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Cuba: El país más seguro del mundo

Artículos de Opinión | Marcelo Colussi | 26-09-2010 | facebook yahoo twitter Versión para imprimir de este documento

A modo de introducción

Comencemos por decir que “el único paraíso… es el paraíso perdido”. O sea: la vida de los seres humanos, por lo menos hasta ahora en estos dos millones y medio de años que llevamos como especie desde que nuestros ancestros descendieron de los árboles, no ha sido precisamente un paraíso. Como van las cosas, nada autoriza a pensar que el paraíso está a la vuelta de la esquina.

Pero sin proponernos algo tan inalcanzable como “paraísos”, por el contrario buena parte de la población mundial -de la actualmente viva y de la que ya no está- tiene una experiencia más cercana a lo que podríamos decir “infierno”: la pobreza y la violencia, la pura sobrevivencia a los golpes con todo el rigor que ello implica, la guerra y los efectos de sociedades estructuradas en torno a la detentación del poder como eje fundamental -con todos los desastres que ello trae aparejado- son el pan nuestro de cada día de la mayor parte de la humanidad. Entre paraíso e infierno, la gran mayoría está por lejos más cerca del segundo.

Amén de la pobreza crónica con que muy buena parte de los humanos vive, la violencia en sus distintas formas es otra de las lacras que marcan nuestras vidas. Violencia, por cierto, que asume una muy amplia variedad de expresiones: pero las diferencias socioeconómicas irritantes -el 20% más rico del mundo dispone de 80 veces más recursos que el 20% más pobre, por ejemplo- ¿no son acaso una forma de violencia? En general, según los (discutibles) criterios dominantes, la violencia implica la agresión directa contra el otro, el ataque físico, el paso a la acción concreta. En ese sentido, la guerra por un lado, o la criminalidad, son sus modelos por excelencia.

Entran en esta última una serie amplia de elementos: el homicidio, el robo, el asalto, cualquier daño a la propiedad ajena, la violación sexual, el secuestro de personas, el tráfico de sustancias prohibidas. Existe cierta tendencia a identificar “violencia” con “criminalidad”, con lo que se invisibilizan/naturalizan otras formas de violencia: el autoritarismo, el machismo, el racismo, por ejemplo. Se mide así con sofisticadas tasas la criminalidad, pero no el racismo o la vanidad. ¿Se imaginan un “índice de vanidad”?, ¿y uno para medir la “soberbia”? ¿Y por qué no un “índice de irresponsabilidad medioambiental?” ¿Cuándo Naciones Unidas se va a atrever a medir la injusticia llamándola por su nombre y no con subterfugios tecnicistas?

Lo cierto es que la criminalidad -entendida como cualquier delito que contraviene la normal convivencia social- es algo instalado en la dinámica humana y que se liga, confundiéndose, con la inseguridad ciudadana. Ha existido desde siempre, en toda sociedad conocida, pero algo sucede en nuestra historia que en estos últimos años tiende a crecer.

En las últimas décadas la criminalidad ha sido un fenómeno en alza en prácticamente todas las regiones del planeta. De 1980 a 1997 las denuncias de actos criminales aumentaron en un 131% en el ámbito global, lo que equivale a una tasa promedio de crecimiento anual de casi el 8 por ciento. En vez de crecer la felicidad global, crece el crimen. ¿Qué está pasando?

En Latinoamérica (la segunda tasa mayor de homicidios anuales del mundo duplicando la que tenía en 1980) y en los llamados países en transición -es decir: eufemismo para mencionar aquellos que salieron del socialismo soviético de Europa- ese aumento coincide con la llamada “década perdida” por la falta de crecimiento económico para la primera, y con la transformación de una economía planificada a una de mercado en la segunda, lo que revela que el aumento de la criminalidad tiene entre sus causas el deterioro económico que se resintió por aquellos años en dichas regiones.

De la lucha de clases a la criminalidad desatada

Así entendida, la criminalidad constituye un problema político-cultural con infinidad de aristas. Es, entre otros, un problema de salud pública, y como tal, la epidemiología la estudia con preocupación. Para la Organización Mundial de la Salud un índice normal de criminalidad medida por muertes violentas intencionales se encuentra entre 0 y 5 homicidios por 100.000 habitantes en el período de un año. Cuando ese índice de homicidios se ubica entre 5 y 8 la situación se considera delicada, pero cuando excede de 8 nos hallamos frente a un cuadro de criminalidad “epidémica”.

En muy buena medida, lo que cuenta en estos fenómenos es la percepción que tienen las poblaciones al respecto. ¿Dónde se vive mejor: en Pekín (China) o en Zurich (Suiza), en Estocolmo (Suecia) o en una aldea del departamento de Totonicapán (Guatemala), en un monasterio budista del Tíbet (Nepal) o en ciudad de México, la ciudad más poblada y contaminada del mundo?

