso se atreven a desafiar los dictados de los filtros, pero la realidad es que la estructura organizativa y corporativa predominante hace que los periodistas operen bajo unas constricciones muy severas que no permite que los medios de comunicación puedan ser libres y ajenos a los intereses de las élites. Los periodistas pueden adoptar distintas actitudes que les producirán unos resultados distintos determinados por la economía política de los medios, por lo que en general, éstos tienden a socializarse en unos valores que les permitan operar y progresar en su oficio.

En conclusión, el papel que cumplen los periodistas es un factor variable influido y modelado poderosamente por unas fuerzas estructurales superiores como los cinco filtros del MP. Esta conclusión se corrobora analizando los medios de comunicación no corporativos, cuyos contenidos, escritos por periodistas profesionales o no profesionales, son muy distintos a los mainstream porque no están sometidos a los mismos constreñimientos. El papel que cumplen los periodistas en la producción de noticias solamente puede entenderse adecuadamente teniendo en cuenta el cuadro general en el que operan.

4.2. La audiencia

Como ha señalado el profesor Colin Sparks (2007), la necesidad de llegar a una audiencia, que en muchos casos es predominantemente de la clase trabajadora, es un factor importante que las empresas de medios tienen en consideración cuando elaboran sus contenidos. Las noticias son, en definitiva, productos que hay que vender y que, en principio, tienen que gustar y ser más o menos creíbles para el público. Se entiende pues, que los dos primeros filtros del MP, muy relacionados entre sí, sirven como marco desde el que estudiar la audiencia: Los contenidos necesitan unas audiencias que justifiquen una inversión publicitaria de los anunciantes de la que la rentabilidad de los medios depende.

La audiencia conforma una sub-categoría del Modelo de Propaganda, pero además no hay que sobreestimar la influencia de la audiencia en la producción del contenido. Los medios tienen que ofrecer un producto que agrade, pero dentro de unos parámetros determinados por la dificultad de enfrentarse al poder, por la búsqueda de la complacencia de los anunciantes, por el capital disponible, por la dependencia en las fuentes oficiales, etc. Es decir, que los medios elaboran unos productos que están sometido al sistema de filtrado que describe el MP, siendo uno de los elementos a considerar el hecho de que la audiencia tiene que mantenerse o ampliarse. Pero el efecto global de todos los filtros impone limitaciones a lo que se puede y no se puede ofrecer más allá de lo que tenga interés para la audiencia. Mientras que las élites tienen capacidad para influir en los medios, la audiencia no tiene unos mecanismos tan adecuados y eficaces mediante los que realizar peticiones o exigencias. De hecho, como se ejemplificaba arriba, no es poco habitual que soportes o programas con elevadas audiencias fracasen, ni que comentaristas con un número amplio de lectores por todo el mundo, como los propios Herman y Chomsky entre muchos otros, sean regularmente excluidos de los medios.

Lo que marca estas limitaciones en la importancia de la audiencia es que la balanza de poder está muy decantada hacia el lado de la élite. Como ha mostrado Chomsky insistentemente, en la mayoría de los grandes asuntos hay una clara diferencia entre la opinión de la élite y la opinión de los ciudadanos, con los medios de comunicación claramente del lado de los primeros (ver, por ejemplo, Chomsky, 2002). Según ha escrito Herbert Gans basándose en varios estudios, la audiencia está insatisfecha con los contenidos noticiosos por “inaccuracy, insuficient attention to audience concerns, or bias toward one or another political group or socioeconomic stratum” (2003: 33). Añade que “(i)f the polls are right, citizens feel that the news media are as unresponsive to them as is government” (pág. 34). A pesar de esto, la conducta de los medios sigue siendo la misma y los periodistas pueden hacer poco por cambiarlo porque se encuentran en una situación de “desempoderamiento” derivada de la presión comercial y corporativa.

El MP da cuenta del papel que cumple la audiencia dentro del Sistema de Comunicación (SC), pero también pone el SC en relación con el Sistema Social (SS). Según las previsiones del MP, en temas en los que las élites estén poco implicadas o en torno a los cuales existen divergencias entre éstas, las posibilidades de diversidad son mayores. El MP también entiende que habrá algo más de espacio en los medios cuando hay una opinión pública informada, organizada y oposicional a la élite.

En estos casos se sigue dando una cobertura mayoritaria a la élite pero las voces de los colectivos organizados se pueden hacer oír. Es decir, que la Sociedad Civil es un elemento externo al SC que influye en los medios, pues éstos tienen que hacerse eco de lo que acontece a ese nivel social y evitar causar desaprobación. Sin embargo, los medios tienen unos intereses y objetivos más inmediatos que, junto a la falta de una mayor vitalidad de la Sociedad Civil, restan su influencia para modelar los contenidos informativos.

Por todo ello, creo que es interesante considerar la categoría Sociedad Civil, como un filtro “optativo” que puede explicar una parte de la conducta de los medios. Los medios necesariamente tienen que pasar por el filtro de la aprobación social y de recoger, aunque sea en pequeña medida, lo que los miembros organizados tienen que decir, por lo que al contrario que los filtros del MP se trata de un filtro positivo. Sin embargo, en un contexto de apatía y descreimiento social y político – fomentado por los medios de comunicación–, la influencia de este filtro positivo apenas es notoria. Su importancia como filtro radica pues, en su laxitud, es decir, en que la Sociedad Civil permite y facilita en gran medida la función propagandística de los medios. Pero debe tratarse como un filtro optativo porque los condicionantes estructurales de los medios y la relación defuerzas lo supeditan hasta el punto en el que incluso cuando hay una opinión pública que desea hacerse oír, los medios tienden a favorecer a la élite.

 

5. Propuestas específicas de nuevos filtros

5.1. La Tecnología como sexto filtro

Cliff Vanderlinden (2006) ha realizado un interesante análisis del papel de la tecnología en dar forma a los contenidos a partir de la economía política y la teoría crítica. Como muestra, las tecnologías de cada época y de cada medio han afectado a la naturaleza y carácter de las noticias. Nadie puede dudar, que la tecnología facilita y limita las posibilidades informativas y expresivas. Por ejemplo, las características internas de los medios audiovisuales, hacen de la televisión un medio con una menor capacidad para permitir una comprensión amplia de la realidad que la prensa escrita, pero permite apelar más a las sensaciones. No obstante, lo más importante no son los usos específicos que cada tecnología permite, sino en si el uso general que se le da es el de promover la justicia social y la liberación humana o si sirve, como ha sido la norma general (aunque con algunas desviaciones puntuales) a los intereses del poder. Y eso depende de quién controle cada tecnología y en cómo la emplee.

Las revoluciones tecnológicas siempre han supuesto una apertura en las posibilidades informativas, tal y como han entendido muchas personas y movimientos sociales que han luchado por el control de las tecnologías de su tiempo para ponerlas al servicio del cambio social. Pero éstas han estado generalmente controladas por los estratos sociales más altos, minoritarios en número pero dominantes. Todas las batallas por las últimas tecnologías aún en uso, como la radio, las han ganado las élites y su potencial democratizador se ha erosionado por la comercialización y concentración corporativa. La batalla actual se está produciendo por Internet porque como bien saben los activistas de los medios, como los miembros de Free Press, no hay que caer en una suerte de determinismo tecnológico que nos lleve a creer que Internet será siempre un medio libre. Aunque permite un periodismo ciudadano alternativo que tiene muchos seguidores, está, cada vez más, bajo el control de las grandes corporaciones y de los gobiernos que utilizan sus grandes posibilidades en su propio interés. Internet tiene un potencial democrático que ninguna otra tecnología ha tenido y las posibilidades de las élites, a pesar de su empeño, para aplastarlo son menores. Pero igual que sucedió con otras tecnologías, la naturaleza intrínsecamente libre de Internet puede verse superada si no consigue ponerse bajo control ciudadano. Son los factores económico-políticos y de propiedad y acceso que se van asentando con el paso del tiempo los que determinan si las nuevas tecnologías van a suponer una transformación fundamental en el orden comunicativo o si van a utilizarse con el propósito de que cumplan la misma una función que las tecnologías de la comunicación previamente existentes.

5.2. La influencia directa o compra por parte de la élite

David Miller (Mullen, 2007) ha cuestionado del MP el hecho de que desestima el rol de la industria de las relaciones públicas y de la propaganda organizada. En la misma línea, Boyd-Barret ha propuesto un sexto filtro consistente en “the direct purchase of media influence by powerful sources, or the ‘buying out’ of individual journalists or their media by government agencies and authorities” (2004: 436). Sin duda, como han mostrado ambos autores este factor es determinante en la transmisión de propaganda cada vez más desarrollado y efectivo.

Herman y Chomsky analizaron este elemento brevemente en el apartado de suministro de noticias de su libro Manufacturing Consent, y creo que es en este filtro en el que debe englobarse la influencia directa de las corporaciones y los gobiernos sobre la información. El suministro de noticias se refiere a la relación entre los proveedores de información poderosos y los medios de comunicación, por lo que permite un análisis a dos niveles consistente en cómo se organizan y actúan las fuentes y en cómo los medios las reciben.

 

6. Conclusiones

El Modelo de Propaganda ha sido sometido a un gran número de pruebas empíricas que han corroborado su validez incluso en los casos, como el Watergate ola guerra de Vietnam (Chomsky y Herman, 1988), en los que la visión predominante es que los medios de comunicación han actuado como contrapoder enfrentándose a la élite gubernamental o económica. Sus elementos operativos son consistentes y adecuados para explicar la dimensión propagandística de las noticias y su influencia es cada vez más poderosa, incluso a nivel internacional en los países con unos sistemas de comunicación predominantemente privados. Por último, las cinco amplias categorías que componen el modelo abarcan otros factores que también filtran la información como el profesionalismo periodístico, el rol de los periodistas, el papel de la audiencia, la tecnología o la influencia directa de la élite, y que, por tanto, pueden ser entendidos como sub-categorías de los demás filtros o como filtros optativos a considerar junto a los cinco elementos obligatorios originalmente presentados.

El MP ha demostrado ser una excelente herramienta heurística para analizar la producción de noticias, que es hoy aún más válida que hace veinte años. Como otros modelos, tiene sus limitaciones ya que no abarca todas las dimensiones de los medios de comunicación que pueden ser estudiadas. Por ejemplo, el MP no sirve para medir los efectos sobre los receptores. Pero esto es algo que nunca ha pretendido. La validez del modelo debe ser evaluada en función de lo que pretende explicar –la propaganda en los medios de comunicación–, mientras que los otros factores y fenómenos observables y medibles que no tienen que ver, solamente muestran la imposibilidad del modelo como abstracción teórica de una faceta de la realidad de los medios, de dar cuenta de todo fenómeno. El MP no es omniabarcante, pero tampoco tiene limitaciones serias en explicar el “propósito social” de los medios, por lo que supone un marco fundamental desde el que poder estudiar, entender y prever la conducta mediática en la producción informativa, compaginable con otros modelos que se centren en otras dimensiones.

Todo ello explica que en la actual época de concentración y comercialización mediática el MP haya sido rescatado por varios autores para someterlo a reflexión o para utilizarlo como instrumento metodológico. Pero por el hecho de que explique y denuncie precisamente el rol propagandístico de los medios a favor de la élite, se trata de un modelo anti-élite que debe ser marginado institucionalmente. Uno puede estar seguro por su demostrada validez para explicar lo que pretende, de que si el Modelo de Propaganda no atentase contra los intereses de la élite, sería un modelo ampliamente aceptado y utilizado.

