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Feminidades ahuciadas

Vivienda | Carolina Pulido Castro* | 20-01-2014 | facebook yahoo twitter Versión para imprimir de este documento

En el año 1955 Rosa Parks, se negó a obedecer al chófer de un autobús público, el cual quería obligarla a ceder su asiendo a una persona de raza blanca. Por este motivo, Rosa Park fue encarcelada y acusada de haber “perturbado el orden”. En respuesta a su encarcelamiento, Martin Luther King, relativamente desconocido en ese tiempo, organizó una protesta en colaboración con la activista y amiga de Rosa Parks, Johnnie Carr. Esta protesta obligó a las autoridades del transporte público a terminar prácticamente con la segregación racial en los autobuses y fue además la mecha que encendió otros actos de rebeldía frente a las prácticas de segregación. Finalmente el caso de Rosa Parks llegó a la Corte Suprema de los Estados Unidos, que declaró inconstitucional, la segregación en el transporte. Parks se convirtió en un icono del movimiento de derechos civiles.

El 3 de Junio de 1995, en la región de la Pampa, Argentina, Lucy de Cornelis, la esposa de un productor agropecuario, ante la inminencia del remate [1] judicial de sus tierras organizó una asamblea de mujeres que convocó a través de una emisora de radio local. En esta asamblea participaron 300 chacareras [2] de 16 localidades de La Pampa y de Buenos Aires. Estas mujeres reclamaban entre otras cosas: el fin de los remates y las ejecuciones en los campos, analizar la legitimidad de la deuda y mejorar las condiciones de los créditos futuros.

En esta primera asamblea quedó fundado el Movimiento de Mujeres en Lucha (MML). Después de unos años lograron, entre otras muchas cosas, la suspensión de todos los remates judiciales.

En noviembre de 2010 en Barcelona, la PAH paralizó el primer desahucio. Esta primera acción, dio paso a la campaña stop desahucios en todo el estado Español. Desde entonces hasta ahora, son casi 1000 desahucios los paralizados en todo el estado. La PAH, junto con las asambleas de vivienda del 15M, se ha convertido en un referente en la lucha por la vivienda en todo el mundo.

Pero, ¿Qué tienen en común estos tres referentes?

En estas tres experiencias podemos encontrar varias similitudes. Por un lado, algo que comparten y que puede servir a la vez para explicar parte de sus logros, es que han sabido combinar varias formas de lucha: la desobediencia civil, la autogestión y la institucional. No obstante, no es quizás esto lo que explicaría cuál es el elemento diferencial que se da en estos tipos de lucha frente a otras. Hay otra variable común que nos podría ayudar a entender, no sólo el éxito del movimiento, sino el porqué de los procesos que se están dando en la construcción de un nuevo sujeto político. Si bien ninguna de estas luchas plantea reivindicaciones de género ni de corte feminista, es femenino en su composición, sus prácticas sus procesos y sus decisiones.

En el caso de las chacareras en Argentina es más que evidente esta situación, puesto que el movimiento está compuesto íntegramente por mujeres, no obstante, en el caso de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y en el caso de la PAH y las asambleas de vivienda en España, es necesario indagar algo más para poder justificar esta afirmación.

La valentía de Rosa Parks en ese acto simbólico de desobediencia y la lucha previa y posterior que mantiene a brazo partido con muchas compañeras, hacen de ella un personaje conocido, pero si buscamos referentes en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, la figura de Rosa Park queda relegada al mero acto simbólico de desobediencia y sin embargo no se habla de toda su lucha posterior. No obstante, sí se encuentran multitud de referentes en los textos históricos y en los medios de comunicación sobre sus congéneres masculinos, más acostumbrados a ponerse frente a un micro y dar discursos.

En el caso de la lucha por la vivienda en España, las que compartimos activismo, hemos sido conscientes de cómo el problema de la vivienda esta afectando a todas las familias, pero son las mujeres las que están liderando la lucha, muchas veces porque se han visto solas para enfrentarse a esta situación y otras veces porque los hombres, cargados de vergüenza y culpa, se han visto incapaces de luchar por sus casas.

No obstante, al igual que le pasaba a Rosa Parks y sus compañeras, en los movimientos por la vivienda en España, el protagonismo de las mujeres en el espacio del debate y en la toma de decisiones estratégicas pocas veces se visibiliza, y es que aún nos queda un largo camino por recorrer para despojarnos (incluso dentro de los movimientos sociales), de las estructuras patriarcales que sustentan el sistema y que hacen, que la voz de las mujeres muchas veces sea silenciada, que no silenciosa.