La respuesta a estas preguntas está más allá de los índices concretos, de los fríos números a que una ciencia social aséptica nos tiene acostumbrados. La calidad de vida de una población implica supuestos culturales, si se quiere: filosóficos. De eso se trata en definitiva: del proyecto en juego. Aunque el DF sea un infierno urbano, quizá para un poblador de una aldea rural pueda ser un sueño por todas las bondades que le ofrece en términos materiales, pero no para un habitante de Zurich acostumbrado a la calma y al orden. Sin dudas, la valoración de la calidad de vida es siempre relativa. En Estocolmo (Suecia), los índices de inseguridad ciudadana son bajos, de los más bajos del mundo, su “calidad de vida” está entre las más altas… pero ese país -donde se otorgan los premios Nobel, incluido el de la Paz (Henry Kissinger por ejemplo, o Barak Obama ¿son imbéciles los suecos?), y donde su primer ministro Olof Palme fue asesinado en la calle, como puede pasar en una “peligrosa” ciudad del Tercer Mundo- es uno de los grandes productores de armas. Y suecos son algunos de los grandes bancos que constituyen el Fondo Monetario Internacional, causantes, por ejemplo, del colapso financiero que vivieron años atrás países ex socialistas -“en transición”, para usar el vocabulario de moda- como Ucrania, Hungría y Letonia. Pero ningún sueco se percibe como violento. Por el contrario, esa población se siente primera defensora de la paz mundial. En un sentido lo es, sin dudas, y el ciudadano sueco común así lo percibe, pero la violencia está más allá de la pulcritud de sus calles y de la desaprobación del trabajo infantil que pueda tener en su constitución. (En Centroamérica, por cierto, alrededor del 2% del producto bruto de la región lo producen menores, es decir: el 25% del ingreso familiar urbano. ¿Quién tiene la “culpa”?)

En algunas comunidades mayas-quiché del departamento de Totonicapán -donde se encuentra la segunda reserva de pinabetes más grande del mundo- en la golpeada nación centroamericana de Guatemala (con 245.000 muertos en su reciente guerra interna), los actuales índices de criminalidad son tan bajos como los del mencionado país escandinavo, siendo que a nivel nacional toda Guatemala exhibe una tasa de homicidios de 45 por 100.000, una de las más altas de América Latina. ¿Dónde se vive mejor? ¿Será más feliz un totonicapaneco o un sueco?

Si en Argentina la ciudad de Santa María de los Buenos Aires -que de “buenos” parece no tienen mucho sus polucionados aires, una de las capitales más contaminadas del mundo- es, según una reciente medición, la ciudad latinoamericana con mejor calidad de vida, habrá que ver si los habitantes de las siempre crecientes villas miseria (las favelas, los precarios barrios urbano-marginales que ya se cuentan por millones) entraron también en la encuesta. En Buenos Aires, tan culta como París o tan bella como Roma (¿?), ¿se vive mejor que en esas aldeas de Totonicapán? Habrá que ver a quién se le pregunta, claro…

Por supuesto que hoy, en un mundo absolutamente globalizado desde los patrones eurocéntricos dominantes, los criterios para juzgar la realidad están ya establecidos: todo el planeta “entiende” las cosas con la lógica triunfante, la de la sociedad establecida desde el libre mercado que fija el Norte próspero. La paz y el respeto con el medio ambiente de un campesino de Totonicapán por supuesto no cuentan; la “calidad” de la vida está más cerca del número de vehículos de que se tiene que de la cantidad de árboles por ser humano con que se cuenta. ¿Se vive mejor en Zurich que en un monasterio tibetano? Difícil decirlo, sin dudas. Según el patrón dominante, sin dudas la ciudad suiza tiene la más alta calidad de vida del planeta. ¿Se necesita ser el banco del orbe para ello? Bueno, siendo así… no parece muy sólida ni sustentable la idea de “alta calidad de vida”, porque no todos podemos ser el banco del mundo. ¿Cuántos países en el planeta pueden autoproclamarse neutros? Y hoy por hoy estamos convencidos que usar todos los aparatos que la tecnología del capitalismo dominante ha generado nos hace más felices. No hay dudas que en todo esto hay debates abiertos, que el discurso hegemónico puede y debe ser puesto en entredicho.

Lo cierto es que la criminalidad crece, eso es inobjetable. Crece en todo el planeta, pero como decíamos más arriba, las regiones más deprimidas económicamente son las que han mostrado los índices de crecimiento más fabulosos. ¡Y la criminalidad con pobreza es agobiante! Uno de cada cuatro jóvenes latinoamericanos está fuera del sistema educativo y del mercado de trabajo. De ahí, seguramente, es más fácil esperar problemas que soluciones. A propósito, señala una investigación de la Universidad Nacional de México sobre dicho país que “la base de apoyo social del narcotráfico comprende a más de 500.000 personas. Mientras no haya una política económica y social para reducir la pobreza ser difícil revertir la situación” [de la inseguridad].