 

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8. Notas

[1] Ver, por ejemplo, Chomsky (1989), Herman (1998) y Herman (2000).

[2] Barker (2005: 12) ha escrito que a pesar de que en un principio el MP fue ignorado y desestimado, “with the rising concentration of corporate ownership of the media and the increasing dominance of what Davis (2002) referred to as PR democracy ‘if ever there was a time for the propaganda model to be included in scholarly debates on media performance, it is now’ (Klaehn, 2002, p. 147)”.

[3] En una encuesta de Lauer Research Inc. en 2004 a 400 trabajadores de los medios de comunicación estadounidenses el 83% respondía que la disminución en la calidad debido a la presión comercial era el problema más importante al que la industria se enfrenta (Communication Workers of America, 2004).

Fuente: http://redalyc.uaemex.mx/pdf/819/81911786019.pdf

Sáb, 03/08/2013 - 00:00 -- César

Edward Bernays

Hace ya mucho que asistí a una ponencia titulada “El estado de la comunicación en un mundo globalizado”, de Juan Antonio Sacaluga. El que fuera director de “En Portada” de TVE, explicaba sin pelos en la lengua cómo se ha producido y en qué ha consistido la concentración de medios en el S. XX,  además de otras cuestiones. Mencionó a la BBC como un medio de comunicación que ha conseguido mantener su independencia ante las agresivas políticas de Margaret Thatcher en las Malvinas, o Tony Blair en Irak, y enseguida, me acordé de Bernays.

Un fruto de esta independencia y buen hacer de la BBC, es el documental de Alan Curtis “El siglo del individualismo”, autor también de “El poder de las pesadillas”.

“El siglo del yo” nos habla del que, pienso, es el personaje más influyente desde la sombra del siglo XX: Edward L. Bernays (1891-1995). Pero  ¿quién es el gurú mundial de las “relaciones públicas”?

 

bernays1

¿Eduard Bernays?

¿O Montgomery Burns?

Los mecanismos de la propaganda. “Bienvenidos a la sociedad Bernays 2″

El Siglo del Yo

De la BBC y el mismo director de “El Poder de las Pesadillas” -Alan Curtis-, nos llega un análisis de la evolución de la sociedad occidental en el Siglo XX -centrada en Gran Bretaña y EEUU-, y el desarrollo de la relación entre el poder y el psicoanálisis para generar las condiciones actuales del consumo, y en algunos casos de la política.

– El siglo del Individualismo. Resumen en cuatro episodios

Episodio I: Máquinas de Felicidad
Episodio II: Ingeniería del Consenso
Episodio II: Ingeniería del Consenso
Episodio IV : Grupos de Votantes Indecisos

 

– Edward L. Bernays (1891-1995). Conozca al gurú mundial de las relaciones públicas

 

– El siglo del individualismo (Parte I)

– El siglo del individualismo (Parte II)

– El siglo del individualismo (Parte III)

– El siglo del individualismo (Parte IV)

Episodio I: Máquinas de Felicidad

Se nos introduce con Freud, y un vistazo rápido a la perspectiva más impactante de su teoría; fuerzas primitivas sexuales y agresivas escondidas en las profundidades de todas las mentes humanas, que… bueno, podrían llevar a unos escenarios sociales terribles de caos y destrucción y esas cosas. La serie, se nos resume, tratará de cómo el poder ha utilizado las teorías de Freud para controlar a las “peligrosas masas” en democracia.

La serie en sí, se centrará más en Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, cuya influencia se equipara -aunque en la sombra- a la de su tío; como la primera persona -y la más importante- en utilizar las ideas de su tío para la manipulación de masas. Para que las corporaciones norteamericanas, pudieran hacer a la gente desear cosas que no necesitaban.

Ante una Austria cuya monarquía ve como un peligro ante su sistema la idea de examinar y abrir las emociones propias; un cuestionamiento así podría llevar a otros, incluido el del sistema social al completo. Del mismo modo, resultaba peligrosa la idea de instintos animales que eran reprimidos en el inconsciente. La Primera Guerra Mundial reafirma para Freud estas ideas, considerando que estas son las consecuencias de dejar libres estas fuerzas que subyacen a la psique.

Mientras tanto Edward Bernays, cuyos padres habían emigrado a EEUU veinte años antes, trabajaba como agente de prensa teniendo como principal cliente al cantante de ópera Enrico Caruso; conservaba, aun así, relación con su tío. Con la entrada de EEUU en la guerra europea, Bernays fue empleado en el Comité de Información Pública de este país, para promover en la prensa sus acciones de guerra. Centrando la información pública en que el esfuerzo sería para llevar la democracia y no para restaurar los viejos imperios, Bernays acabó por ser un invitado en la Conferencia de Paz de París, mientras se recibía al presidente Woodrow Wilson como un hombre que podría traer la libertad del individuo y promover un “nuevo mundo”. Su aclamación masiva en París, sugeriría a Edward Bernays, que en sus propias palabras, “si podía usarse la propaganda para la guerra, podría usarse para la paz” (y teniendo mal nombre esto de la “propaganda”, decidió llamarlo “relaciones públicas”).

Así, en su nuevo Consejo de Relaciones Públicas en una pequeña oficina de Broadway, Nueva York, indagó fascinado en las ideas de su tío y la idea de la “irracionalidad subyacente” al ser humano; el objetivo, hacer dinero manipulando el inconsciente de las clases populares.

La primera meta, fue persuadir a las mujeres para que fumasen rompiendo los tabúes que había en aquel momento (por encargo del presidente de la Corporación Americana del Tabaco). Uno de los escasos psicoanalistas en EEUU le explicaría que el cigarrillo era un símbolo fálico, del poder masculino; con lo que si pudiera encontrar una forma de relacionar el cigarrillo con un reto a ese poder masculino, las mujeres fumarían (y, bueno, tendrían sus penes, esas cosas). En una multitudinaria marcha anual en Nueva York, Bernays persuadió a un grupo de mujeres jóvenes, debutantes en la marcha, para que entraran en esta y ante una señal encendieran cigarrillos; mientras tanto, había informado a la prensa de que se preparaba una protesta en la que un grupo de mujeres pretendía encender sus “antorchas de la libertad”, que sería el término en el que se centraría todo. El mensaje, sería que cualquiera que apoyase este tipo de igualdad, lo haría encendiendo sus propias “antorchas de la libertad” (y qué hay más americano que eso…). Desde entonces, las ventas de cigarrillos a mujeres empezarían a ascender, haciendo fumar en mujeres un acto aceptable, a través de este acto simbólico.

Rapidamente Bernays sacó la conclusión; podía hacerse que la gente se comportara de forma irracional si se enlazaban productos con sus emociones y deseos. Es decir, la idea de que fumar hiciera más libre a la mujer era irracional en sí, pero podía hacerles sentir más independientes. Los objetos, podrían ser poderosos símbolos sobre la forma en que querrías que otros te vieran; la compra del producto no debería apelar a motivos racionales, sino a las emociones. Podrías sentirte mejor comprando esta o esa cosa.

Esto fascinó a las corporaciones norteamericanas, preocupadas porque en una economía en la que se fabricaban los bienes “necesarios” y se vendían como necesidades, podría llegar un momento en el que teniendo suficientes cosas la gente dejara de comprar. Así, lo que debían transformar, era la forma del público de concebir los productos; de una cultura de la “necesidad” a una cultura del “deseo”. Buscando estas motivaciones de la mente humana al servicio del producto, la popularidad de Edward Bernays entre la norteamérica corporativa se dispararía.

Bernays relacionaría estrellas del cine con productos en revistas, inauguraría la idea de la publicidad en el cine y vestiría a los actores en las premieres con marcas que eran sus clientes, haciéndoles decir que comprar no era sólo una necesidad, sino una forma de expresar tu yo interior, tu personalidad; llegó incluso, a contratar psicoanalistas que de cara al público serían “independientes”, para generar estudios positivos que apoyasen que uno u otro producto era bueno para el consumidor. El término consumo sería acuñado en 1927, como un cambio social definido ya existente.

El movimiento económico generado impulsó la bolsa, lo cual Edward Bernays aprovechó para organizar campañas para que la gente normal comprase acciones (tomando dinero prestado de bancos a los que también representaba), con un éxito arrollador, haciendo a Bernays famoso como el hombre que entendía la mente de las masas.

La política era el siguiente paso lógico, contactado en 1924 por el presidente Calvin Coolidge, cuya apariencia pública era de una figura aburrida y sin interés. Bernays, haría lo mismo que con los productos; convenció a 34 estrellas de cine para visitar la Casablanca, visita que estaría al día siguiente en todos los periódicos.

Pero mientras Bernays se hacía rico en EEUU, su tío Freud se encontraba cerca del desastre, con una Viena en crisis económica y con inflación masiva. Pidiendo ayuda a su sobrino, este publicó sus trabajos por primera vez en EEUU, trayendo beneficios que Freud ocultaría en una cuenta extranjera. Negativo en cualquier caso sobre la condición humana tras su experiencia de la Primera Guerra Mundial, Freud se retiraría a una casa en los Alpes y escribiría sobre la mente de las masas, describiendo con pesimismo cómo podía activarse esta mente en los grupos grandes de gente, y cómo había subestimado la peligrosidad de esta parte inconsciente, la del animal más peligroso de la creación.

El problema, es que esto llevaría a la conclusión de que la idea principal de la democracia estaba equivocada; que no se podía confiar en las personas para tomar decisiones racionales. Un político de muy alta influencia sugirió, que esto podría solucionarse con una élite que controlara los sentimientos inconscientes de las masas a través de la psicología. Bernays, fascinado por estas declaraciones, se promocionaría a través de ellas (y aprovecharía para escribir unos cuantos libros); impulsando los deseos de la gente y satisfaciéndolos a través de productos de consumo, estaba creando una nueva manera de manejar los impulsos irracionales de los humanos. Lo llamó “ingeniería del consenso”, considerando que era “la esencia de la democracia” (la gente debía ser guiada desde arriba,… ya que podría votar a la persona equivocada, tomar la decisión equivocada…)

En 1928 llegaría al poder el presidente Hoover, quien de acuerdo con las tesis de Bernays anunciaría que el consumo se había convertido en el motor de EEUU. Tras su elección, dijo a un grupo de anunciantes, que su responsabilidad era la de crear el deseo; de convertir a la gente en máquinas de felicidad en perpétuo movimiento, máquinas que serían la clave para una economía en un progreso contínuo. Es decir, que del antiguo concepto central de la democracia como un cambio en las viejas relaciones de poder, se pasaría a un concepto de dar a la gente medicina para sentirse bien, manteniendo esas viejas relaciones de poder.

Sin embargo, el poder de Bernays, con intensas relaciones con las clases políticas y económicas, sería destruído de pronto, con la llegada del colapso de la bolsa en 1929. Frente a una recesión salvaje, la gente dejó de comprar cosas que no necesitaba, y la figura del consumidor desapareció. En Europa las crisis económicas y políticas se agravarían y surgirían choques armados entre facciones políticas, con Freud retirándose de nuevo a los Alpes para escribir “La Civilización y sus Descontentos”, atacando la idea de la civilización como expresión del progreso humano. Esta, habría sido construída para controlar las fuerzas inconscientes del ser humano; y el ideal de libertad de la democracia, sería imposible. Dejar que el ser humano se expresara era demasiado peligroso. Debía ser siempre controlado, con lo que debía estar siempre descontento.