Así pues ambos movimientos, al igual que el de las chacareras, son por tanto femeninos en su composición, y tenemos la obligación de visibilizarlo.

Veamos ahora por qué se da este fenómeno en estas luchas, y para ello, me voy a centrar en los últimos dos movimientos: la lucha por la vivienda en España y la lucha por las tierras de las mujeres argentinas.

En el caso de España, hay dos hechos que pueden explicar la feminización del movimiento. Por un lado, una razón bastante obvia y objetiva: la feminización de la pobreza. No hace falta bucear mucho en los datos para darnos cuenta de que el impacto de la crisis ha sido, y es siempre, mucho mayor en mujeres y principalmente en las familias monomarentales.

No obstante, este hecho por si sólo no explica el por qué son las mujeres las que están liderando el movimiento. Para entender esto, quizás deberíamos profundizar en las identidades subjetivas y en la construcción del género.

Al igual que pasaba en el caso de las chacareras en Argentina, son, en muchos casos, las masculinidades las que se ven “desahuciadas” y las feminidades “ahucidas”. Así lo menciona Lucy de Cornelis en el llamamiento que hace a las chacareras en la radio:

…. “porque sus maridos estaban caídos”. “Se han dado muchos casos de adicción al alcohol y suicidios”. Además “el hombre es más orgulloso, no reconoce las deudas. A mí no me da vergüenza hablar de plata, porque yo no la malgasté”. [3]

Y así lo cuenta una mujer afectada y activista de la PAH en Madrid en verano de 2013.

“Desde que comenzamos con el problema de la hipoteca y empezaron a reclamarnos la deuda mi marido es un mueble más de la casa”. “Ha caído en una depresión profunda y a duras penas consigo que coma. Pero yo no podía quedarme así, tengo una hija de 8 años y tenía que salir adelante, así que vine a la plataforma para pedir ayuda y juntarme con las demás y luchar”.

Son las mujeres las que sacan a la escena pública un problema que se creía privado: el endeudamiento de las familias, mostrando una vez más que, tal y como reza la frase de Kate Miller y que se convierte en bandera del feminismo: “Lo personal es político”.

Las mujeres sostienen una lucha de resistencia para no ser despojadas de la tierra, en el caso de las chacareras y de su hogar en el caso de las mujeres en España. En ambos casos las mujeres luchan por la defensa del espacio de reproducción material y simbólica de la vida.

“Lucy de Cornelis ante la amenaza del remate y desesperada dejó todo lo que estaba haciendo, ‘tiró el delantal’ y se fue a la radio...”. [4]

A pesar que los intereses y objetivos que movilizan a las mujeres en ambas luchas, son los mismos que los de los varones, ellas adoptan una organización autónoma a la que imprimen una nominación de género, diferenciándose de aquellos por la decisión de llevar al espacio público un problema privado, de convertirlo en parte de la realidad social y colectivizarlo.

La imposibilidad de pagar los créditos que terminan en ejecuciones hipotecarias es la cuestión que los varones mantienen en privado, que consideran inapropiado para ser visto y oído por otros. Mientras que muchas mujeres salen del ámbito doméstico y hacen su incursión en el espacio público.

Además, la participación en las acciones, en el debate y en la lucha, hace que surja una nueva conciencia política. Las vidas de las mujeres ya no son las mismas. Las acciones de protesta, las formas de participación, los debates, las gestiones institucionales, entre otras acciones, constituyen una fuente de politización creciente en sus vidas.

Para los algunos hombres, el hecho de no poder hacer frente al poderoso mandato de género que les presiona para ser el sostenedor de la economía familiar, les paraliza. Algunos se van, sobre todo en el caso de las personas migrantes, otros simplemente bajan la cabeza y se mantienen al margen de la lucha, otros no aguantan la presión y acaban con su vida, y otros, que no pocos, hacen frente al mandato y al problema y mantienen una lucha igual de activa que las mujeres.

Por un lado esto explica en parte la composición mayoritariamente femenina del movimiento, veamos ahora, por qué imprime una marca diferencial en estas luchas.

Como mencionaba algo más arriba, surge un nuevo sujeto político y con ello, nuevas formas de hacer política. La solidaridad compartida, el empoderamiento, el aprendizaje colectivo y los cuidados van a ser las claves centrales de todo el proceso de lucha por la recuperación de los derechos fundamentales que han sido secuestrados con la excusa de la crisis.