En tal sentido, la ola de inseguridad ciudadana que se va expandiendo por todos lados, constituye una marca de nuestro tiempo, del fin del siglo XX e inicios del nuevo milenio. Pero la percepción que acompaña ese fenómeno es la que cuenta: el país europeo donde se denuncian más robos de automóviles, de bicicletas, de allanamientos a viviendas y de robos contra la propiedad personal en general, es Suiza, lo cual no significa que sea donde más delitos de este tipo se cometen sino: 1) donde más se confía en los cuerpos de seguridad para denunciar los ilícitos y en los correspondientes sistemas de justicia que se encargan de arreglarlos, o 2) donde la idea de propiedad privada ha calado más hondo (Suiza… el banco del mundo, no podía ser de otra manera. Dijo Bertolt Brecht al respecto: “es delito robar un banco, pero más delito aún es fundarlo”). Mientras que la capital mexicana es el centro urbano con más cámaras públicas de vigilancia policial en América Latina, con alrededor de 12.000, contando al mismo tiempo con 82.000 agentes de policía, para ser el mayor grupo policial entre las ciudades latinoamericanas, no por todo ello la percepción de la capital azteca es de seguridad precisamente (es la ciudad del mundo con mayor número de secuestros per capita). Pero si hablamos de calidad de vida, México es la ciudad con mayor número de librerías de Latinoamérica. Cómo entender/medir eso de “¿dónde se vive mejor?”

Es decir que la inseguridad, en muy buena medida, va asociada a cómo se la percibe, al imaginario colectivo que de ella existe. Lo cual, en nuestros días, y siempre en forma acrecentada significa: la inseguridad ciudadana depende de cómo la construyen las agencias mediáticas, imprescindibles poderes constructores de la “realidad social” de hoy.

¿Es el democráticamente electo presidente venezolano Hugo Chávez un dictador sanguinario? Los dictadores no ganan elecciones democráticas una tras otras, por supuesto, con un pueblo que los ama, los endiosa incluso. Ni los musulmanes son unos “fanáticos fundamentalistas sedientos de sangre” (casualmente tanto en Venezuela como en buena parte de Oriente Medio, musulmán por definición, están las reservas petroleras más grandes del mundo), ni el narcotráfico ni la violencia urbana son el principal verdadero problema en Latinoamérica. Pero eso es lo que dicen incansablemente los medios comerciales, día a día, minuto a minuto. “El narcotráfico y otras formas de asociación que generan violencia social les ofrece la coartada perfecta a los Estados Unidos para tener una presencia constante en la región, presencia que es cada vez más militar, a tono con las políticas represivas y de mano dura que prevalecen”, analizaba agudamente Rafael Cuevas.

Lo que menos necesitamos en los sufridos países de América Latina es “mano dura”; pero eso es lo que a menudo prevalece como política pública para “combatir” la criminalidad. Esa visión apunta a un tratamiento básicamente policial de todo el problema, enfatizado medidas como el dar más facultades a la policía o a los cuerpos de seguridad -y en algunos casos a las fuerzas armadas- para tareas de orden interno (el “gatillo fácil”), permitir el encarcelamiento aún por infracciones menores para dar ejemplo de dureza (la llamada tolerancia cero), considerar delito los signos de pertenencia a pandillas, bajar la edad de encarcelamiento, acelerar los juicios por este tipo de delitos -pero no para juzgar a un empresario evasor de impuestos o a un funcionario público corrupto-, implantar castigos más severos, pedido de pena de muerte, criminalizar a la “juventud pobre”, y por extensión, a todas las zonas urbanas pobres. Ahora bien: estudios serios sobre los países del istmo centroamericano que han venido aplicando mano dura en estos años demuestran que las cifras de inseguridad ascendieron, y el número de miembros de las “maras” aumentó. Similar a lo que sucedió en Colombia con el tristemente célebre Plan Colombia (luego Plan Patriota): con una militarización extrema del país, la producción y tráfico de coca no disminuyó sino que, por el contrario, aumentó, y la sociedad colombiana en su conjunto no se pacificó sino que continúa siendo de las más violentas del orbe.

Abordar estos complejos problemas sociales no es tarea fácil, sin dudas; pero la versión policíaco-militar no soluciona nada. Eso ya está largamente demostrado.

Esta desatada inseguridad ciudadana (en Latinoamérica en particular, con tasas de las más altas del planeta) tiene costos para el conjunto de la sociedad, en términos de los sistemas de salud, seguridad y justicia. Se estima que el 14% del producto bruto de la región latinoamericana se pierde por la violencia, casi tres veces más que en los países del Norte donde las pérdidas por tal motivo son menores al 5% de su producto. Esas pérdidas superan ampliamente en muchos países de la región al total de su inversión en las áreas sociales. Junto a ello se hallan muchos otros costos difíciles de medir, pero muy concretos: los costos intangibles, costos invisibles aunque de gran efecto como la sensación de inseguridad, el miedo, el terror y el deterioro de la calidad de la vida cotidiana. En definitiva, podría abrirse la pregunta si en toda esta epidemia de violencia que nos envuelve no hay proyecto político, no hay direccionalidad.