Esta desesperanza sobre la democracia también contriburía a alzar en Alemania a Hitler; los nazis argumentaban que la democracia dejaba salir un individualismo egoísta en las personas, sin controlarlo de ninguna forma. Prometieron en su campaña que abandonarían la democracia, debido al caos y el desempleo al que conducía. La Alemania nazi, controlaría a las personas de una forma distinta; producción planificada por el estado ante la inestabilidad del libre mercado (como había probado la debacle de la bolsa en EEUU), y control del tiempo libre a través del programa “fuerza a través de la alegría”, uno de cuyos slogans era “servicio, no ‘yo’.

No consideraban esto un retorno a los viejos regímenes, sino como un nuevo modelo en el que los deseos y emociones de la gente serían algo central; pero canalizados de forma que unieran a la nación. Afirmaba Goebbels en su propaganda, “Puede ser buena cosa mantener el poder basandose en las armas. Es mucho mejor si ganas el corazón de la nación, y mantienes su afecto”. Así, las multitudinarias marchas organizadas por Goebbels servirían para llevar a Alemania a una “unidad de pensamiento, sentimiento y deseo”. Una de sus inspiraciones, afirmaría a un periodista norteamericano, fueron los escritos de Edward Bernays.

Freud, proféticamente, afirmaba como una advertencia en su psicología de masas que en un caso como este las fuerzas libidinales inconscientes eran rendidas al líder (y con ellas hacia él la admiración y el amor), y los instintos agresivos serían descargados contra aquellos que se encontraran fuera del grupo.

Mientras tanto en EEUU, las masas se lanzaron contra las corporaciones, a las que culpaban de haber causado este desastre. En 1932, Roosevelt resultaría elegido, prometiendo utilizar la fuerza del estado para tomar el control sobre el libre mercado. Su solución, sin embargo, no era destruir la democracia, sino fortalecerla, desarrollando una nueva forma de manejarse con las masas. Reunió a especialistas en Washington, con el objetivo de iniciar proyectos industriales organizados por el estado, convencido de que la Bolsa había caído porque el capitalismo “Laissez-Faire” no podía continuar gobernando las economías modernas; esto debía estar en manos del estado.

Las corporaciones se horrorizaron, mientras que curiosamente la idea atrajo la atención de los nazis, especialmente de Goebbels. Sin embargo, al contrario que ellos, Roosevelt consideraba que los seres humanos eran racionales, que se podía confiar en ellos para que formaran parte activa del gobierno; que podía explicar al americano medio sus decisiones y tener en cuenta sus opiniones. Para esto, se ayudó del sociólogo George Gallup, para a través de estadísticas tener (y publicitar) una revisión constante de la opinión del país acerca de su gobierno y sus decisiones, organizándolo de forma científica, tal que se evitara por completo cualquier manipulación emocional en las preguntas, confiando en esta racionalidad del público. El cambio a un nivel más profundo, era el de establecer puentes con los ciudadanos, en lugar de considerarlos como consumidores irracionales.

En las elecciones de 1936 en EEUU, Roosevelt ganó prometiendo un mayor control sobre los grandes negocios (para los cuales era una perspectiva desastrosa). Las corporaciones decidieron contraatacar con una guerra ideológica, para obtener de nuevo el poder. Bajo el paraguas de una asociación que uniría a estas corporaciones, la “National Association of Manufacturers”, el énfasis se encontraba ahora en crear un enlace emocional entre el público y los negocios; las técnicas de Bernays a gran escala. Las campañas se centraron en mostrar cómo fueron los negocios y no el gobierno quienes habían creado el EEUU moderno, y en respuesta el gobierno organizó propaganda hablando sobre la forma en que sin escrúpulos el mundo de los negocios estaba introduciendo su propaganda en los medios de comunicación de masas. “Sus métodos son un grave peligro para las instituciones democráticas”, llegarían a decir las campañas gubernamentales, que mostraban a los ciudadanos cómo podían analizar ellos mismos la prensa para detectar sesgos ocultos.

La imaginación de Bernays, sin embargo, no se detendría ante esto. El siguiente paso sería, crear la visión utópica de lo que las corporaciones podrían traer a EEUU, si se les dejara. La “expo” de 1939 se llevaría a cabo en Nueva York, con Bernays como asesor central, haciendo el eje de la campaña el enlace necesario entre la democracia y los negocios. El edificio en la exposición de EEUU, sería una enorme maqueta del “futuro” de EEUU, construído por la General Motors. Todo el objetivo sería, convencer a la gente de que no podía haber verdadera democracia sin ese capitalismo capaz de todo. Esta exitosa propaganda utópica en la que los negocios respondían a los deseos de la gente de una forma en que los políticos nunca podrían,… no que la gente estuviera al cargo, sino que sus deseos lo estarían; no ciudadanos, sino consumidores.

Y esta lucha entre dos concepciones del ser humano, se vería afectada dramáticamente por eventos que iban a suceder pronto en Europa…

Episodio II: Ingeniería del Consenso

En esta segunda parte, se comienza destacando los graves problemas psicológicos de las tropas norteamericanas involucradas en la Segunda Guerra Mundial. El 49% de los soldados llegaron a tener que ser evacuados por motivos psicológicos en algún momento, siendo también la primera vez que se prestaba atención a estos efectos psicológicos en una guerra, con psicoanalistas principalmente “importados” de Europa. Convencidos de que estos problemas no eran el resultado directo de la lucha, explorarían a través del psicoanálisis el pasado de estos soldados, considerando la situación del combate como el gatillo de estos problemas. Los resultados, serían también considerados una confirmación de la existencia de estas fuerzas irracionales bajo la capa de aparente normalidad de la mente.

Mientras que la victoria en la Segunda Guerra Mundial pareció una victoria para la democracia, en privado la clase política había aumentado sus preocupaciones como resultado de la aplicación masiva de psicoterapia en los soldados.

Así, tras la Segunda Guerra Mundial y los horrores del Holocausto, se impusieron las concepciones que consideraban al ser humano como un ser irracional cuya animalidad, miedos y deseos inconscientes habrían dado lugar a estas consecuencias. Este enemigo dentro de cada mente humana debía ser controlado. La única forma de hacer que la democracia funcionase, creía el poder, sería reprimir esta barbarie oculta en cada mente.

Lo necesario sería entonces, un ser humano capaz de internalizar los valores democráticos. La herramienta sería la terapia, a través de la que se podría hacer que la mente se volviera un pilar para la democracia. Un nuevo personaje que ganaría influencia en esta nueva era y se volcaría sobre esta idea, sería Anna Freud, que tras la muerte de su padre se convertiría en el personaje más influyente del psicoanálisis.

Anna, consideraba que se podía enseñar a la gente a manejar las fuerzas inconscientes ocultas; y la teoría era en su núcleo sencilla, bastaba con dirigir a la gente al conformismo con las normas sociales, jamás cuestionando la realidad. Esto fortalecería el ego, y la capacidad para controlar el inconsciente. Si no se daba el conformismo, el ego sería débil y sufriría, y podría caer en manos de las peligrosas fuerzas del inconsciente.

En 1946, el presidente estadounidense Harry Truman firmó la Ley de la Salud Mental Nacional, nacido de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de aplicar las ideas del psicoanálisis y de la necesidad de conformismo de Anna Freud a escala nacional; centros de salud mental por todo el país, y trabajadores sociales para estudiar y dar consejos a las familias.

Establecido en EEUU el psicoanálisis, pronto no sólo se trataría de crear ciudadanos modelo, sino consumidores modelo. Un grupo de psicoanalistas dirigidos por Ernest Dichter en el Instituto para la Investigación Motivacional, retomaría las ideas de Bernays y el flujo del momento en el psicoanálisis, para profundizar en el conocimiento de por qué y cómo la gente se comporta, compra, y responde a la publicidad. Para ello, analizarían no ya los motivos para comprar, sino la personalidad al completo de los consumidores de distintos productos, para averiguar cómo venderles productos. Este grupo, ideó el concepto de sesiones de psicoanálisis en grupo para productos, reuniendo grupos de individuos para opinar sobre anuncios y productos y observar sus reacciones; técnica que sigue utilizándose en el presente.

Ahora bien, Dichter estaba convencido de que esto era más que vender productos; como Anna Freud, consideraba que el entorno podía fortalecer la personalidad, y que los productos tenían el poder tanto de corresponderse con los deseos como de dar una sensación a la gente de identidad con las personas a su alrededor. Dichter llamaría a esta estrategia para crear una sociedad estable, la “estrategia del deseo” (e identificándote con un producto, esto podría tener un valor terapéutico).

Para principios de los 50, las ideas del psicoanálisis habían penetrado profundamente en la norteamérica. Una nueva élite había ascendido en la política, la planificación social y los negocios, unida por la idea de la irracionalidad de las masas, que debía ser controlada para llevar adelante la sociedad.

Anna Freud continuaba viviendo en la costa sur de Gran Bretaña, en una vida supuestamente idílica basada en su modelo de conformismo, tanto para ella como para una familia anteriormente deshecha, de madre divorciada y cuatro hijas, sobre la que había experimentado y con la que tenía cercanía. Sin embargo, por debajo de la superficie las cosas iban fatal; la salud mental de su familia modelo, la prueba de que el modelo del conformismo funcionaba, era desastrosa (ataques de histeria, alcoholismo), y las visitas a Anna Freud se hacían contínuas para continuar los análisis.

Sosteniendo esta situación con pinzas, aumentaría aun así la influencia de la familia Freud en EEUU. Los políticos decidieron acercarse al primo de Anna Freud, Edward Bernays, para pedirle ayuda en tiempos de crisis; su labor, sería manipular a la población en un momento tan crítico como el alza de la Guerra Fría, después de que la Unión Soviética obtuviera la bomba atómica en 1953.

Bernays, que por aquel entonces trabajaba para grandes corporaciones y políticos, incluyendo al presidente Eisenhower, sugirió que no se debía reducir el miedo al comunismo de la gente, sino que había que alimentar y manipular ese miedo; pero de tal forma, que se convirtiera en un arma en esta Guerra Fría.

Uno de los principales clientes de Bernays era la United Fruit Company, con plantaciones en Guatemala, que había controlado el país a través de dictaduras; el modelo de lo que conocemos como “república bananera”. Sin embargo, en 1950 un gobierno democráticamente elegido había prometido acabar con el control de la United Fruit Company, anunciando en 1953 la expropiación de las tierras inutilizadas de la compañía. Para librarse del gobierno guatemalteco, la United Fruit Company recurrió a Bernays.

Debía cambiarse la percepción del gobierno guatemalteco como elegido popularmente que hacía cosas por la gente, para convertirlo en una amenaza para EEUU, la “amenaza comunista”. Sacar a la United Fruit Company de la percepción de lo que sucedía en Guatemala, y convertirlo en una cuestión política que concernía a la democracia (capitalista) en su lucha contra el comunismo (aunque no hubiera relación alguna entre el gobierno democrático guatemalteco y Moscú).

Bernays organizó un viaje a Guatemala para periodistas influyentes en EEUU, los cuales en su mayor parte desconocían la situación política del país. Organizó encuentros con golpistas en Guatemala, que les hablarían del control soviético sobre el gobierno. Se llevó también a cabo una violenta manifestación antiamericana en aquel momento, que se especula por las declaraciones de antiguos empleados de la United Fruit Company que estuvo también organizada por Bernays. Creó también una falsa agencia de noticias independendientes en EEUU, la “Middle American Information Bureau”, que bombardeaba a los periódicos norteamericanos sobre informaciones acerca de cómo la Unión Soviética pensaba utilizar Guatemala como cabeza de playa para atacar EEUU.