Lo que estos movimientos logran poner en marcha tenía que ver con el contexto socioeconómico que era común a toda la sociedad, pero lo que marca el hecho diferencial del movimiento, tiene que ver con la posibilidad de innovar, y de generar identidades colectivas y tiene que ver con la feminidad.

El hecho de conectar la cotidianidad, lo personal, con lo colectivo, además de estar no sólo luchando en el ámbito jurídico o institucional, sino acompañando a las familias en el momento del desahucio para con sus cuerpos resistir los desahucios y a la vez, dar solución a la emergencia habitacional, marca ese diferencial con respecto a otras luchas. Es decir, conectar la lucha en la esfera pública, con los cuidados. El acompañamiento en todo el proceso de ejecución hipotecaria, en la negociación con el banco, en las acciones en los juzgados y en la calle, el apoyo psicológico y social que se hace desde las diferentes asambleas y plataformas, junto con la resistencia en las casas el día del desahucio.

Cuando el sistema pretende expulsar a las personas de sus hogares, las mujeres se erigen en defensa de este espacio, y para ello buscan apoyo en sus iguales y establecen lazos de solidaridad basados en lo común y en los cuidados. Son varios los ejemplos que dan muestra de la sororidad que se da entre las mujeres que están luchando por la vivienda. Mujeres y familias, que están compartiendo espacios y fundando nuevos hogares y socializando los cuidados para poder seguir en la lucha. Casos como el Bloc de Salt, donde la mayoría de las familias eran mujeres con hijos e hijas que no sólo se apropiaron de un espacio común donde seguir reproduciendo la vida, sino que compartieron todo un proyecto de vida. Espacios donde la igualdad es la base, espacios donde las decisiones se toman de forma asamblearia y horizontal.

Esto, es hacer revolución. Se plantan, no frente a los bancos, sino frente a un sistema neoliberal que las presiona a un salto al vacío, que pretende controlar no sólo sus espacios, sino también sus cuerpos. Y ejercen esta resistencia activa utilizando sus propios cuerpos, y ofreciendo una alternativa al sistema que es la única revolución posible: la solidaridad compartida, la sororidad, la reciprocidad, la sostenibilidad, etc.

Estos son los movimientos que están haciendo realmente tambalearse el sistema. Detrás de esta lucha está el surgimiento de una nueva forma de hacer política, la ruptura desde abajo del sistema, el cuestionamiento de los modelos establecidos y lo que es mejor: la alternativa. Una alternativa que tiene como base la filosofía del buen vivir, con mirada femenina y feminista.

Y, ¿no será quizás esta la razón por la que hay tanto interés en controlar el cuerpo de las mujeres a través de leyes como la del aborto, entre otras?, ¿no es acaso otra forma de represión el pretender castigar el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos? La represión no es más que una muestra del miedo a la pérdida del control por parte del estado o de quién cree detentar el poder en ese momento. El enemigo sabe que sólo controlando el cuerpo de las mujeres podrá conseguir una ventaja en la lucha, lo que no saben, es que las mujeres ya han “tirado el delantal” y están en la calle haciendo REVOLUCIÓN.

Esta y sólo esta es la verdadera revolución, las mujeres en lucha ya la están haciendo, ¿nos sumamos?

Y como dijo una militante del MML, que bien podría ser de una activista de la PAH, o de una defensora de los derechos civiles en cualquier parte de Ámerica…:

"Vivís indignada, por todas las injusticias que hay, porque si bien a mí me pararon un remate, yo estoy tratando de solucionar eso, no soy la única, no somos los únicos. La cantidad de pequeños y medianos productores que se van a quedar sin sus tierras. Yo lo que le decía a Andrea: bueno mirá a mi me rematan una chacra y bueno, no la podemos parar, bueno, mala suerte; pero yo voy a seguir, voy a seguir luchando por todos, yo pienso que si estuviésemos todos unidos no pasarían esas cosas. Porque tendríamos fuerza". [5]

 [6] Subasta pública de bienes  [7] Dueña de una chacra o granja  [8] Lucy de Corrnelis. Presidenta del Movimiento de Mujeres en Lucha.  [9] Giarracca, Norma. El Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha: protesta agraria y género durante el último lustro en Argentina. 2001  [10] Giarracca, Norma. El Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha: protesta agraria y género durante el último lustro en Argentina. 2001

Carolina Pulido Castro. Activista PAH Madrid

Colaborador
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