Para salir rápidamente al paso de la acusación de “teoría complotista” que se podría estar filtrando en esta afirmación, es importante no perder de vista, dos consideraciones:

1) Es difícil que haya un plan maquiavélicamente urdido que ponga en marcha cada “mara”, cada matanza de bandas rivales de narcotraficantes o cada teléfono celular robado que tiene lugar en cada esquina de estas castigadas sociedades. Pero hay un nivel en que se descubre una intencionalidad más macro tras todos estos fenómenos. Algo así como: “a río revuelto, ganancia de pescadores”. La ganancia, definitivamente, no es para las grandes masas populares. ¿Podemos creernos realmente que el problema de fondo de las empobrecidas sociedades de la región lo constituyen bandas de criminales, o ellas son sólo la punta visible de un iceberg infinitamente más grande? En todo caso, este auge de crimen tiene varios factores a la base: la pobreza y exclusión social como principal. Y políticamente, luego de las guerras sucias que se vivieron en la década de los 80 del pasado siglo y los planes neoliberales de achicamiento de los Estados nacionales, este clima de inseguridad perpetuo sirve a los poderes para seguir controlando a las grandes masas. A ello contribuye de manera armónica el llamativo auge también descontrolado de las nuevas iglesias evangélicas que saturan la región. Dicho en otros términos -y aunque esto lo quieran presentar como “pasado de moda” en el ámbito de las ciencias sociales-: para entender esta explosión de criminalidad y violencia hay que apelar al concepto de lucha de clases. Eso no ha desaparecido, aunque su formulación teórica está hoy invisibilizada. ¿Cómo entender estos complejos fenómenos político-sociales si no es a la luz de estas luchas a muerte en torno al poder? ¿O vamos a pensar que hay cada vez más “gente de mal corazón” que, por deporte, se dedica al hampa?

2) Una sociedad tan latinoamericana como todas las de la región (tomando ron y bailando música caribe “sabrosona”, lejos de la fisonomía de un país nórdico, que es lo que tenemos como modelo casi obligado de “seguridad”) no presenta en absoluto estos índices de criminalidad: Cuba.

Cuba: ¿dictadura o paraíso?

Nadie dijo que en la isla no haya expresiones de violencia ciudadana, incluso habiendo aumentado en los últimos tiempos, tal como han llegado a reconocer medios oficiales. Aunque en la prensa que ataca sistemáticamente a la revolución nunca se habla de ello, es un hecho incontestable que el grado de criminalidad en Cuba es inferior incluso al de los países que consideramos más seguros en el planeta, es decir: los escandinavos.

Retomamos aquí lo dicho más arriba: la realidad político-cultural es, cada vez más, lo que construyen los medios masivos de comunicación. Cuba tiene una tasa de homicidios anuales inferior a 5 por 100.000 personas, pero la prensa comercial jamás lo dice.

En Cuba hay infinidad de problemas, a no dudarlo (como los hay en todas partes, por cierto). Una vez más, entonces, la pregunta: ¿dónde se vive mejor? Vale recordar que en el Norte próspero y desarrollado se habla de “calidad de vida”; en el Sur, pobre y oprimido, en todo caso se habla de su posibilidad. Cuba, con enormes problemas estructurales, bloqueada, agredida continuamente, tiene una cantidad de índices de calidad de vida similar a los países llamados desarrollados (esos que manejan los bancos del mundo, deciden las guerras e imponen las modas que estamos obligados a seguir). El de la seguridad ciudadana es uno de ellos.

Por supuesto que hay hechos violentos, jóvenes agresivos, actos delictivos. De hecho, medios oficiales reconocen que la crisis económica en que se hundió el país desde principios de los 90 del siglo XX con el “período especial” ante el colapso soviético y las medidas que se implementaron para salir de ese atolladero, abrieron paso a manifestaciones de “individualismo, egoísmo, incivilidad, marginalismo y violencia cotidiana”. Pero las tasas de seguridad ciudadana siguen siendo bajas, muy bajas. Cuba es un lugar seguro.

Es muy importante destacar esto, porque hoy por hoy, producto de la manipulación mediática de la que nadie puede escapar, la “realidad” dominante del mundo, y no digamos de Latinoamérica, es la violencia desatada, la criminalidad que pareciera no dar respiro, el crimen organizado que se presenta como más poderoso que los mismos Estados. Ante ello es imprescindible hacer ver que allí hay mucho de falacia, pues un país como Cuba, sin “tolerancia cero” ni “mano dura” contra el crimen, presenta un clima de seguridad del que está a años luz cualquier país vecino de la región (con índices de homicidios de 50 por 100.000 habitantes en más de un caso).

En la isla no hay evidencias de la existencia de pandillas juveniles, las temibles “maras” que llegan al colmo de paralizar todo un país, como recientemente ocurriera en Honduras, u obligaron a militarizar las favelas de Río de Janeiro en el 2007, paralizando prácticamente toda la ciudad, ni hay una “crónica roja” que hace festín -y buen negocio- con el sensacionalismo de la nota sangrienta, amarillista, pues si un delito toma estado público y llega a los diarios, la nota se redacta con una prosa didáctica como parte de una política preventiva. El consumo de drogas prohibidas es sumamente bajo (ése es un verdadero problema de salud pública, por tanto político nacional, que hay que atacar con inteligencia, y no cayendo sobre el campesino de los países productores al que se le queman sembradíos). Si se quiere atacar realmente la cadena de distribución y el tráfico de las sustancias prohibidas, toda la parafernalia militarista con que los poderes “persiguen” mafiosos en los países de la región no parece estar dando resultado (¿curiosamente?). Al menos, no termina con el negocio… a no ser que el resultado buscado no sea ese precisamente, sino controlar sociedades.