Lo que Bernays estaba haciendo aquí, no era sólo intentar derrumbar el régimen democrático guatemalteco para la United Fruit Company; seguía teniendo como cliente al gobierno norteamericano, con Eisenhower parte de toda esta operación. Se dieron instrucciones a la CIA para dar un golpe de estado; entrenando un ejército rebelde, y proporcionando ayuda militar directamente operada por EEUU. Bernays estaría mientras tanto en EEUU preparando la propaganda que vendería este asalto como la “liberación de Guatemala”, organizada por luchadores por la libertad, y a favor de la democracia.

Tras derribar el gobierno democrático en Guatemala en 1954 y la visita de Nixon para justificar al nuevo régimen, continuaría la propaganda preparando panfletos marxistas “encontrados” en el palacio presidencial. “Esta es la primera vez en la historia del mundo”, diría Nixon en su visita pública a la nueva junta militar, “que un gobierno comunista ha sido derribado por la población. Y por esto, les felicitamos a ustedes y a la gente de Guatemala”.

En Guatelama, se seguiría una guerra civil de 30 años en la que el gobierno militar sería responsable según la “Comisión de la Verdad” de la ONU al respecto del 90% de las violaciones de los derechos humanos, y de la limpieza étnica de la población de origen maya, considerada una de las mayores sucedidas en latinoamérica.

La idea de que había que manipular a las personas a través de las técnicas que se habían ido desarrollando en el Siglo XX para desarrollar la guerra fría, se afianzó en Washington; en la CIA, lo iban a llevar mucho más lejos. Convencidos de que en la Unión Soviética estaban experimentando con métodos psicológicos para alterar los recuerdos y sentimientos de las personas para producir personas más controlables, autómatas, para lo que acuñaron la expresión de “lavado de cerebro”, decidieron que esto era posible,… y probarlo ellos mismos. Así, a finales de los 50 invirtieron en las universidades norteamericanas que investigaban el psicoanálisis, y empezaron a llevar a cabo programas secretos para averiguar cómo alterar y controlar los impulsos internos de los seres humanos.

La idea llegó a ser más radical; estos peligrosos impulsos subyacentes no sólo podían ser controlados, sino eliminados por completo. Nacería el programa MK-ULTRA, reconocido tiempo después por la propia administración norteamericana y dirigido por el doctor Ewan Cameron. Su teoría era que recuerdos reprimidos u olvidados eran la base del temible inconsciente, pero que el psicoanálisis era demasiado lento para revelarlos; la solución, borrarlos. Se utilizó LSD y “terapia electroconvulsiva” con pacientes con problemas mentales, para producir “personas nuevas” que con un pasado borrado podrían adquirir nuevas formas de conducta. Borrado el material anterior de la memoria, se alimentaría a estos individuos con nuevo material, pretendidamente positivo, para reprogramar el cerebro.

Los resultados fueron desastrosos. Lo único que consiguieron, fueron individuos con pérdidas de memoria, y la capacidad de repetir la frase “estoy agusto conmigo mismo”. El resto de experimentos siguió el mismo camino, desanimando a los psicólogos americanos respecto a la posibilidad de reconfigurar el funcionamiento interno de las mentes de las personas. No habían soluciones sencillas. Esto fue más problemático de lo que parece, puesto que el poder de los psicoanalistas surgía de la idea de que eran capaces de entender y controlar las motivaciones subyacentes a los seres humanos; ahora, empezaba a cuestionarse la base de sus ideas.

Pero la caída de la visión clásica del psicoanálisis empezó en Hollywood, donde la influencia de Anna Freud era especialmente fuerte. En 1960 su mayor estrella, Marilyn Monroe, necesitaba ayuda respecto a su estado de ánimo desesperado y su adicción al alcohol y drogas. Se siguió la misma idea que Anna Freud había llevado a cabo con la familia modelo que ahora estaba rompiéndose y que había sido la base de su popularidad respecto al modelo de cambiar el ambiente y empujar al conformismo; si se enseñaba a Marilyn Monroe a entrar en el conformismo y tener objetivos sociales adecuados, esto ayudaría a su ego a controlar sus impulsos destructivos.

Ralph Greenson, el psicoterapeuta al cargo, persuadió a Marilyn Monroe para cambiar a una casa cercana, en la que se recreó una falsa vida familiar conforme con los standards sociales con la familia del propio doctor. La familia de Ralph, actuaría como si fuera la propia familia de la actriz, con el doctor como modelo de conformismo.

Poco después llegaría el suicidio de Marilyn Monroe, que resultó un shock para toda la comunidad psicoanalítica, incluyendo a Anna Freud. El psicoanálisis en sí y su influencia en norteamérica, empezó a ser cuestionado públicamente. ¿Beneficiaba a los individuos, o se trataba de una forma de mantener el órden social?

Arthur Miller, ex-marido de Marilyn, sería uno de los críticos más fuertes en público. Cuestionaría el que a través del psicoanálisis se considerase el sufrimiento como un error, un signo de debilidad o enfermedad, reclamando la necesidad del sufrimiento para entender la vida en lugar de buscar una existencia “lobotomizada”, llena de una felicidad artificial.

La forma en que los negocios estaban usando el psicoanálisis para controlar a la gente también fue atacada. El primer golpe lo dio Vance Packard en su best-seller “Hidden Persuaders” (Persuasores Ocultos), que detallaba cómo las corporaciones habían convertido a las personas en marionetas emocionales para mantener la producción económica, manipulando sus deseos para que se dirigieran a nuevas marcas y modelos.

El segundo golpe, vino del filósofo Herbert Marcuse, quién había sido entrenado en el psicoanálisis, que hablaba sobre la “obsolescencia planificada” en el consumo para la producción de “nuevas” marcas y productos que resultan ser el mismo, y una “prosperidad” que llevaba a una existencia esquizofrénica y los problemas derivados de un progreso totalmente vacío.

La idea de Marcuse no era tan sólo que el psicoanálisis hubiera sido utilizado para objetivos corruptos, sino que se desarrollaba a un nivel más fundamental. Era el concepto en sí de que debía controlarse a la gente lo que estaba equivocado. Las personas tenían emociones y deseos, sí, pero estos no eran inherentemente malvados o violentos; era la sociedad lo que hacía peligrosos estos elementos reprimiéndolos y distorsionándolos. Anna Freud y sus seguidores habían aumentado esta represión para dirigir a la gente al conformismo, y al hacerlo habían hecho a la gente más peligrosa. Aquello a lo que se estaba adaptando a la gente era algo corrupto. Marcuse, giró el concepto del origen de los problemas del interior del individuo a la sociedad en sí. Someterse a la sociedad, sería lo mismo que someterse a esa corrupción.

“La psicología moderna tiene una palabra que probablemente se usa más que ninguna otra palabra en psicología. Es la palabra inadaptado. Ahora, deberíamos buscar vivir una vida bien adaptada para evitar personalidades neuróticas y esquizofrénicas. Pero hay algunas cosas dentro de nuestro órden social y nuestro mundo para las que estoy orgulloso de ser un inadaptado, y para la que os llamo en buena voluntad para que seais inadaptados. Nunca he tenido la intención de adaptarme al segregacionismo racial y la discriminación. Nunca he tenido la intención de adaptarme a la intolerancia religiosa. Nunca he intentado adaptarme a las condiciones económicas que crean necesidades para dar la riqueza a unos pocos, con millones de hijos de dios ahogándose en la pobreza. Nunca he intentado ajustarme al control del gobierno por un grupo violento. Nunca he intentado adaptarme a los efectos trágicos de la violencia física y el militarismo. Os llamo para que seais inadaptados para estas cosas” — Martin Luther King

Episodio III : Hay un Policía Dentro de Nuestras Cabezas : Ha de Ser Destruído.

En 1950, un grupo de psicoanalistas renegados había comenzado una nueva forma de terapia, en la que animaban a sus clientes a expresar abiertamente sus emociones. El mayor representante de este grupo sería Wilhelm Reich, antiguo discípulo -y luego enemigo- de Freud y los suyos. Desafió a Freud, considerando que las fuerzas inconscientes del ser humano eran basicamente buenas, y que su represión por la sociedad era lo que las distorsionaba y hacía peligrosas a las personas.

Para el florecimiento del ser humano, argumentaría Wilhelm Reich, la líbido -su fuerza fundamental- debería ser liberada. Su enfrentamiento con Anna Freud llegaría al extremo en una conferencia en Suiza en 1934, con esta como líder reconocida del movimiento psicoanalista; consiguió que se expulsara a Reich de la internacional psicoanalista, destruyendo su carrera. Reich se trasladó a los EEUU y situó allí su casa y su laboratorio, con sus ideas derivando hacia el extremo. Convencido de que había descubierto el origen de la energía de la líbido, la llamó “orgón”, acabando por construir armas con las que pretendía capturarla de la atmósfera y concentrarla sobre nubes para producir lluvia. También, afirmaba, este arma podía utilizarse para destruir los OVNIs que amenazaban el futuro del mundo.

En 1956, Reich fue arrestado por las autoridades norteamericanas, por la venta de un aparato que afirmaba utilizaba orgón para curar el cáncer. Encarcelado, sus libros fueron quemados por órden de los juzgados; un año después, murió en prisión.

Parecería que la influencia de Wilhelm Reich se había desvanecido, pero sin embargo, con la caída del dominio psicoanalista en EEUU, sería recuperada en los años 60. Entonces, empezaría a atacarse en particular por parte de las generaciones jóvenes, al psicoanálisis y su uso por las corporaciones para manipular a la gente y sus emociones/deseos inconscientes, aquello que convertía a las personas en consumidores, en intentos por convertirse en la imagen vendida por la publicidad. “No quiero ser lo que otro pone en su anuncio, quiero ser yo”.

A mediados de los 60, los movimientos de protesta en los campus de EEUU se hicieron fuertes, situando como enemigo la américa corporativa, a la que acusaban de lavar el cerebro al público norteamericano y mantenerlo quieto y conforme (mientras se llevaba a cabo la guerra del Vietnam). Un conocido mentor de los estudiantes, sería el ya mencionado Herbert Marcuse, gran crítico de los freudianos.

Los nuevos rebeldes se arrojaron a atacar al sistema de control social, lo cual tenía como reflejo en lo psicológico el slogan, “hay un policía dentro de nuestras cabezas: ha de ser destruído”. El policía, debía ser destruído a través de la destrucción de las corporaciones y el estado que lo habían puesto ahí; incluso con grupos como Weather Underground, que llegarían a atentar contra aquellas corporaciones consideradas culpables de esta manipulación.

El gobierno de EEUU respondería con dureza, y en la convención demócrata de Chicago en 1968, se desataría una fuerte represión contra las manifestaciones. Sería el principio de todo un mecanismo represivo para detener este movimiento, que culminaría en el asesinato de cuatro estudiantes por la Guardia Nacional en una protesta contra el bombardeo de Camboya; esto sucedería en la universidad de Kent el 4 de mayo de 1970.

