Paco Campos

Hacia una justicia por consenso

Seguimos en la órbita rortiana porque es difícil sustraerse a los acontecimientos cuando éstos chirrían y nos hacen mover la cabeza como el resto de los animales cuando se sacuden el agua. Y con él preguntamos más o menos de este modo -> ¿Surge la justicia de la razón porque sólo ella puede imponer obligaciones, como pensaba Kant, y ahora Habermas? ¿Pueden asumirse principios de validez universal, que respondan a ese llamado de la razón, como identidad propia de la especie humana?

Hay justicia si hay lealtad

Todavía, tanto los jueces como la opinión, piensa en la justicia como una idealización, como una instanciación a la que accedemos con conflictos para encajarlos en ella a ver si cuadran, y lo hacemos con el ejercicio de la razón para interpretar los principios universales que a todos igualan ante la ley. Esta caracterización se la debemos a Kant y al pensamiento ilustrado, con su teoría de los tres poderes y acompañado todo esto con la palabra democracia, y tanto vale hoy este gazpacho para la realeza europea como para Erdogan.

Contingencia y libertad

‘Contingencia’ no significa provisionalidad, tampoco imprevisión, sino posibilidad, apertura, y siempre generación y capacidad de adaptación e interpretación: todo lo contrario a necesidad e inmovilidad, a intemporalidad o dogma. Mejor que de principios y valores, (como hizo el Borbón en Oviedo) es hablar de formas de vida y de solidaridad.

Nada hay preconcebido

Si lo hubiera qué papel nos habría reservado la naturaleza; nos bastaría con adecuar nuestras disposiciones a un manojo de ideas y creer que lo que hacemos lo hacemos porque no puede hacerse de otra manera. También pasa con las tesis políticas que defienden nociones tales como democracia, legalidad, principios universales y demás formas canónicas que se manejan simplemente para ajustarlas a una preconcepción ideológica, de tal manera que sólo esa, nuestra, versión es posible para ser exitosa. Esta forma de idealismo ha llevado a mucha gente al fracaso, cuando no al caos.

El lado no humano de la vida

Hay instancias de las que el ser humano se sirve a conveniencia y que le reportan cierta complacencia acomodaticia. Son respectos con los que establece relación privilegiada -dice Rorty en Pragmatismo, una versión- y con los que se familiariza o absorbe cultural y tradicionalmente por vía  paterno-filial y transmite posteriormente a su progenie en ese fenómeno inconcreto llamado 'educación'. Todo esa masa se posa y reside en el  subconsciente individual y colectivo.

Cultura democrática

La democracia sin matices hemos de asumirla como una cuestión práctica, no a manera de principios abstractos o como simple recuento cuantitativo. Hace tiempo que los ideales democráticos pasaron a ser formas de experiencia tendentes a la felicidad de los hombres. Nada puede hacernos felices o tener una vida satisfactoria si no convertimos nuestras creencias, sentimientos y acciones en verdaderas relaciones con más rango social que individual; cuando, por ejemplo, un ‘nosotros’ desplaza a un yo, tú, él.

Cultura democrática

La democracia sin matices hemos de asumirla como una cuestión práctica, no a manera de principios abstractos o como simple recuento cuantitativo. Hace tiempo que los ideales democráticos pasaron a ser formas de experiencia tendentes a la felicidad de los hombres. Nada puede hacernos felices o tener una vida satisfactoria si no convertimos nuestras creencias, sentimientos y acciones en verdaderas relaciones con más rango social que individual; cuando, por ejemplo, un ‘nosotros’ desplaza a un yo, tú, él.

¿Qué es esto de una democracia autoritaria?

Vivimos ya unos meses demasiado estresantes, dislocados, en los que se apela a una definición de la democracia; una aclaración simple en la que poder hacer válidas nuestras expectativas. Desgraciadamente chocan argumentos basados en los principios ejemplares y en los derechos elementales: los primeros son por sí solos indiscernibles, los segundos son tan simples que cuestionarlos supondría la pérdida del sentido común. He aquí que se confrontan en un pañuelo la tradición del racionalismo ilustrado con la moderna evolución del pensamiento pragmatista.

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