Cuba, hay que decirlo, no está “en manos del narcotráfico”, como sucede en tantos Estados “descertificados” por la Casa Blanca (¿cuándo la Organización Mundial de la Salud “descertificó” de la lista de “países saludables” a Estados Unidos por principal nación del mundo en presencia de tóxico-dependientes?) Ante un caso sonado de narcotráfico La Habana efectivamente sí actuó y se detuvo el delito, fusilando al principal responsable, el general Arnaldo Ochoa en 1989. De hecho no hay tráfico de drogas ilegales en la isla, por tanto bandas que se ocupen del negocio. Ni por tanto -¿será lo que se espera finalmente?- planes militares tipo Colombia ni Mérida para enfrentar ese “apocalipsis”.

Cuba está llena de problemas, de contradicciones; si queremos ser más duros incluso: de mezquindades y flaquezas. Pero si la imposibilidad de caminar tranquilas (sin violación sexual a la vista) y tranquilos por la calle es el gran déficit de las sociedades actuales -de las de América Latina en especial, pero no sólo, pues el fenómeno va expandiéndose en forma global-, si andar de noche pasó a ser un drama de proporciones gigantescas dada la inseguridad reinante, si en cualquier esquina nos pueden asaltar o sabemos que no tenemos que entrar en “zonas rojas” (rojas, no por socialistas…, valga la aclaración) porque una mara ya no nos dejará salir en paz, si gastamos tantos recursos en seguridad (alambradas, policías privadas, sistemas de alarma, cárceles de máxima seguridad, vehículos blindados, guardaespaldas, telecámaras y perros guardianes, etc., etc., etc.), si todo eso es el principal problema de nuestros días, la “dictadura” cubana no lo presenta. Una dictadura que cuida a su gente… ¡Vaya dictadura!, ¿no?

Y decir que la gente quiere huir de la dictadura no es buen argumento, porque de todos los países latinoamericanos su empobrecida población sigue huyendo a diario hacia el ¿paraíso? del norte, pese a que en el camino se encuentre con una matanza como la reciente de Tamaulipas, en el límite de México con el american dream.

Cuba no será un paraíso seguramente, pero al menos está más lejos del infierno que todos los otros países hermanos de la región. Sus índices de criminalidad lo dicen.

http://www.argenpress.info/2010/09/...

26 de septiembre de 2010 15:03, Ricardo
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Pues...Mudate pa allá, y deja a Venezuela en Paz.

  • 27 de septiembre de 2010 16:40, Ramon
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    Otro tipo de violencia que Vd olvida mencionar es la mentira, tampoco mesurable como la avaricia la soberbia o el orgullo.

    Y parece que vd es un maestro de ello, cuando fomenta el odio contra ciertos grupos, incluyendolos como parte del origen del problema.

    He aqui un ejemplo escrito por Vd: "A ello contribuye de manera armónica el llamativo auge también descontrolado de las nuevas iglesias evangélicas que saturan la región."

    Nos podria explicar que tienen que ver las iglesias que denuncian lo mismo que Vd denuncia, pero tendria que decirnos que su marcada tendencia comunista atea le hace ver a esas iglesias como la competencia que desarrollan una buena labor.
    Vd las descalifica sin explicar los motivos, de forma mentirosa, incluyendolos en los origenes de los problemas, e incitando al odio que puede derivar en violencia contra ellos.

    Deje de decir mentiras, Cuba es tan violento como los demas paises, y por cierto tambien tiene iglesias evangelicas.

    O olvida VD que Stalin mato a mas personas que Hitler.
    Y era tan "Santo" como Fidel que manta detiene y tortura a los que no piensan como Vd de su "paraiso cubano".

    Eso señor mio tambien es violencia que no entra en las estadisticas, al igual que su mentira.

  • 4 de octubre de 2011 18:19, Cristiana
    2 votes

    Esa es la mentira mas grande que he escuchado, Cuba no es violenta como los demàs pàise latinoamericanos, yo fui de paseo y me di cuenta de la tranquilidad conque se vive en ella, lastima por usted, que se quiere engañar, referente a las iglesias evangelicas, le dirè que soy Cristiana pero la verdad que las iglesias estan comercializando con el evangelio, parece que les va muy bien en el negocio ¿verdad? primero la iglesia despues abren una escuela, luego un colegio, etc. claro que esta bueno el negocio, por eso es que le tienen panico al socialismo, permitanme tirarme una sonora carcajada JAJAJA.

  • 13 de junio de 2012 00:10, Un cubano que sabe donde vive
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    Hay muchas maneras de medir el estado material de una nación y una de ellas es listando lo que la gente roba. Y en Cuba existe el robo de lo impensable, de lo que a nadie se le ocurriría en ninguna parte del mundo. Por eso para analizar la seguridad social, hay que hacer un punto y aparte a la hora de hablar de Cuba, pues no tiene comparación ni puede ser puesta en un paralelismo con lo que ocurre en otros países donde la delincuencia es más peligrosa, pero menos generalizada.