Estos asesinatos fueron el principio del fin de la “Nueva Izquierda” norteamericana, que quedaría en estado de shock al descubrir de repente que el estado reprimía de esas formas cuando se lo desafiaba. La táctica sufriría un giro fatal; enfrentados a esta represión violenta, muchos en la Nueva Izquierda tomarían una aproximación distinta. Si era imposible sacar al policía fuera de la cabeza de uno derrocando al estado, uno debía encontrar alguna forma de penetrar dentro de su propia mente y eliminar los controles implantados allí por el estado y las corporaciones. De aquí surgiría un nuevo yo, y por lo tanto una nueva sociedad; si cada uno pudiera hacerse “sano” de esta forma, esto significaría “calidad” en lugar de “cantidad”, con lo que el cambio sería espontáneo. El activismo político, sin embargo, no era necesario.

Así, fue como empezaron a recuperarse las ideas de Wilhelm Reich, cuyas técnicas habían sido desarrolladas por un pequeño grupo de psicoanalistas tras su muerte, centrados en el Instituto Esalen. Habían desarrollado técnicas de grupo en las que la gente expresaba libremente sus emociones; expresar, para tomar el control sobre uno mismo y encontrar su verdadero interior. De estas técnicas, pensaban, surgirían individuos autónomos liberados de sus condicionamientos sociales.

Esta idea, resultó tremendamente atractiva a la izquierda derrotada; podrían hacer surgir a un nuevo individuo, suficientemente fuerte como para acabar con el viejo órden. El Instituto Esalen cobró una enorme popularidad a finales de los 60 y principios de los 70, convirtiéndose en el símbolo central de un movimiento nacional de transformación personal, el “movimiento del potencial humano”. Con este éxito, pretenderían extender estas técnicas para solucionar problemas sociales, lo cual acabó en un rotundo fracaso tras una experiencia respecto al racismo con radicales blancos y negros, a los que se les animó a expresar sus sentimientos racistas juntando a ambos grupos, con el objetivo de que los trascendieran y se encontraran “más allá” como individuos.

Como contrapunto, otro de los grupos que se organizaron posteriormente con gran éxito estaba compuesto por monjas; llevarían a cabo su sistema de grupos en el convento del Corazón Inmaculado en Los Angeles, uno de los mayores seminarios de EEUU con cientos de monjas. Querían probar su sistema de liberación con individuos que tuvieran muy internalizadas una serie de normas externas. El convento, que quería parecer “moderno”, estuvo de acuerdo con el experimento. Ya que una de estas cosas reprimidas era la sexualidad, como parte de esta liberación una monja sedujo a una de sus compañeras, y a la maestra de las novicias… En un año, más de 300 monjas, la mitad del convento, dejaron sus votos. Seis meses más tarde, el convento se cerró, quedando sólo en la vida religiosa un pequeño grupo de monjas lesbianas radicales.

El desarrollo del “yo” fuera de la “cultura capitalista corrupta” se desarrolló desde finales de los años 60, y acabó por tener un efecto serio sobre la América corporativa; estas personas no se estaban comportando como consumidores predecibles, y en particular las compañías de seguros estaban preocupadas, porque la venta de seguros de vida a los jóvenes estaba cayendo dramáticamente. Estas corporaciones de seguros fueron las que más promovieron la investigación para saber cómo hacer frente a este nuevo fenómeno; si la gente se lanzaba a vivir en el presente, ¿cómo podría sobrevivir un negocio basado en la preocupación y el sacrificio por el futuro?. La explicación del “radicalismo político” no era suficiente, y averiguaron cómo lo esencial tenía que ver con la expresión de uno mismo.

Se empezó a analizar la conducta de estos nuevos individuos que se “expresaban”. La conclusión fue que estos individuos también eran consumidores, pero que no querían nada que les situase dentro de la estrecha estructura de la sociedad norteamericana. Lo que querían, eran productos que expresasen su individualidad, su diferencia en un mundo conformista; justo lo que las corporaciones norteamericanas no hacían. Este coche europeo en particular, esta música, esta ropa; en estas cosas se gastarían los consumidores el dinero para expresar al mundo quiénes eran.

Las grandes compañías de publicidad organizaron lo que llamarían “grupos operativos”, para averiguar cómo hacerse atractivos a estos nuevos individuos. “Hemos de ser conformistas, ante los nuevos no-conformistas”. Pero si era difícil entender a estos no-conformistas que participaban en grupos de análisis, el mayor problema era una estructura de producción en masa, que sólo obtenía beneficios con grandes tiradas de los mismos objetos. Este individualismo, parecía amenazar al propio sistema de producción.

La amenaza crecería, con un individuo que estaba encontrando formas de producir a estos nuevos individuos en serie; Werner Erhard. En sus intensos seminarios de fin de semana, su “Erhard Seminar Training”, a veces denominados “brutales”, los clientes darían permiso a los entrenadores a hacer cualquier cosa para romper sus yoes condicionados. Esto, obtendría un enorme éxito que sería reproducido por grupos dentro y fuera de EEUU.

Así, construyendo muchas veces a partir del “movimiento del potencial humano”, Erhard criticaría que no habían llegado lo bastante lejos; su idea era que ese núcleo esencial dentro todos los seres humanos, era otra limitación para la libertad humana. En realidad no había un yo fijo, lo que significaba que podías ser lo que quisieras. “La cuestión en la que se ponía el énfasis era”, decía Erhard, “ir capa tras capa tras capa, hasta llegar a la última y pelarla, reconociendo que nada tenía sentido y todo estaba vacío. Y no ya que no tuviera sentido y estuviera vacío, sino que estaba vacío y no tenía sentido el que no tuviera sentido y estuviera vacío, lo cual era enormemente liberador. Todas las reglas que ponías sobre tí, se han ido, y con lo que te quedas es con nada y nada es un lugar extraordinariamente poderoso para estar, porque es sólo desde nada desde donde puedes crear. Y desde esta nada, se podía crear una vida, permitiéndoles crearse a sí mismos.”

Pero al mismo tiempo, lo que Erhard estaba diciendo era que sólo el individuo, ninguna preocupación social, importaba; que tu vida así, completa, debería ser tu única preocupación. Que no era egoísta pensar sobre tí, sino tu principal deber.

El éxito fue extraordinario, incluyendo a caras famosas, estrellas de cine, etcétera, que pasarían por estos seminarios. Pero por el camino, la idea que había empezado el movimiento de liberación personal, del desafío al antiguo órden a través de la liberación personal, se desvaneció. Lo que ahora estaba emergiendo, era la idea de que la gente podía ser feliz, dentro de sí mismos; y el cambio social, era irrelevante.

Uno de los que propusieron esta idea fue Jerry Rubin. En 1968, como líder de los Yippies, estaría llevando adelante la marcha en Chicago. No mucho después estaría convirtiendo la protesta en este nuevo modo de vida, en un sentido “grandioso” del yo; ser feliz dentro de uno, “socialismo en una persona”, lo que como afirmaba un antiguo compañero suyo del partido yippie, “es lo mismo que el capitalismo”.

Los que desde las corporaciones monitorizaban estos cambios, estaban asustados de la velocidad con la que estaban sucediendo estos cambios. Las empresas de marketing vieron cómo de un pequeño porcentaje en los 70, a principios de los 80 el cambio se había extendido a la mayoría de la población.

Con un cambio tan fuerte, el capitalismo norteamericano decidió meterse enmedio, y “ayudar” a estos individuos a expresarse (y hacer mucho negocio mientras tanto). Lo primero, era encontrar una forma de penetrar sus cabezas, para descubrir qué deseaban estos nuevos individuos para ser ellos mismos. En SRI International, que trabajaba para el gobierno, corporaciones, y se especializaba en desarrollo en informática, comenzaron un proyecto para ver cómo satisfacer a estos “imprevisibles” consumidores.

Lo primero y más firme que averiguarían, que debía segmentarse el mercado, de acuerdo con estos deseos e impulsos. Prepararían enormes cuestionarios para ver cómo los individuos se veían a sí mismos y sus valores internos, para clasificarlos en distintas categorías. La gente respondió encantada, deseando rellenar cuestionarios que hablasen de sí mismos y sus motivaciones. Descubrieron que la gente podía ser definida por los patrones de su conducta, que la expresión de uno mismo no era infinita, y cuadraba dentro de clases identificables. SRI inventó así un nuevo término: estilos de vida.

El cuestionario se redujo a treinta preguntas que podían clasificar a los consumidores, de modo que las compañías podían saber quiénes compraban sus productos y realizar un marketing específico dependiendo del grupo al que pertenecieran. Al mismo tiempo, y aquí residía el poder de este sistema, permitía predecir qué productos resultarían atractivos para cada grupo.

Pero la cosa no se detendría aquí, y este análisis a través de las motivaciones resultó que podía precedir no ya qué productos comprarían los consumidores, sino a qué políticos votarían.

En 1980, con Ronald Reagan presentándose a las elecciones generales, los creadores de su campaña la organizaron en torno a la idea de que podía acabar con 50 años de interferencia entre el gobierno y las vidas de la gente. “Me gustaría pensar que el tipo de liderazgo que ejerceré no es el tipo de liderazgo en el que finjo que puedo resolver todos los problemas que estoy presentando aquí. Que juntos, vosotros y yo podemos. Quitar el gobierno de las espaldas de los americanos y dejaros libres.”.

Aunque Carter lo consideraba ridículo, los republicanos estaban asustados y pensaban que era un suicidio y la prensa era tremendamente negativa, en las encuestas en New Hampshire la cosa parecía ir realmente bien. No había un patrón coherente de género, edad y clase, pero los diseñadores del sistema de valores y estilos de vida afirmaban saber por qué; probandose el mensaje con Ronald Reagan en norteamérica y con Margaret Thatcher en Gran Bretaña, pensaban que triunfaría al coincidir con la forma en que los grupos estudiados se veían a sí mismos, en particular aquellos tipos que empujaban hacia la “liberación del yo”. Con incredulidad incluso dentro del SRI que consideraba que gente con tanta consciencia social no votaría a la derecha, se hicieron correlaciones entre este grupo y las intenciones de voto. El resultado, confirmó que los mensajes de Ronald Reagan y Margaret Thatcher hicieron al grupo de los que se creían “liberados” votarles.

Cuando Ronald Reagan accedió al poder en 1981, el país se enfrentaba a un desastre económico; la inflación de los 70 había acabado con gran parte de la industria pesada, y habían millones de desempleados. Reagan diría que el gobierno no era la solución, sino el problema. Así, la economía sería rescatada a través del estudio de estos grupos, en particular los “liberados”, que serían el motor de la nueva economía. La reconstrucción de la industria, con ayuda de los avances en informática y robótica, podría servir pequeñas tiradas de diversos productos, lo cual a largo plazo eliminaría el miedo a la sobreproducción; ya no había una serie de necesidades que podían terminarse, sino una serie de deseos a ser satisfechos en cambio constante.

Habría también un enorme crecimiento de la investigación y el marketing, y los “grupos” serían de nuevo el gran método para conocer al consumidor. Ahora bien, aunque originalmente el objetivo de los grupos era averiguar cómo convencer a las personas para comprar una serie estrecha de mercancías, ahora se utilizarían para explorar las emociones internas de los estilos de vida e inventar a partir de ahí nuevos productos.

Así, la generación que luchó contra el consumo acabó abrazándolo y ayudándolo, ya que les ayudaba a ser “ellos mismos”. Los nuevos individuos que se sentían orgullosamente liberados de sus condicionamientos sociales, acabaron dependiendo de los negocios para crear su “identidad”.

Las corporaciones, consideraron que era su labor promover la idea de que las personas eran individuos únicos, y ofrecerles formas de expresar esta individualidad. El mundo en el que la gente sentía que estaba rebelándose contra el conformismo no era una amenaza, sino una inmensa oportunidad para hacer negocio.

“En realidad más que el triunfo del yo fue el triunfo de una cierta autoindulgencia, del punto de vista de que todo en el mundo, y todo juicio moral, era algo que se veía correctamente a través de la satisfacción personal. De hecho, el punto final definitivo de esa lógica es que no hay sociedad, sino un montón de individuos, que toman decisiones individuales para promover su propio bienestar” – Robert Reich (economista, miembro del gabinete de Bill Clinton)

Episodio IV : Grupos de Votantes Indecisos

Este último episodio, trata sobre cómo este proceso en el que los negocios utilizaron técnicas para encontrar la forma de satisfacer los deseos internos y la expresión de la individualidad mediante el consumo, se trasladó a la política. Cómo los partidos de la “izquierda” en Gran Bretaña y EEUU adoptaron estas técnicas para recuperar el poder, creyendo que estaban creando una forma mejor de democracia, que respondiera a las emociones internas de los individuos; olvidando, que estos mecanismos no eran un método para liberar a la gente, sino para desarrollar nuevas formas de control.

En Gran Bretaña a principios de los 80, las divisiones de los objetivos del marketing y otros estudios seguían siendo respecto a la clase y con preguntas estrictamente acerca de los productos, desconfiando de las nuevas técnicas. Sin embargo, una crisis económica creciente iniciada a mediados de los 70 hizo al mundo de los negocios empezar a prestar atención a los nuevos métodos ante la caída del consumo; la publicidad debía ser más efectiva, con lo que habría que considerar los impulsos psicológicos bajo la superficie.

Las compañías británicas de publicidad empezaron a traer especialistas norteamericanos y a organizar “grupos”, el núcleo de su metodología. En el ámbito político, Margaret Thatcher apostó por estas nuevas ideas a través de la “expresión” del individuo, construyendo el discurso del viejo órden y el capital a su través:

“Algunos socialistas parecen creer que la gente deberían ser números en un ordenador estatal. nosotros creemos que deberían ser individuos. Somos todos desiguales, gracias a dios nadie es exáctamente como ninguna otra persona, por mucho que los socialistas finjan que es así; y creemos que todo el mundo tiene el derecho a ser desigual. Pero para nosotros, cada ser humano es igualmente importante. El derecho del hombre a trabajar como desee, a gastar lo que gana, a poseer propiedad, a tener al estado como sirviente y no como maestro; son la esencia de una economía libre, y de esa libertad, depende todo el resto de las libertades.” — Margaret Thatcher, Conferencia del Partido Conservador, 1975

Las empresas de marketing, que florecieron con Thatcher, empezaron a detectar un nuevo individualismo, especialmente entre aquellos que habían votado conservador por primera vez; no querían ser vistos como partes de una clase social, sino expresarse a sí mismos (para lo que era crucial los productos que escogían para expresarse). Encantados, los negocios se lanzarían a promocionar la llegada de este individualismo consumista, y salvarían el pellejo a través de la creación de múltiples líneas de productos que “ayudasen” a la gente a expresar su individualidad.

Otro de los mundos en el que el concepto de “relaciones públicas” penetró fue el del periodismo, en el que había tenido realmente mala fama. Entró a través de los tabloides; a los periódicos se les ofrecerían entrevistas con celebridades, pero sólo si estaban dispuestos a mencionar productos en los términos determinados por la compañía. Los periódicos más serios lo consideraban una corrupción de la profesión; pero para Rupert Murdoch, quien poseía The Times y The Sun, era parte de una “revolución democrática” contra una élite periodística que había reprimido durante mucho tiempo los sentimientos de las masas…

Para finales de los 80, a semejanza del caso de EEUU, el proyecto de Thatcher junto con sus aliados en los negocios y la industria habrían llevado al centro de la sociedad los conceptos del nuevo individualismo; hasta el punto de convertir en respetable la negación de la compasión, contra todo sistema de ayuda pública. Has trabajado duro, has hecho dinero, no deberías sentirte culpable por no tirarlo para quienes eligen no tener un hogar y eligen no trabajar.

La opinión de la oposición de izquierda dentro del sistema, era que esta “revolución” había traído la expresión de los aspectos más avariciosos y egoístas del individuo; en lugar de individuos aislados con una serie de emociones inconscientes que satisfacer, se basaban en hacer ver que tenían intereses en común con otros, para intentar que superaran las emociones y miedos consecuencia del individualismo aislado. Crear una consciencia de grupo, para poder frenar el poder del capitalismo a través de sindicatos y otras formas de acción conjunta. Diría por entonces un slogan electoral laborista, “El poder del hombre rico se encuentra en su monedero, el del hombre pobre en su política. No rindas tu poder al hombre rico; ya tiene demasiado”

Sin embargo, la crisis para los laboristas en los 80, común con los demócratas en EEUU, hizo crecer el número de quienes dentro del partido laborista pensaban que si querían retomar alguna vez el poder, deberían adaptarse al nuevo individualismo. Algunos desde dentro, pensaban que el pecado del partido laborista era una posición patriarcal respecto a sus votantes, como parte de las “viejas instituciones” en Gran Bretaña; que se negaban a ver las nuevas aspiraciones de las clases trabajadoras.

Para reconectar al partido laborista con los votantes perdidos, una idea que poco a poco fue abriéndose paso fue el uso de la técnica de “grupos” del marketing dirigida por el laborista Philip Gould; especialmente sobre aquellos que habían pasado de votar laborista a hacerlo a Thatcher. Se les animó, no a hablar racionalmente sobre política, sino a expresar sus emociones. En los estudios, se detectó un giro esencial en la gente respecto a la política, en el que no se veían como parte de grupo alguno, sino como individuos que podían exigir cosas de los políticos a cambio de pagar impuestos. Es decir, lo mismo que los negocios les habían enseñado a hacer como consumidores.

La concepción de que esta nueva configuración de las clases “aspiracionales” debería aplicarse en una nueva campaña de elecciones generales en 1992, generó una fuerte lucha interna en el partido laborista contra las ramas del partido que se negaban a que se prometiera no subir los impuestos. Los detractores parecían estar ganando la partida con unas encuestas que daban la victoria al fin al laborismo, pero Philip Gould se encontraba convencido a través de los grupos que había analizado, de que quienes estaban afirmando que votarían laborista se estaban preparando en realidad para hacerlo por los conservadores, buscando su propio interés, pero que les avergonzaba demasiado admitirlo. Los grupos que analizaba John Major le estaban diciendo lo mismo, y también se hallaba seguro de su victoria; el resultado, en el que fue reelegido, fue un desastre mayúsculo para los laboristas.

Fue entonces cuando las ideas de Philip Gould aumentaron su peso, aún con la oposición del nuevo líder laborista, John Smith. Philip Gould abandonó Gran Bretaña para trabajar en la campaña demócrata de Bill Clinton en EEUU, y allí descubrió que en este partido ya se habían estado llevando a cabo grupos con votantes de los que no tenían un partido fijo, que en distintas elecciones votaban a uno u otro. Un ejemplo, sería que Clinton afirmaba que bajaría los impuestos; que la gente debería pagar impuestos, pero sólo para aquello que les beneficiase. Cada idea y propuesta política se comprobaría con estos grupos de votantes “en el centro” para buscar su aprobación, comenzando lo que luego sería llamado “política reactiva”.

Averiguando cuáles eran los deseos de los individuos, se buscaría un candidato, imágenes, palabras, que resonaran con estos deseos. Los directores de campaña de los demócratas no creían que fuera una rendición ante los deseos egoístas de las clases medias; las bajadas de impuestos eran el precio que debían pagar para recuperar el poder. Pero una vez en él, llevarían a cabo las políticas clásicas demócratas, ayudando a las clases bajas que habían sido despreciadas en la época Reagan. Compensarían la bajada de impuestos bajando el presupuesto de defensa y aumentando los impuestos de los ricos, con lo que consideraban una coalición entre los viejos y los nuevos votantes satisfaciendo a ambos.

Su optimismo sería breve, pues tras la elección de Clinton como presidente en 1992, encontraron un déficit en la administración muchísimo mayor del que esperaban, a tal punto que no podían pedir más préstamos sin causar miedo y crisis en el mercado. La única forma de bajar los impuestos, sería recortar no sólo en defensa sino en bienestar. Así, Clinton decidió subir los impuestos, intentando inspirar al país con el viejo ideal demócrata del gasto gubernamental para ayudar a los desfavorecidos; intentando dirigir a la gente hacia el concepto de ideales más allá de la individualidad.

El resultado fue que los votantes se sintieron traicionados; en las elecciones al Congreso de 1994, los republicanos, que prometían enormes recortes de impuestos y al sistema de bienestar, obtuvieron el control de las dos casas del Congreso. Con el poder legislativo en contra, Clinton no podría aprobar sus reformas, mucho menos la creación de un sistema con sanidad y bienestar. Su popularidad personal cayó, y las elecciones de 1996 parecían un imposible.

Clinton contactó como consejero con uno de los estrategas políticos americanos más prestigiosos, Dick Morris, quien le recomendó que para ganar debía transformar la naturaleza en sí de la política. Los votantes que decidían realmente, los que podían cambiar el voto, se comportaban ahora como consumidores; la única forma de recuperarlos era olvidar toda la ideología y convertir la política en una forma de negocio para consumidores. Identificar sus deseos y caprichos personales, y prometer satisfacerlos. Si seguía estas reglas del consumo, ellos le seguirían a él.

Se llevó a cabo una serie de encuestas masivas para identificar a los votantes indecisos, en las que se incluía una serie de preguntas personales para incluirlos en unos u otros estilos de vida. Así, estos votantes fueron segmentados en tipos, identificando qué políticas podrían hacer que estos grupos se sintieran más seguros en el estilo de vida que habían elegido.

Esta “pequeña política” se enfocaba sobre detalles a los que antes no se había dado importancia, y que ahora se convertirían en la clave para obtener el poder. ¿Regulación de si ha de obligarse a que haya cinturones de seguridad en los coches? ¿Deberían haber uniformes en las escuelas?.

Cuando empezó la campaña por la reelección, Bill Clinton mostró a una Casablanca atónita las ideas de Dick Morris; todas las políticas tradicionales debían abandonarse, y en su lugar, el enfoque debería estar en aquellas que preocupaban a los votantes indecisos. Decisiones como el control del acceso de los niños a la pornografía con chips de control en los televisores o la dotación de los autobuses escolares con teléfonos para hacer que los padres se sintieran más seguros se convertirían en partes esenciales de la campaña, mientras que por consejo de Dick Morris, Clinton pasaba su tiempo libre con actividades propias de estos grupos de votantes indecisos.

Las ideas de Morris fueron un éxito, y las encuestas sobre votantes indecisos experimentaron una enorme subida. Clinton le situó en el núcleo de su campaña, y se adquirió un edificio de oficinas en Denver en el que se instaló un centro telefónico, donde se llamaría a estos votantes para comprobar al detalle si les satisfacía cada propuestas de Clinton.