    A principios de los años noventa había que custodiar los bombillos de los pasillos de los edificios y de los portales de las casas como si fueran lingotes de oro que pendían del techo. Actualmente se roban los contenedores de basura que hay en las esquinas pese al mal olor que tienen. Se ha reportado que hasta 50 de ellos han desaparecido en una noche. Las ruedas de estos contenedores de desechos públicos van a parar a las carretillas con la que se carga el agua por la mala distribución que afecta a la ciudad. Las estructuras de plástico son derretidas para hacer pinzas para tender la ropa, embudos para trasvasar combustible robado o en exprimidores de naranjas. Ante la ausencia de un mercado mayorista cualquier objeto de la vía pública puede terminar transmutado en un producto para ser vendido.

    Incluso hace unos años se supo del sacrificio de animales del zoológico de La Habana para comérselos o de los railes de una línea férrea para apuntalar casas a punto del derrumbe u otros empleos en la construcción.

    Entonces, si un bombillo, un animal del zoológico, un contenedor de basura pública o un rail de línea férrea están en peligro de ser robados y desaparecer, no creo que podamos elogiar de alguna manera la seguridad pública o nacional.

    Lo que realmente sucede con la delincuencia en Cuba es que pudiera ser considerada de poca monta y por eso es menos aparatosa y publicitaria que el robo de bancos o el tráfico de drogas con ganancias millonarias que ocurre en otras partes del mundo. Pero en Cuba está muy generalizada la corrupción y la delincuencia, de forma tal que es parte de la supervivencia diaria de un ciudadano que ha sido desmoralizado para mantener a la dictadura en el poder. En otras palabras, que este tipo de robo menor, de raterismo de subsistencia, ha servido sociológicamente hablando para mantener al sistema político y no es finalmente algo tan contrarrevolucionario como algunos pudieran pensar, pues si el robo, la corrupción y la delincuencia pudieran poner fin al gobierno castrista, eso hubiera pasado ya hace muchísimos años.

    No hay nada como desmoralizar al oponente o a la población que gobiernas de forma arbitraria y dictatorial para mantenerte en el poder. ¿Acaso ha hecho otra cosa diferente el castrismo en su historia? Hasta el héroe nacional Arnaldo Ochoa tuvo que desprestigiarse para salvar la gloria de la revolución y del incorruptible Comandante. Todo en esta ingeniería social tiene sus beneficios, todo está calculado o listo para sacarle algún provecho. Estar obligado a cometer fechorías menores tienen un fin desmoralizador y utilitario para los ladrones mayores, porque en un país de rateros se espera que no existan oponentes con ideales políticos.

  • 13 de junio de 2012 00:14, Un cubano realista
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    La instauración de la pena de muerte por parte del gobierno castrista a principio del triunfo revolucionario, en 1959 ( no he visto a nadie recordar en este foro que la pena de muerte había sido abolida antes en la Consttitución del 40 ) ayudó a crear un terror en la ciudadanía que serviría para mantener en vilo a cualquier tipo de comportamiento considerado antisocial. Pero realmente no se ha construido una sociedad mejor, sino un sistema represivo más eficiente o una forma de robar más denigrante o miserable, pues no puede existir otro tipo de robo en una sociedad tan empobrecida.

    No pudieron construir un hombre nuevo y ni siquiera un hombre honrado, pues han obligado a vivir en el raterismo a todo un pueblo.

    En Cuba al robo no solo le llaman "resolver" sino que ahora lo llaman "justa compensación." Piensen un poco para que lleguen a imaginar por qué le llaman así. Tal vez sea porque muchos creen que cuando le roban al gobierno se convierten en una especie de Robin Hood justiciero.

  • 13 de junio de 2012 00:17, Armando
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    Cuando Fidel Castro dijo que las prostitutas cubanas tenían un título universitario, estaba diciendo muchas cosas a la vez. Estaba reconociendo entre otras cosas que la educación en Cuba no había sido un factor fundamental en la disminución de las actividades delictivas. De ahí podemos concluir que si en Cuba existen bajos índices delictivos no se debe tampoco a la labor educacional, sino que se debe a que los gastos en la vigilancia tienen un presupuesto superior a lo que realmente pudiera pagar ese país.

    Posiblemente Hugo Chávez esté pagando parte de esa seguridad cubana que no existe en Venezuela, que es la nación más insegura y con el mayor número de crímenes del hemisferio.

    Al igual que antes sucedía con el deporte, el gobierno cubano siempre le ha dedicado muchos recursos a la vigilancia, pues de otra forma no mantendrían el poder. Con esas prioridades dirigidas a lo policial, Cuba debería ganarle en unas Olimpiadas Anti-delictivas a países tan respetables como Suecia, Noruega o Finlandia, donde los jefes de estado caminan sin escolta por las calles y sin haber tenido que quitarle los derechos a sus ciudadanos.

    Para terminar, quisiera agregar otras "virtudes" del sistema cubano que respaldan lo dicho anteriormente.

    1) En 50 años no ha habido una huelga.