Para acabar de convencer a sus votantes indecisos de su firme abandono de las viejas políticas, se dio una fuerte publicidad como acto simbólico a la firma de un nuevo sistema de paro que se limitaría a dos años para “promover que la gente trabajara”, acabando con sesenta años del sistema de paro forjado por Roosevelt. Para muchos dentro del partido demócrata, fue también el fin del ideal de progreso del propio Roosevelt, el uso del poder como medio para hacer que la gente se comportara de forma cooperativa y social, y no como individuos que actúan por su propio interés.

El mismo triunfo de las “políticas del Yo” iba a suceder en breve en Gran Bretaña; llegó con el nuevo líder del partido laborista en 1994, Tony Blair. Regresaría de EEUU Philip Gould, aplicando la idea de los “grupos” de forma masiva y reproduciendo a la americana el sistema de la “pequeña política” para reorganizar por completo las promesas políticas del laborismo.

Reprimiré a aquellos que convierten la vida en un infierno en sus vecindarios con el ruido y el alboroto. La ley y el órden es hoy un asunto del laborismo – – Tony Blair en campaña

Con este giro, se abriría el camino por el que en Gran Bretaña también los votantes indecisos serían quienes determinasen las políticas del partido laborista; incluso, adaptando las frases que utilizó el partido demócrata en EEUU. Los votantes del “centro”, cruciales para ganar las elecciones en aquel determinado momento, no se veían ya como explotados por el mercado libre, sino como consumidores a los que daban identidad los productos que el mercado les ofrecía.

Así, se borraría la cuarta cláusula fundacional de la constitución del partido laborista, que hablaba de utilizar el poder de la gente para retar al ánsia egoísta de los negocios. En su lugar, la nueva cuarta cláusula prometería fomentar y hacer florecer el mercado. “Los negocios son la sangre que da vida al país”, afirmaría.

En buena parte del partido laborista, esto se concebiría como una “nueva democracia”, satisfaciendo los deseos de los individuos, “dándoles el poder” en lugar de tratarlos como grupos sin rostro, con una clase política concebida al servicio de estos deseos.

Y el problema para el nuevo laborismo, fue que realmente creían en la propaganda. Tomaron como cierta la idea que promovían los negocios, de que las técnicas inventadas para leer las mentes de las personas podían dar lugar a una nueva forma de democracia. Una vez en el poder, el nuevo laborismo intentó gobernar a través de lo que Philip Gould llamó “democracia contínua”. Lo que funcionó para los negocios para fabricar productos, llevó al gobierno a un laberinto de deseos y caprichos contradictorios, que les llevaron a actuar de formas incoherentes.

Como ejemplo, los grupos analizados afirmaron que los ferrocarriles no eran una prioridad; y las políticas laboristas reflejaron esto en cortes de presupuesto. Pero más tarde, al empeorar el servicio, esos mismos grupos culpabilizaban al gobierno por no haber invertido antes más dinero en el ferrocarril. Por no mencionar, a quienes deseaban impuestos más bajos y mayor gasto público.

En 1939 Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, creó una visión de un mundo futuro en el que el consumidor era el rey. Fue en la exposición mundial en Nueva York, y Edward Bernays la llamó Democraciudad. Fue una de las primeras y más dramáticas representaciones de lo que sería una democracia de consumidores, una sociedad en la que las necesidades y deseos de los individuos eran leídos y satisfechos por las grandes corporaciones del mercado libre.

Este fue el modelo de democracia que ambos laboristas y demócratas adoptaron para recuperar el poder en EEUU, utilizando las técnicas para el análisis psicológico desarrolladas en los negocios, aceptando y extendiendo la idea de Bernays de que esta era una forma mejor de democracia.

Pero en realidad, la exposición no fue más que propaganda diseñada por Bernays a sueldo de las corporaciones norteamericanas. En privado, Bernays nunca creyó que una democracia real pudiera funcionar. Había sido influído profundamente por las teorías de su tío sobre la naturaleza humana; Freud creía que los seres humanos no se comportaban a través del pensamiento racional, sino a través de deseos y emociones irracionales.

Bernays pensaba, que esto era demasiado peligroso como para dejar que jamás las masas tuvieran un verdadero control sobre sus vidas. Y el consumo era una forma de crear en la gente la ilusión del control, que permitiera a la vez que una élite responsable continuase administrando la sociedad.

“No es que la gente esté a cargo, sino que sus deseos lo están. La gente no está al cargo, no lleva a cabo ninguna decisión , así que la democracia se reduce de algo que presupone una ciudadanía activa a algo que ahora se predica cada vez más como la idea del público como consumidores pasivos, a los que satisfacer caprichos temporales.” — Robert Reich, miembro del gabinete Clinton

Para poder dirigir en otra dirección este empuje, la política tendría que hacer que estos nuevos consumidores pensaran fuera de la caja, la de su interés propio. Esto significaría a la vez retar a la visión ahora dominante de los seres humanos como seres

Texto extraído de Indymedia Madrid.

 

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Técnicas de manipulación de masas / Retóricas de la intransigencia

Unidas a otros malos usos de los medios de comunicación, y de sutiles recursos que nos encaminan hacia el consenso y la eliminación de las voces discrepantes, las técnicas de manipulación de masas en el siglo XX, parten de la adaptación de las teorías de Freud por su sobrino E. Bernays, que le sirvieron para incrementar la popularidad de varios presidentes y aumentar los beneficios de numerosas corporaciones estadounidenses, pasando por la Comisión Creel, que tardó sólo seis meses en convertir a la pacífica población americana en belicista, y la actualización de Goebbels para la Segunda Guerra Mundial, que consiguió un estado de “hipnosis colectiva” y la sumisión de millones de alemanes a la ideología nazi.

En este recorrido, la construcción de argumentos y discursos diseñados para frenar la consecución de derechos políticos, civiles y sociales en Europa es analizada por Albert O. Hirschman en “Retóricas de la intransigencia”, y por Carl Sagan en “El Mundo Y Sus Demonios. La Ciencia Como Una Luz En La Oscuridad” de la que dejo un extracto más adelante.

Pero hay mucho más, porque la ingeniería del consenso necesita de términos, conceptos fuertes y argumentos que voy a llamar “sucios”, que se usan magistralmente para conseguir el apoyo de las masas de ciudadanos. Nos ceban con la inmundicia mediática y publicitaria, directa o indirectamente, hasta conseguir que cada ciudadano no sea capaz de distinguir la paja de la información valiosa, y visten la paja con términos grandilocuentes, como la Libertad o la Democracia, ambas con mayúsculas.

Chomsky llamó al sistema actual imperante “lavado de cerebro con libertad”, y en él, la falta de libertad de pensamiento se disfraza con la libertad de expresión. La censura consiste en el silenciamiento o no difusión de las alternativas o voces desacordes con el establishment, y, como comentaba Pascual Serrano en la presentación de su libro“Medios Violentos”, a la que asistí hace unos días en Córdobala legitimación, frivolización y trivialización de la violencia y de la guerra que los medios ejercen, unida a la parálisis provocada por el terror y la desinformación premeditada y continuada de las claves que permiten comprender la política internacional, son usadas para lograr interiorizar la ausencia absoluta de responsabilidad, influencia y capacidad de intervención del ciudadano.

Democracia sí, pero mal entendida, esto es, representativa y no participativa. Nuestros derechos democráticos, en la práctica, se reducen al depósito de un voto cada cierto tiempo. La lógica de la concentración del poder o monopolio económico hacia el que nos conducen, implica la reproducción del modelo estadounidense: bipartidismo fundamentado en prácticas neoliberales o dos opciones casi idénticas, la denominada “derecha” en lo económico y social y la denominada “izquierda” o socialdemocracia, que se reduce a lo social en mayor o menor medida según las tendencias ideológicas aprendidas en cada Estado. Más a la izquierda, la paja del terror rojo y la caída del bloque soviético, el concepto “radical”, eficaz como ninguno, para ocultar alternativas reales para la economía y un mundo diferente.

La Libertad, mancillada como nunca, sirve al propósito de los dirigentes de la economía mundial para dictar a “nuestros” representantes políticos por dónde deben discurrir las cosas;

Libertad para sus negocios; libertad para el libre tránsito de las mercancías, que no de las personas; liberalismo o neoliberalismo para eliminar trabas a la especulación; libertad para depositar sus ahorros en paraísos fiscales; libre explotación de los recursos naturales y personas del mundo empobrecido; libertad para contaminar y supresión de leyes reguladoras; libre concentración de empresas, de multinacionales, libertad para el monopolio y falsa libre competencia, por tanto; tratados de libre comercio para arruinar a pequeños productores incapaces de competir con nuestros productos subvencionados y más baratos; comercio libre de armas; globalización económica, o libre mercado mundial; despido libre; libertad para elegir ¿o más bien para consumir?; libertad para comprar extensas propiedades estatales, que antes nos pertenecían a todos; libertad de elección entre A y B, siendo A lo mismo que B; “Libertad Duradera”, para masacrar a la gente y robar sus recursos energéticos bajo la mirada de una estatua; libertad, en suma, de expresión, pero convenientemente silenciada o criminalizada cuando escapa los intereses de aquellos que controlan los grupos mediáticos y la economía.

Los medios de comunicación son los perros guardianes de  ciertos privilegios, que reaccionarán a cualquier iniciativa de transformación real de nuestra sociedad, conservando las estructuras asentadas bajo la retórica del miedo, de que cualquier propuesta de cambio significa una amenaza para los logros ya obtenidos, que hay que preservar, y que, en realidad, son los pilares sobre los que se sustentan las marcadas desigualdades, la destrucción del medio ambiente y la irracionalidad del crecimiento económico, o el salto al vacío, de cuyo vuelo ahora disfrutamos.

Dejo, pues, a continuación, algunos de los cimientos sobre los que se sustenta la dialéctica de los que ostentan el poder económico y político. Imaginen ejemplos prácticos. Es fácil.

goebbels

1. Principio de simplificación y del enemigo único.

Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

2. Principio del método de contagio.

Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3. Principio de la transposición.

Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.

4. Principio de la exageración y desfiguración.

Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

5. Principio de la vulgarización.

“Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.

6. Principio de orquestación.

“La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.

7. Principio de renovación.

Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

8. Principio de la verosimilitud.

Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.

9. Principio de la silenciación.

Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

10. Principio de la transfusión.

Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

11. Principio de la unanimidad.

Llegar a convencer mucha gente que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad.

Estos son los principios de Paul Joseph Goebbels (1897-1945), ministro de propaganda del gobierno de Adolf Hitler en la Alemania Nazi. Figura clave del régimen, conocido por sus dotes retóricas y su capacidad persuasiva, promovió la depuración de los ambientes culturales y la más extensa difusión de los mitos nazis.

Goebbels se basó en estos principios para adiestrar a los alemanes con muy buen resultado. Es por ello, que son usados aún hoy por las democracias occidentales como eficaz herramienta propagandística.

En The Rhetoric of Reaction (Retóricas de la intransigencia), Hirschman describe los argumentos y discursos de quienes se opusieron en Europa al avance de los derechos políticos, civiles y sociales. Quienes se negaban al avance del sufragio universal reclamaron que éste acabaría con la libertad, la que suponía una conciencia del honor y del deber propio de los caballeros y no de los proletarios. Las leyes a favor de los pobres generarían incentivos para que los beneficiados por ellas se transformaran en holgazanes. Finalmente, el avance del Estado de Bienestar terminaría por destruir las libertades económicas y el sentido de empresa tan fundamental para el Occidente capitalista.

El profesor Albert O. Hirschman dedica un libro, The Rhetoric of Reaction, a describir las tesis utilizadas por los pensadores reaccionarios para atacar las propuestas de avance social y evitar el diálogo. Tres son los recursos fundamentales que destaca este académico de Princeton:

La tesis de la perversidad, donde se sostiene que toda acción deliberada para mejorar el orden social, político y económico sólo sirve para agudizar la situación que se desea remediar. La tentativa de empujar a una sociedad en cierta dirección tendrá como resultado que se mueva efectivamente, pero en la dirección opuesta. Así, políticas públicas pueden ser buenas en teoría, pero producirán efectos imprevistos, no deseados y perversos en la práctica.

La tesis de la futilidad, la cual argumenta que los intentos para llevar a cabo reformas sociales serán nulos o de alcance limitado debido a su fragilidad teórica. Todo pretendido cambio es, fue o será en gran medida de superficie, de fachada, cosmético, y por tanto ilusorio, pues las estructuras “profundas” de la sociedad permanecen intactas. Pretende que la medida propuesta se enfrentará a la dura realidad y que nada cambiará.

La tesis del riesgo, que afirma que el costo político y social de las reformas propuestas sólo sirve para poner en peligro los logros precedentes. El cambio propuesto, aunque acaso deseable en sí mismo, implica costos o consecuencias inaceptables. En definitiva, se nos advierte que la política propuesta acarrea cosas positivas, pero que ellas son de menor cuantía con respecto al riesgo de perder todo lo avanzado.

hisrchman

El siguiente texto ha sido traducido por mi buen amigo Bosco Gámiz, futuro colaborador (espero) de Rebelión. Más adelante, buscaré otros ejemplos acordes con la actualidad informativa;

Extracto de “El Mundo Y Sus Demonios. La Ciencia Como Una Luz En La Oscuridad”de Carl Sagan.

Ad hominem – En latín “para el hombre”, atacar al argumentador en vez del argumento (ej.Todos los días, en el telediario, de boca de los portavoces de ambos partidos mayoritarios).

Recurso a la autoridad – (ej. El presidente Nixon debería ser reelegido porque tiene un plan secreto para terminar con la guerra en el sur-este de Asia – al ser un secreto no había manera de que el votante pueda evaluar sus supuestos méritos, tan sólo le quedaba confiar en él porque es el presidente, lo cual demostró ser un error).

Consecuencias adversas – (ej. Un Dios que castiga y recompensa debe existir, porque si El no existiese, la sociedad sería mucho más caótica y peligrosa, quizás incluso ingobernable.) Una versión más cínica es la del historiador romano “Polybus”: “Dado que las masas son mutables, están llenas de deseos discordantes, pasiones y no se preocupan por las consecuencias de sus actos, deben ser imbuidos de temores que los llamen al orden. Los antiguos hicieron por tanto bien en inventarse dioses y el castigo después de la muerte”.

Recurso a la ignorancia – afirmar que lo que no se ha demostrado que sea falso debe ser verdad, y viceversa (ej. No hay evidencia clara de que no existan los ovnis no visitan la tierra, por lo tanto los ovnis existen. O: Puede haber trillones de otros mundos, pero no se conoce ninguno con los avances de la Tierra, por lo que seguimos siendo centrales en el universo) Esta falta de paciencia para con la ambigüedad puede criticarse con la siguiente frase: la ausencia de pruebas no es la prueba de la ausencia.

Rogar la respuesta, o presumir la respuesta – (ej. Debemos imponer la pena de muerte para desalentar los crímenes violentos. Pero ¿acaso se reduce la tasa de delitos violentos cuando existe la pena de muerte? O: La bolsa cayó ayer debido a un ajuste técnico y la retirada de beneficios por parte de los inversores – pero ¿hay alguna evidencia clara del rol causal del “ajuste” y la retirada de beneficios? ¿Se aprende algo gracias a esta supuesta explicación?).

Observación selectiva, o la enumeración de casos favorables, o como Francis Bacon lo expresaba, contar los aciertos y olvidar los fallos – (p, ej. Una nación se vanagloria de los grandes hombres que han sido presidentes, pero no mantiene silencio respecto a sus asesinos en serie).

Estadística con números pequeños – (ej. Dicen que una de cada cinco personas en el mundo son chinos. Esto es imposible porque yo conozco a centenares de personas y ninguna es china) O: He sacado tres sietes seguidos. Hoy no puedo perder).

Desconocer la Estadística – (ej. el presidente Eisenhower expresa su sorpresa y alarma ante el hecho de que la mitad del pueblo americano está por debajo de la media en inteligencia).

Inconsistencia – (ej. planificar prudentemente para el peor escenario posible en el caso de un enemigo militar potencial (NT – ¿recuerdan la doctrina del ataque preventivo? -al mismo tiempo que se descartan alegremente estudios científicos que avisan de posibles amenazas futuras porque “no están demostrados”) O: atribuir la caída en la esperanza de vida en la Unión Soviética a los fracasos del comunismo, pero nunca atribuir el elevado nivel de mortalidad infantil en EEUU – el más alto de las naciones industrializadas – a los fracasos del capitalismo. O: Considerar que es posible que el universo dure infinitamente en el futuro pero considerar absurdo que pueda durar infinitamente hacia el pasado).

Non sequitur – En latín, “una cosa no sigue a la otra” (ej. Nuestra nación prevalecerá porque Dios es grande. Casi todas creen lo mismo. Supone la incapacidad de ver diferentes alternativas).

Post hoc, ergo propter hoc – En latín “ocurrió después, por lo tanto fue causado por” (ej. El arzobispo de Manila una vez dijo: “Conozco a una persona de 26 años que tiene aspecto de tener 60 porque tomó píldoras anticonceptivas. O: No había armas nucleares antes de que las mujeres pudiesen votar.)

Pregunta sin sentido – (ej. ¿Qué ocurre cuando una fuerza irresistible se encuentra con un objeto que no se puede mover?) Las dos cosas no pueden existir al mismo tiempo.

Exclusión de punto intermedio, o falsa dicotomía – se trata de considerar sólo los extremos en un continuo de posibilidades intermedias (ej. “Claro, ponte de su parte, yo siempre me equivoco”, O: “O amas a tu país, o lo odias”, O: Si no eres parte de la solución, eres parte del problema”).

Corto plazo frente a largo plazo – se trata de un subconjunto tan importante de la exclusión del punto intermedio que le he dedico atención especial (ej., No tenemos recursos para alimentar a niños malnutridos u ofrecer educación pre-escolar. Tenemos que afrontar urgentemente la inseguridad ciudadana. O: ¿Cómo podemos explorar el espacio o dedicar recursos a la ciencia básica con el déficit que tenemos).

Cuerda resbaladiza, relacionada con el intermedio excluido – (ej., Si permitimos el aborto en las primeras semanas de embarazo, será imposible impedir el asesinato de un niño recién nacido. O, inversamente: Si el estado prohíbe el aborto incluso en el noveno mes, llegará pronto el momento en que nos diga qué podemos o no hacer con nuestro cuerpo en torno a la concepción).

Confusión entre correlación y causalidad – (ej., Un estudio indica hay más homosexuales entre universitarios que entre personas con menos educación, por lo tanto la educación es causa de homosexualidad).

Caricatura – ridiculizar para facilitar la crítica (ej., Los científicos suponen que las cosas vivas se crearon por pura casualidad. O: Los defensores del medio ambiente se preocupan más por los ciertos búhos y sapos que por las personas humanas).

Medias verdades – (ej. Cualquier propuesta electoral, en especial las relativas a los impuestos).

Eufemismos – ponerle nombre atractivo a las cosas indeseables (en vez de guerra, pacificación, salvaguarda de intereses nacionales, etc).

Sáb, 03/08/2013 - 00:00 -- César

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De mito revolucionario a asesino “terrorista”

EDITORIAL. Caudillo Guevara

10/10/2007

“(…) Ernesto Guevara, el Che, de cuya muerte en el poblado boliviano de La Higuera se cumplen 40 años, perteneció a esa siniestra saga de héroes trágicos, presente aún en los movimientos terroristas de diverso cuño, desde los nacionalistas a los yihadistas, que pretenden disimular la condición del asesino bajo la del mártir, prolongando el viejo prejuicio heredado del romanticismo (…) Sus proyectos y sus consignas no han dejado más que un reguero de fracaso y de muerte, tanto en el único sitio donde triunfaron, la Cuba de Castro, como en los lugares en los que no alcanzaron la victoria (…)”. (1)

(1)http://www.elpais.com/articulo/opinion/Caudillo/Guevara/elpepuopi/20071010elpepiopi_2/Tes

 

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La justificación del golpe de Estado en Venezuela

EDITORIAL. Golpe a un caudillo

13/03/2002

“Sólo un golpe de Estado ha conseguido echar a Hugo Chávez del poder en Venezuela. La situación había alcanzado tal grado de deterioro que este caudillo errático ha recibido un empujón (…) Las fuerzas armadas, encabezadas por el general Efraín Vásquez, han obrado con celeridad al designar como jefe de un gobierno de transición a un civil, Pedro Carmona Estanga, presidente de la patronal venezolana (…) A la luz de los hechos, hay que elogiar al menos la decisión de la cúpula militar de ceder el poder a un civil, aunque resulte singular que el elegido sea el presidente de la patronal. (2)

(2)http://www.elpais.com/articulo/opinion/VENEZUELA/Golpe/caudillo/elpepiopi/20020413elpepiopi_2/Tes

 

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La destrucción del “Pacto de silencio”, 20 años después de su creacion en el mismo diario

“La guerra que no cesa”. Javier Pradera.

07/09/2008

“(…) Por mucho que se repita la necedad, la atribución de esa anomalía a un pacto de silencio solapadamente suscrito en 1978 por franquistas cínicos e izquierdistas claudicantes continuará siendo una solemne tontería (…)” (3)

“El pacto de silencio”. José Antonio Gabriel y Galán.

20/02/1988

“El pacto de no agresión firmado en el aire en los albores de la transición entre las nuevas fuerzas democráticas emergentes y los colaboracionistas es una de las más sutiles y paradójicas convenciones realizadas en este país a lo largo de toda la historia (…) Permítanme, pues, erigirme en sacerdote nominador y aplicarle el calificativo de pacto de silencio (…). (4)

(3)http://www.elpais.com/articulo/opinion/guerra/cesa/elpepusocdgm/20080907elpdmgpan_3/Tes

(4)http://www.elpais.com/articulo/opinion/ESPAnA/FRANQUISMO/TRANSICIoN_POLiTICA_ESPAnOLA/pacto/silencio/elpepiopi/19880220elpepiopi_9/Tes

 

 

El CIS coloca parte de los votantes de Unidos Podemos entre los “indecisos” en su encuesta previa al 26J

Vie, 10/06/2016 - 19:10 -- Anónimo (no verificado)

La letra pequeña de la encuesta del CIS previa al 26J va mucho más allá de la brocha gorda que se aplica en la mayor parte de los análisis mediáticos u opiniones de los tertulianos habituales en la televisión. Debemos prestar atención a varios factores que han pasado desapercibidos para hacernos una idea más completa de la opinión general; – La muestra es más amplia de lo habitual, y sobrepasa las 17 mil entrevistas, con lo que la aproximación debe ser más exacta que en otros sondeos que cuentan con un muestreo de poco más de 4 mil encuestados. – Las idas y venidas en el estado de opinión han dejado ya algo anticuado el resultado, pues la realización concluyó hace más de medio mes (entre el 4 y 22 de mayo).

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