    2) Los obreros cubanos han sido los únicos en el mundo que nunca han pedido un aumento de salario a través de su sindicato, pese a que sus salarios son los peores del Continente.

    3) No ha habido una manifestación ( exceptuando la de la disidencia ) del pueblo reclamando soluciones en el transporte, en el suministro de alimentos o de agua, en los fallos de la electricidad, en la negativa a entrar a un hotel o a comprar un celular o a poder salir del país sin un permiso. El orden ha prevalecido por encima de todas las incompetencias gubernamentales.

    4) Pese a los grandes problemas económicos, los líderes cubanos han sido reelegidos con votaciones superiores al 95%, las más altas del hemisferio y del mundo desde el derrumbe del Campo Socialista, países con los cuales Cuba tenía muchas similitudes entrampadas.

    5) En el Poder Popular las votaciones son unánimes, jamás se ha visto una discrepancia fundamental entre los parlamentarios pese a todas las adversidades y a que el 20% de la población ha emigrado sin haber tenido nunca una representación en esa asamblea popular.

  • 13 de junio de 2012 00:21, Ivan
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    En este post sobre la seguridad cubana has pasado por alto los actos de repudio que son manifestaciones de violencia y de agresión organizadas por el gobierno. Los ataques que le ocasionaban a los que pretendían emigrar durante el éxodo del Mariel en las calles, se han vuelto a repetir en manifestaciones agresivas en contra de las Damas de Blanco y de otros opositores del gobierno. Las leyes de peligrosidad aplicadas a personas sin haber cometido delito alguno, es otra agravante de esa seguridad de la que aquí estamos hablando, todas ellas cometidas por el gobierno y que son incuestionables.

    Sin duda alguna, el lenguaje empleado hoy por jóvenes y adultos, el maltrato en cafeterías, restaurantes, empresas de servicio, etc., es cada día más lamentable. Todo esto da un marco de generalidad hacia distintas manifestaciones de la violencia que no pueden ser pasadas por alto en lo que constituye un análisis general de la seguridad en el país, como es el respeto a la hora de tomar un ómnibus o las trifulcas producidas por la venta de bebidas alchólicas en los carnavales, las cuales se producen con reiterada frecuencia y donde una parte de la población no se atreve a participar por el comportamiento de ciertos elementos sociales. Hasta la música empleada en tales celebraciones son del gusto de una calaña que dista mucho de acercarse a una compostura cívica y educada.

    Parte de la seguridad social en Cuba debe ser el respeto por las opiniones diferentes, el derecho a reclamaciones o a tener un abogado que te pueda defender en un tribunal con entera libertad. Nada de eso existe en Cuba, donde se aprecia que la arbitrariedad reina por doquier y donde el gobierno siempre tiene la razón. El amiguismo y la compra de influencia en una cola predomina ante el derecho de los turnos. Y todo esto forma parte de esa seguridad y de esa integridad que se pisotea en todo momento.

    La seguridad social en Cuba no solo debe ser vista por el control policial que existe en el país con respecto a la delincuencia, sino también bajo los abusos que el ciudadano común sufre a falta de derechos ciudadanos y de las violaciones de la misma constitución. Todo esto compete también al marco legal y a la convivencia de los ciudadanos. El soborno a la policía se hace cada día más frecuente y esto forma parte del delito de las mismas autoridades.

    En un país donde los abogados defensores se limitan a pedir clemencia a los tribunales y donde dicen averguenzarse por defender a sus defendidos, no sé como puede hablarse de seguridad social en el sentido más amplio y general del término.

  • 13 de junio de 2012 00:27, Ramon, el hijo del tabaquero.
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    En todas las dictaduras la criminalidad es baja. Eso lo vimos en España, con Franco, y en Chile, con Pinochet.

  • 13 de junio de 2012 00:43, Humberto
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    Es cierto que de muchos paises de latinoamerica hay emigraciónm pero a diferencia de Cuba, no emigran los profesionales. Jamás he visto a un médico mexicano pasando el Río Bravo, pero de Cuba se van en una balsa lo mismo un ministro que cualquier artista o profesional. Y eso marca una diferencia.

    La emigración latinoamericana es de los desposeidos, de gente no calificaga y sin empleo, pero la cubana es general ( artistas, deportistas, profesionales, ministros, etc. ) ¿Por qué Ud. cree que la emigración cubana en los EEUU ha sido tan exitosa sino a que la emigración ja sido diferente, es decir, más generalizadda que la que emigra de otros países.

    Cuando un pueblo emigra, su gobierno está de más. Hoy a nadie le cabe dudas de que Cuba es un país sin derechos ciudadanos y donde impera un partido único y dictatorial.

  • 13 de junio de 2012 00:53, Rigo
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    Debería Ud. recordar que en la Constitución cubana de 1940 se abolió la pena de muerte y que el gobierno castrista la instauró como medio de terror al mes de haber llegado al poder ( febrero de 1959 )

    La Contitución cubana de 1940 estaba más adelantada que la de muchos paíse europeos en aquellos momentos e incluso a la de los EEUU referente a la pena de muerte.

    La delincuencia altamente criminal ( no el raterismo de supervivencia ) ha bajado en Cuba porque hay curas que son peores que la enfermedad. ¿A quien se le puede robar en Cuba sino es al gobierno que es el dueño de todo?

    Es evidente que en un estado de sitio no se cometen crimenes, a no ser el de las autoridades.

    ¿Por que no nos habla Ud. un poco de la violencia en los actos de repudio en contra de los opositores?

    ¿Por qu’e en Cuba no existe una prensa que informe sobre los crimenes que se cometem?

    ¿De donde Ud. puede obtener las cifras de la criminalidad en Cuba si no es un alto funcionario del gobierno? Y si lo es ¿que otra cosa va a poder decir?

  • 12 de octubre de 2012 18:47, ALEXANDRO DEL VALLE
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    He visitado cuba y con todas sus limitaciones se respira un aire de tranquilidad y seguridad que no existe en mexico y en EUA.en mexico la inseguridad de caminar por las noches,la impunidad sobre los criminales , la corrupcion de todos los servidores publicos ,el cinismo de todos los politicos al robar descaradamente sinque nadie los toque.en estados unidos desde niño inmigramos al engaño americano ... delincuencia,drogadiccion ,asesinatos ,descriminacion todo eso no esta en las peliculas de holywood .En ambos paises que tenido malas experiencias con amigos y familiares asaltados,robos en sus casas,secuestrados y asesinados ... en mi caso que he luchado por tener un nivel de vida alto ,me pregunto ¿vale la pena,si todos los dias tengo el temor de que delincuentes causen daño a mi familia por dinero? debido a esto estoy pensando en ir con mi familia a cuba o canada

  • 26 de octubre de 2012 16:52, gerano
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    Mussolini terminó con la Mafia y en al alemania Nazi casi no había delincuencia, en Cuba igual que la Alemania Nazi o la Italia facista no hay lugar para la delincuencia porque las fuerzas represivas actúan impunes , la PNR cubana mata a palos tanto a un disidente como a un delincuente y no hay ni oposición política ni prensa independiente que los pare , esa es la explicación del "paraíso" ...

  • 18 de noviembre de 2012 16:35, pepe
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    en la argentina en la ultima dictadura, habia muy poca delincuencia, eso si, nos dejo 30.000 desaparecidos

  • 31 de mayo de 2014 00:48, Luis Oseguera
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    Definitivamente en paises como Honduras tenemos mucho que envidiarle a Cuba,contrario a Cuba en Honduras vivimos presos en nuestras propias casas,aunque podemos ir a un centro comercial caro,no podemos ir a un parque o paseo publico porque lo mas seguro es que nos asaltan o nos matan.La seguridad esta reservada para Juan Orlando Hernandez y su gente,la policia lo cuida y ataca con crueldad a quien se le oponga,sino veamos lo que se hizo con los diputados de LIBRE en el Congreso.La violencia es un negocio para el gobierno,y como lo dijo Cristina,las iglesias son un aval de las farsas del poder,para ejemplo el Cardenal Oscar Andres Rodriguez avalo descaradamente el Golpe de Estado en 2009 a pesar que hubo muerte y todo tipo de vajamenes en contra del pueblo que no estaba de acuerdo con lo que paso.Y ¿que decir, del hambre del desempleo,de lo corrupto que es el gobierno...?seguramente no terminariamos de enumerar todos los fallos.Por eso seguro en Cuba se vive mejor que en un despojo de pais como Honduras y todo sin ser comunista ni nada parecido,solo es la realidad.

  • 5 de octubre de 2015 13:01, Un cubano más
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    Entre aciertos y desaciertos, solo tengo tiempo para responder a Armando.

    1-Si han habido huelgas.
    2-En los sindicatos si se han pedido aumentos de sueldo y se han logrado. Los médicos por ejemplo han conseguido un 100% aproximadamente de aumento en los últimos años. La educación también ha conseguido aumentos. (igual los salarios son un chiste)
    3-Manifestaciones...también.
    4-Tal cual.
    5-También...tal cual.
    (Armando: en los 90 dónde vivías?)
    Atentamente,
    Un cubano más.

  • 1ro de agosto 01:07, violeta
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    Cuba es una mierda en todos los sentidos de la palabra mierda corrupcion y hasta crimen organizado solo que alli los ministros y el presidente impuesto son los que encabezan el crimen politico ,no escriba mas estupideces que por algo el 98 porciento de los cubanos niños viejos y hasta los muertos quieren escapar de toda aquella porqureria sanguinaria comunista

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    Esa es la mentira mas grande que he escuchado, Cuba no es violenta como los demàs pàise latinoamericanos, yo fui de paseo y me di cuenta de la tranquilidad conque se vive en ella, lastima por usted, que se quiere engañar, referente a las iglesias evangelicas, le dirè que soy Cristiana pero la verdad que las iglesias estan comercializando con el evangelio, parece que les va muy bien en el negocio ¿verdad? primero la iglesia despues abren una escuela, luego un colegio, etc. claro que esta bueno el negocio, por eso es que le tienen panico al socialismo, permitanme tirarme una sonora carcajada JAJAJA.

    - -Cristiana -
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